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Cosas que no sabemos muy bien dónde encajar.

Cuento de las Perséidas.

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Ocurrió una noche cualquiera de un verano caluroso, al fin y al cabo como todos los veranos por aquellas fechas. Por caprichos del destino San Lorenzo quiso llorar mientras Perseo saltaba sobre él, derramado las muy aclamadas estrellas que llevaban su nombre “las perseidas” que, egocentrismo aparte, y si queréis una explicación más científica, dada por el mayor astrofísico del multiverso insular de la costa del cabo de mala esperanza, no era más que una lluvia de meteoros de actividad alta.

Nadie contemplaba la magia en todo aquello, nadie excepto él. Que habiendo dejado el coche aparcado en la iluminada playa, se adentró hasta los senderos más oscuros de la misma donde, pocos de los que allí estaban, buscaban ver las lágrimas de aquel santo y sí los ojos vueltos de sus respectivas conquistas, las cuales, parejas o ligues de una noche, así se lo concedían soltando algún gemido al aire entre manotazos y risas apagadas que no brillaban en la oscuridad. Todo esto aderezado con mucha tierra, había sonrojado tanto a la contaminación lumínica que se fue corriendo a iluminar otras partes de la costa que fueran más puritanas.

Él, puso su toalla en la fría tierra, ahora mojada tras una dura jornada dominguera. La playa estaba muy cansada a esas horas pero sabía que todos los años la noche de la lluvia de estrellas le tocaba guardia. Luego se tumbó y la perspectiva trastocó su mundo, pasando de esa verticalidad casi virginal a la sexual horizontalidad hasta donde le permitía alcanzar la vista. Fue inundado así por bocados de cielo. Mirara donde mirara el espacio se abría a su alrededor. Abajo era arriba y los pies flotaban escuchando de fondo la lejana melodía de las olas y el rumor de los amantes nocturnos.

Lo cierto es que todo estaba muy oscuro pero esta vez había venido preparado, no como otros años. Sonrió mientras sacaba sus gafas de lejos. Las limpió suavemente balanceando los dedos y con un tacto fino que hubiera usado, si así hubieran querido, todas las mujeres que lo rechazaron. Esas gafas y él habían visto muchas pizarras, ecuaciones y complejos problemas y una vez intercedió entre su vista y el cielo, el espacio se tornó visible como si un manto abisal envolviera todo su cuerpo.

Titilaban estrellas que para él era la única forma de parpadear que tales astros tenían. Algunas corrían de otras, dejando una estela mágica en un juego que duraba toda una vida. Otras permanecían inmóviles como señales para los que quedaban por venir y los que alguna vez viajaron de mundo a mundo. También había satélites de telefonía móvil con el gran logo de cada empresa y hasta una estación espacial que albergaría personitas, las cuales ahora andarían soñando sus propias aventuras.

Centrémonos en los meteoros aunque espero que ellos no se centren en nosotros la verdad. Si no, seríamos un blanco fácil para una lluvia de piedras cósmicas. ¿De qué estaban hechas las estrellas fugaces? Aquel niño sobre la toalla no sería un gran científico ni nada demasiado importante en la vida pero él tenía su propia idea y esa idea era magia. Energía dispuesta a ser usada. Un conjuro que solo hoy, cuando el asteroide dejaba su estela, podía ser pronunciado para intentar hacerlo realidad.

Desde pequeño jugaba con su hermano a inventarse las reglas de los deseos. Tal vez, así se habían inventado todas las reglas que hoy conocemos y es que la infancia es la única etapa con poder para fijar directrices no racionales y que lleguen a buen puerto.

A ese conjuro cósmico lo llamaron deseo y concretaron, ya de infantes, que para que aquel deseo se cumpliera deberían estar en la playa tumbados bajo las estrellas, que algunas titilaran y que fuera verano. De tal modo que cuando pidieran ese deseo a la estrella de allá que tuviera estela deberían pestañear dos veces muy fuerte para que se cumpliera.

