Un Mal Sueño

Sin más dilación.

Mil ángeles batiendo sus alas a mí alrededor. Sus plumas no me dejan ver y cubren el infinito de mis pensamientos. Cuando por fin se despeja en sueño, no se atisban más que millones de pájaros muertos. Un mar de aves casi desplumadas y violadas por el frío de una noche eterna.

Surgen olas que cubren el horizonte. Navego en una barca hecha con mis propias entrañas. Mis ojos, colocados a proa, son salpicados y bañados con la sangre de los mares. Parece que hay tierra a lo lejos. El sol abrasa mis pulmones y no puedo respirar. Alcanzo la orilla y salgo corriendo. Huele a mar y muerte. Sigo corriendo mientras los árboles que pasan velozmente a mi lado se convierten en altos edificios de hormigón. El asfalto está caliente y me quema los pies. Las tiendas están desiertas y en los semáforos se empalan mis pensamientos.

Me siento en un incómodo sillón de calaveras y converso con el diablo, pero no me dice nada. Sus palabras son sordos murmullos que se quedan vacíos en el aire. Su aliento huele a azufre y vinagre. Sus ojos saben a hiel. Sus palabras, aun sin oírse, suenan a garras ponzoñosas que envenenan el corazón. Me hundo en el sillón y comienzo a ver la tele. No hay nada interesante así que me levanto y voy al baño. En el espejo aparezco sin rostro. Mis manos son alas. Echo a volar, me encuentro con mil seres idénticos a mi que giran en círculos concéntricos y muero.

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