Desde ese día las reglas fueron oficiales y todos los veranos jugaban a pedir deseos imposibles. Algunos se cumplían por mera casualidad, otros por infinita causalidad y el resto caían en el mundo de los deseos incumplidos.

Y así pasaban los veranos mientras la tierra giraba y el cometa cada agosto se acercaba para besarla.

En aquellos deseos se podía trazar la madurez de cada uno porque pasaban de querer volar a sacar buenas notas y a conseguir un amor imposible, cosa que a los genios les estaba vetado conseguir pero a las estrellas fugaces no.

Aquel niño tenía muy claro lo que quería. Llevaba pidiéndolo todos los veranos pero esta vez estaba muy cerca de conseguirlo, por acciones que el destino le había encaminado a vivir.

Los deseos tienen una particularidad y es, que se cumplen en tanto en cuanto te esfuerces en ellos aunque sea solo una millonésima parte.

Pasó por el cielo, mientras él pensaba observándolo desatendidamente, un bólido. Ese tipo de estrellas con tanta energía para cumplir los más ansiados anhelos que va dejando tras de sí una estela grande no, grandísima y que estalla delante de tu vista para iluminar los corazones, el cielo y por qué no, la tierra de las hadas. De ellas nacían estas criaturas mágicas con alitas pequeñas, de grandes bólidos que surcaban el cielo y con ellas se cumplían los deseos más impredecibles. Así que el cerró los ojos pestañeó fuertemente por dos veces seguidas y pidió su deseo mientras la luz de la explosión aún no se había extinguido.

No ocurrió nada durante los segundos posteriores ni los minutos que le continuaron por no hablar de la casi media hora que le precedió.

Aquel chico abandonó el manto del cielo, del cual se destapó por hoy, recuperó su verticalidad casi peligrosa, cogió su toalla y se guardó sus gafas de lejos, miró una vez más al cielo, esta vez casi no distinguió nada allá arriba y partió playa afuera a su coche por un camino bastante poco iluminado. Una vez dentro y con el aire acondicionado puesto a tope para mitigar el calor nocturno del verano su móvil sonó. Justo en ese momento y antes de mirar quien era supo que su deseo se había cumplido.

Sonrió y lo cogió rápidamente no sin antes leer el nombre de la persona que lo estaba llamando.

A veces el universo conspira, otras simplemente es azar pero por si todo esto no funciona pedid deseos a las estrellas cada vez que vengan a morir a nuestras costas.

22-8-2013

Una falsa entre truhanes

Ella no cree en el amor,
cree en lo que cree que es querer
mientras se quita el top
con su perfume de burdel.

Detrás un séquito de gansos amilanados
que se la tiran a la bartola
devorándola sin probar bocado.

En el bar la puedes encontrar
con su sonrisa predilecta
versado en lo grotesco
de su tez imperfecta.

Las curvas de la línea de su cuerpo
asimetría imperfecta rematada
por dos terrones de azúcar sonrosada.

En historias de alcoba,
como el pan de cada noche,
se doctoró a solas
con usureros, lapidarios y coaches.

Fruta del fruto de la riqueza
si no es dentista, será que roza la pobreza.

¿Para qué vivir del amor
si se vive con dinero?
Es mejor aparentar
que estar con un fontanero.

Ya tendrá amantes
ligues de una noche y operetas.
Lo suyo son los tunantes,
el dinero y que le miren las tetas.

En el arte de comer
se deja la oreja saborear.
¿Amigas? No monsieur,
a los machos me pueden quitar.

Buscando que te la ligues
para no decirte que sí
y así sentirse la diosa
que te niega su carmín.

Cuando llueva búscala,
sola entre chavales
siendo una estrella fugaz,

una falsa entre truhanes
de nariz descomunal.

Me tomaba una ducha

Me tomaba una ducha, la necesitaba. Siempre que me sentía triste abría los mamparos de aquella placa blanca y me sumergía en mi propio submarino de la tranquilidad. El humo y el vaho alteraban mi visión como si estuviera en un sueño, pera no la dificultaba, era simplemente otra forma de ver el mundo. Un sistema para alcanzar mis pensamientos, una forma de embriagarme y edulcorar el día. El agua caía fuertemente sobre mi espalda mientras me apoyaba en los azulejos sin hacer ningún movimiento. La dejaba caer, resbalar, humedecerme y finalmente quemarme. Notaba un ligero picor, algo sanaba en mí durante aquellos instantes.

Veintiséis años ya viviendo y otros tantos duchándome y aun así no había cambiado, era mi rincón de pensar. Mi forma de ver el mundo, de analizarme cuando nadie me espiaba.

Mi método para aceptar una y otra vez los palos y curarme, el único que me hacia subir aquel escalón del fracaso para volver a luchar fuertemente por mis emociones y sentimientos.

Cuando era pequeño todo ocurría en un baño lleno hasta arriba de agua jabonosa con gel y champú. Algunas veces con un pequeño barco y mis juguetes. Poco a poco el método se fue renovando, la vida se hacía más dura y mis muñecos daban paso al colegio, al instituto y como no, a las niñas.

El agua me limpiaba y los sollozos eran menos cuando el sonido de una ducha pendía sobre tu cabeza, se llevaba las lagrimas rápidamente que caían en el sumidero del olvido donde siempre debieron estar. De donde nunca debieron salir.

Allí abajo en mi propia realidad alternativa, con toda esa agua, analizaba el miedo de las personas, el miedo a lo tangible. El miedo a cambiar de vida, a compartir experiencias nunca antes vividas o realizar aventuras solo alguna vez soñadas.

Siempre quise igual, siempre sentí lo mismo por aquellas personas a las que ame. ¿Desde pequeño logré comprender lo que es el amor? Quizás no, nunca nadie lo comprenderá. Pero, sabía sentirlo en todo mi cuerpo sin necesidad de mariposas y temblores de piernas. Tan sincero fue siempre que di el todo por el todo, algo que hoy en día nadie se merece. Siempre que fuera digna para entrar en mi corazón lo sería para que yo abriera mi alma a ella. No a una vida de vasallaje sino a algo compartido, siendo los reyes de nosotros mismos. Nunca fue bueno hacer eso, no con dieciséis o veintitrés años. Comprendí que el mundo no estaba preparado, pero llegaron los veintiséis y las llamadas a mi teléfono de amores olvidados que, habiendo vividos largas vidas amorosas con pillastres de poco lustre, señores poco avispados y cabrones en potencia se habían percatado de que lo que querían de verdad, y eso era lo que yo les di en aquellos momentos a todas y cada una. Un corazón sincero, un alma a estrenar. Una vida de risas, sueños y quizás aventuras. Claro que habría monotonía pero siempre deberíamos luchar cual guerreros para que no pasara. Buscaban por fin el te quiero que les ofrecía, un te quiero que no significaba “me perteneces” sino “te necesito en mi vida, en mi lecho, en mis sueños”. Era irónico que después de tantos y tantos años la cosa se torciera a mi favor, pero el destino es caprichoso y yo solo tengo un corazón, que se llena solo una vez y ahora ese sitio me correspondía a mi mismo. A mis principios y a mi ética.

Esta vez no, el tiempo pasado fue pasado. No es que no diera una segunda oportunidad es que di todas las oportunidades mientras quise a esas mujeres, después de eso el resto fue humo.

Humo como el que se iba difuminando al abrir el mamparo y salir de la ducha. Me miré en el espejo antes de que mi imagen fuera difuminada completamente por el vaho. Me observe intensamente y sonreí.

¿Quién me compra?

¿Quién me compra los besos que no te di junto a tu portal?
¿Quién me compra el traje de sonrisas que te regalé?
¿Quién me compra mi volverme a enamorar?
¿Quién me compra este abrazo de papel?

¿Quién me compra la sangre de tus venas?
¿Quién me compra los romances que te escribí?
¿Quién me compra la luna mañanera
que cacé una noche para dártela a ti?

¿Quién me compra las noches en vela a tu verita?
¿Quien me compra mis palabras?
¿Quién me compra los sueños que tuve
donde nos poseíamos desnudos bajo el agua?

¿Quién me compra estos labios
que tu no quieres besar?
¿Quién me compra el corazón
para algo más que amistad?

27-03-2012

He sido Abducido XIV (capítulo final)

Y con esto se acaban varios años de elucubraciones y proyectos de una de las obras mas ambiciosas del Salón de mi casa. Espero satisfaga a todos aquellos que la siguieron y si no es así como dicen los guionistas de pérdidos (LOST) lo importante es el camino. Muchas gracias por la espera, os dejo con el último capítulo.

He sido abducido XIV

21.45 El supermercado anuncia el cierre de sus puertas. Marty me mira, yo le miro el escote. Ella se lo cierra. Nos entendemos a la perfección. Asentimos fieramente dispuestos a salir de una vez de esta cárcel y nos levantamos. Pillamos todo lo necesario: los trajes, el calzado, mi pala colgada al bies como si fuera una espada en mi espalda, el cinturón de bricolaje, las chinchetas… todo.

21.46 Pongo la música épica de las pelis de Michael Bay y me imagino que soy un helicóptero volando sobre el mar con el sol poniéndose. Agua, agua bajos mis pies.

21.47 Paro la música, le digo a Marty que me meo y voy al servicio. Una vez allí me siento en el váter a miccionar y de la postura sentada me entran ganas de hacer popó, así que aprovecho recreándome en mi perfecto plan.

22.00 Salgo del baño, pongo la música épica, esta vez de El señor de los anillos para evitar pensar en agua y mearme de nuevo. Miro a Marty, asiento, ella me mira como si yo fuera subnormal y salimos lentamente de nuestro escondrijo para encontrarnos de pleno en el supermercado.

—Las puertas acaban de cerrar, el guardián no tardará en venir.

—Sí, Marty, por fin voy a volver a verle la cara a semejante sabandija.

—¿Quieres comportarte como una persona normal?

Agacho la cabeza y espero su colleja. Llega rápido.

22.01 —Hay que hacer algo para atraer al guardián, de eso no cabe duda, así que cuando se apagan las luces Marty sube a lo alto de la estantería más alta que podemos vislumbrar y desde allí me hace señas. Con las luces de emergencias se ve más bien poco, pero los destellos de sus tacones rojos y su carmín me hacen verla, y ese olor tan comestible.

22.02 Nota mental, cuando escape de aquí ir a un bar de carretera con luces rojas.

22.05 Me aburroooooooooooooo…

22.06 Me aburrooooo…

22.07 ¿Hemos llegado ya?

22.09 Marty me silba como si fuera un grajo trotabuelles en un día de levante con la ventisca por poniente y con un ojo amortado. Esa era la señal.

22.10 Le respondo como si fuera un negro.

22.11 Corro hacia la estantería pala en mano y le doy varios golpes a los pilares maestros de la misma, llámense patas.

22.12 No ocurre nada.

22.13 A la mierda mi plan perfecto, casi mejor que nos volvamos al mirador y ponga música de peli de guerra cuando los buenos pierden. Ah, espera, quizás si soplo un poco.

22.13.20 La estantería comienza a caer formando una reacción en cadena que tirará a todas las estanterías como si fueran fichas de dominó. Marty de un salto baja y me informa que viene hacia nosotros. Le digo que se quede detrás y me da una torta con la mano abierta. Creo que no me la merecía.

22.14 Los pasos se oyen cerca, viene trotando así que tiro las chinchetas a nuestro alrededor formando un círculo místico que nos protegerá del guardián. Si lo pisan PAM, dolor en el pie cual tormento chino de mil años.

22.15 Ha parado, todo está oscuro y con Marty a mi lado no alcanzo a ver más allá de ella. Malditas feromonas. Recuerdo mi cinturón de bricolaje y saco la linterna pajera.

22.16 Marty por un momento me asesta un puñetazo cuando comienzo a cargarla, quizás es por la cara de deseo con la que la miraba mientras agitaba la linterna.

22.17 Ya tenemos luz, la enciendo y lo que vemos delante de nosotros es la figura rocambolesca del guardián. Un inmenso robot con cabeza parecida a la de un lobo y lleno de pistones hidráulicos que echan vapor de agua y un poco de aceite. Se yergue a dos patas y mide en torno a los cuatro metros de alto y de ancho cerca de los dos.

22.18 —Si no nos movemos del círculo de chinchetas estaremos a salvo, Marty, confía en mí —esas fueron mis sabias palabras hasta que el guardián de un alarido creó una bocanada de aire que desbarató todo el círculo—. No tienes ni la menor idea de lo que has hecho, estúpido, llevaba mucho tiempo colocándolo todo bien colocadito —yo, furioso me envalentoné y fui a meterle un revés cuando Marty me cogió del brazo y me dijo que siguiera con el plan. Entonces mi cerebro hizo algo por mí: recordé a Cobi.

22.19 De mi boca salió el mayor alarido, la gran llamada, el cuerno vikingo, el tam tam de los indios, las almenaras de Minas Tirith, el llamamiento del capitán planeta, el anuncio de los plastidecor y por último el nombre de mi cobaya preferida para que acudiera en mi ayuda.

22.20 El sonido reverberó en las paredes ahora casi sin estantes del supermercado.

22.21 Como era de suponer, Cobi no vino.

22.22 Empezamos a correr Marty en una dirección yo en la otra. El guardián se puso a cuatro patas y empezó a perseguirnos.

22.23 Bien, estoy escondido en una trinchera de estanterías. ¿Dónde estaría metida Cobi? Siempre me había hecho caso, de hecho puso cara de entender todo lo que le decía cuando le expliqué el plan, qué cara más golosona que me pone, me la como.

22.24 Marty chilla de terror, mierda, la ha capturado. Salgo corriendo con la linterna pajera en mano y la pala en la otra, voy saltando por las estanterías y llego justo a tiempo de ver el espectáculo.

22.25 Marty le pega una patada la bestia y se puede soltar de los brazos mecánicos que la tenían sujeta.

22.26 Coge carrerilla una vez en el suelo y da una doble pirueta mortal, con intencion de “destruir” al guardián, supongo.

22.27 No surte efecto y cae desplomada en el suelo. Grito como una nenaza para luego darme cuenta de mi error.

22.28 Grito como un actor de Hollywood en una gran escena.

22.29 El guardián me mira.

22.30 ¿Me perdonas?

22.31 Se ve que no, así que echo a correr con aquel robot gigantérrimo detrás de mí.

22.31 Voy saltando las estanterías como puedo, me caigo un par de veces y él sigue detrás.

22.40 Dios mío, me estoy agotando, esto no se acaba nunca. Entonces el tiempo se ralentiza de una forma extraña. Mis oídos se taponan y comienzo a escuchar todo a mi alrededor como si estuviera debajo del agua.

22.41 A lo lejos veo una luz, una luz fuerte, y detrás de ella algo que me es familiar.

22.42 Comienzo a avanzar lentamente, tan lento como mis pasos me permiten. El guardián detrás de mí sigue persiguiéndome lentamente.

22.45 Llevamos tres minutos los dos andando por los pasillos sin inmutarnos. Vaya mierda de escena de acción.

22.50 Seguimos la desenfrenada persecución paseando a nuestro ritmo, pero parece que me va ganando terreno.

22.51 Mis reservas de energía se van agotando, ya estoy cerca de la luz. Lentamente…

22.51.59 Lentamente, casi la toco…

22.52 Soy transportado a un lugar distinto, muy familiar. Un campo de rosas, un letrero donde pone Follow the yellow brick road y sobre el pedestal aquella caja. El guardián ha aparecido conmigo a través del portal.

22.53 Esta vez no estoy soñando, me tira al suelo y comienza a llover.

22.54 No puedo moverme de lo agotado que estoy, él se acerca y me mira.

22.55 Comienza a soltarme un discurso en un idioma que no entiendo. Qué raro, debería entender todos los idiomas según me dijo Marty.

22.56 El agua me cae en la cara y el guardián no para de hablar en su jerga de robot.

22.57 Me quedo con cara de tonto mirándolo, abriendo y cerrando los ojos del agua que me cae encima.

23.01 Se ha callado. No habla.

23.02 Lo miro sin moverme y sí, parece totalmente inmóvil, como congelado.

23.04 ¿Se le habrán acabado las pilas?

23.04.30 Para de llover repentinamente y todo lo que tengo alrededor, el paisaje, el campo de rosas, todo se desvacene como si fuera un holograma.

23.05 De hecho es un holograma. Me encuentro tumbado sobre el frío acero sobre un gran patio de metal. Las estrellas me miran desde el cielo, al parecer debo de estar en lo más alto del supermercado. El guardián yace cual replicante inmóvil a mi lado. Y cerca de mí una gran jaula con un ser me espera.

—Levántate y acércate, ya va siendo hora de encontrar respuestas a todo.

23.06 Me levanto como puedo, ya había pasado mi etapa Harrison Ford en Blade Runner y podía seguir como una persona “normal”, todo lo normal que podía ser yo.

—Estuve en tus sueños guiándote para que vinieras a salvarme. Soy el último de mi especie —aquel ser tenía forma de elefante azul.

23.07 Le pregunto que qué ha pasado con el resto de su especie. Me empieza a contestar.

23.08 Me asusto un poco, pues no me habla a los oídos sino directamente a la mente.

23.09 Me inquieta que un animal me hable, igual que me inquieta entrar en un baño y ver a una persona haciendo sus necesidades y mirándome fijamente mientras aprieta.

23.10 El ser extraterrestre me explica que su especie era de las más inteligentes a miles de galaxias a la redonda. Inventaron el fuego cuando otros aún se conformaban con el motor de neutrones para viajes interestelares y crearon una gran cadena de limpieza con el mismo nombre de su aspecto físico. Aquel elefante azul me dijo que un día comenzaron a cazarlos a todos en busca de sus poderes psíquicos. Los esclavizaban para aprender más sobre el marketing en las galaxias, la última moda y los productos que más se comerían ese año…

23.12 Como no estaba entendiendo nada le comenté que yo creía que él era mi alma. El que podría abrir las puertas para salir de aquel lugar.

23.13 Me mira fijamente y me da con la trompa en el pecho sacándola entre los barrotes. Yo me pongo un poco farruco y le dice a mi mente que sólo trata de hacerme entender que las puertas se abrirán con el corazón.

23.15 Después de todo pretende que yo lo saque, encima que me crea un holograma y me envía sueños engatusándome para luego decirme que no, que con el corazón. Si no quería nada conmigo que no hubiera jugado con mis sentimentos.

23.16 Sopesando la cuestión y después de haberme ayudado a vencer al guardián decido abrir la jaula que estaba cerrada con una cadenita típica de puerta española. Se ve que eran muy inteligentes para algunas cosas pero para otras no.

23.19 Una vez fuera me da las gracias y me promete ayudarme en mi empresa mientras se desvanece como el amo del calabozo y todo a mi alrededor pasa a ser de nuevo el supermercado con las estanterías por los suelos.

23.50 Marty está pegándome guantazos.

23.51 Me quedo un poco más porque me gusta.

23.52 Creo que ya es suficiente. Abro los ojos. Me la encuentro subida encima con su traje de cuero reforzado.

23.53 Me levanto con energías renovadas, le explico lo del elefante azul y cómo ha desaparecido. Podemos recuperar nuestra alma.

23.55 Se le dibuja una sonrisa pícara en los labios. Yo me la imagino cual diosa olímpica sobre un monte de chatarra blandiendo una espada de nivel diez con daño de +1.

23.57 Después de abrazarnos contentos nos interrumpe nuestro spoonico momento un gran estruendo.

00.00 Las once de la noche y yacemos rodeados de guardianes. Al parecer no había solo uno vigilando, sino toda una jodida cooperativa de guardianes con su seguro médico, sus papeles, su sueldo y su familia esperándonos.

00.01 Abrazo a Marty, la miro y la beso, ella me quita la cara y me dice contigo no bicho, supongo que poseída por los nervios del momento. Este es el fin. Cierro los ojos.

00.02 Abro los ojos y veo como Cobi salta corriendo sobre todos los guadianes como si fuera el mayor perro de caza de la historia. Los guardianes se giran hacia él y Marty me tira de la mano.

00.06. Dejo a Cobi llorando y gritando un profundo “Noooooooooooooo”. Mientras, una música de orquesta suena. Puedo ver como nos alejamos y entramos a pasillos oscuros que solo pueden llevarnos a un lugar.

00.25 Dejamos puertas y pasillos atrás. Marty sabe perfectamente adónde ya, y me va arrastando por el cuello. Yo me cruzo de brazos, pero eso no impide que me siga arastrando.

00.30 Le digo que sin Cobi no me muevo, su mirada de furia de la que puedo ver los abismos del infierno me hace levantarme, sonarme los mocos, secarme las lágrimas y mirarla fijamente con cara de cordero degollado.

00.31 No hay nada que hacer, Cobi ha dado la vida por mí, y Marty me pide que salvemos al resto del supermercado. Realmente tiene razón, pero nunca quise hacerme el héroe así que agarro bien la pala y a regañadientes digo un comentario heroico y seguimos andando hasta los sótanos.

00.45 Nunca nos perderemos.

00.46 Habías pensado que nos habíamos perdido ¿ehh? Estamos justo ahí, no tardaríamos ni dos segundos.

01.30 Y entonces llegamos al infinito laberinto en las cintas transportadoras.

01.35 Corremos por ellas rápidamente con las manos hacia detrás para ser más aerodinámicos y con los ojos achinados, rápidos, rápidos cual ninjas. Saltando de un lado a otro, ahora envidio las pelis de chinos que llevan cuerdas.

01.37 La sala de las jaulas está como siempre. Delante nuestra, grande tal cual es, con mutilud de celdas apiladas una encima de otras formando amorfas torres en las cuales, dentro, se encuentran multitud de especies de miles de planetas y quizás galaxias desconocidas y muy lejanas.

01.39 Comenzamos la siguiente parte del plan. Marty yo sacamos las linternas buscando a esas pequeñas formas de vida que tienen una rara apetencia por el metal y se vuelven locas con la luz. No, no son los gremlins.

01.51 Encontramos a esas pequeñas pelotitas de tennis entre el jaleo que hacemos al ir de jaula en jaula y despertar a la flora y fauna espacial.

01.59 Pegamos las linternas con cinta de carrocero a las pelotitas vivientes y éstas al enfocarse a ellas mismas hacen el resto.

02.00 Salimos corriendo a cámara lenta mientras de fondo toda esa gran nave de jaulas está siendo comida por las pelotitas que saltan de un lado para otro gracias a que se dan con las linternas. Tienen hambre y se comerán todos los barrotes.

02.02 Dejamos atrás que la naturaleza intergaláctica siguiera su curso y seguimos el ruido, ese inmenso ruido que hay por todos los sótanos hasta llegar a una puerta donde pone Alto Voltaje.

02.05 Por todos es sabido que el letrero de alto voltaje es una estafa, siempre está para despistar. No hay un voltaje más alto que otro, en todo caso es más intenso. Con lo cual nos mienten una vez más los gobiernos.

02.10 Dentro no había un montón de personas controlando las cámaras de este reality show, con lo cual no tiene nada de reality ni nada de show. En su lugar estamos en una sala llena de motores.

02.15 Después de mirarlo detenidamente Marty piensa que son los motores del supermercado. Entre todo ese caos hay un botón con forma de corazón. Con eso podremos recuperar nuestra alma.

02.17 Marty y yo corremos a tocarlos rápidamente, pero justo antes una plataforma nos eleva a los dos fuera de aquel lugar y el botón queda encerrado por una jaula. Aun así se viene con nosotros.

02.20 Seguimos elevándonos.

02.27 Cansandos ambos nos ponemos a jugar a zapatito lila zapatito azul. Siempre miento con los años.

02.30 Marty me pilla y se cabrea.

02.32 Pongo la cara de cocodrilo triste y me perdona con un abrazo.

02.36 La plataforma se para. Estamos en la azotea. La reconozco por sus verjas electrificadas.

02.37 Muchas vacas extraterrestres nos apuntan con unas armas que parecen biberones especiales. Uno de ellos gotea y parece que es una especie de ácido lo que contienen dentro.

02.39 Le digo a Marty que tranquila, que sé kung fu, pero realmente contra tantas armas acabaríamos perdiendo.

02.40 Se acerca a nosotros una vaca con corbata, debe ser el dueño o la dueña del supermercado.

02.43 Nos pide los códigos de la estrella de la muerte.

02.45 Marty me explica que es una forma de decirnos que nos vamos a quedar allí de por vida condenados a limpiar todo aquel destrozo, vagando de galaxia en galaxia.

02.48 Tenemos la forma de recuperar nuestra alma tan cerca que me entran ganas de llorar.

02.50 Marty corre hacia la vaca jefe para pegarle, pero el resto de su escolta lechera le disparan el contenido de los biberones y la dejan en el suelo tirada. Posiblemente muerta.

02.51 Presiento que ahora me toca a mí.

02.51.23 Un agujero se abre en el suelo y entra Cobi montado en uno de los guardianes como si lo estuviera controlando cual robot gigante. El guardián de un golpe tira a las vacas al suelo.

02.52 ¡Cobi está vivaaaaaaaaaaaaaaaa!

02.53 Corro hacia el botón que gracias a uno de los manotazos tiene hueco para pulsarlo.

02.54 Desaparezco y estoy en la sala de controles. Una gran sala desde la que manejar todo el supermercado. El tiempo está congelado, las vacas no se mueven.

02.57 Me meo en una para cerciorarme.

02.58 Le toca las ubres a otra.

02.59 Cobi viva y Marty muerta posiblemente. Qué he hecho yo para merecer esto.

03.01 Corro hacia el panel y lo miro. Me meto en el explorador y activo un buscador que dé con la Tierra, una vez allí trazo la ruta y pulso el botón. Parece como si un elefante azul guiara los pasos desde mi cabeza.

03.07 El botón se apaga y vuelvo a la escena que ya he vivido.

03.09 He viajado en el tiempo pocos minutos antes de que Marty muera.

02.50 Agarro a Marty antes de que salga corriendo hacia su fin y nos tapamos ambos con su toalla rosa.

02.51 Las balas de la lechera silban a nuestro alrededor, pero no son capaces de atravesar una toalla.

02.51.23 Otra vez el estruendo cuando viene Cobi montado en un guardián, acaba con las vacas, pero muchas de ellas incluyendo a la vaca con corbata huyen.

02.53 Nos quitamos la toalla y Cobi está esperándome en el suelo junto al guardián que parece ser muy manso.

02.54 La cojo, le doy un beso y la abrazo hasta que los ojos se le ponen rojos.

02.55 Deja de respirar. Ay dios, qué he hecho…

02.56 Uf, falsa alarma, ya vuelve el pulso otra vez.

02.57 Sabía yo que la cobaya servía de algo, ha logrado convencer a los guardianes de que se unan a la causa.

02.58 Marty me mira extrañada, yo la miro con deseo, ya la vi morir una vez. No quiero verla otra vez y menos aquí.

03.00 Le explico rápidamente para lo que servía el botón con forma de corazón, la he salvado pero no he podido recuperar el alma.

03.01 Ella me pega diciéndome que soy imbécil, que claro que tenemos el alma, siempre la hemos tenido, lo que pasa es que al activar las coordenadas de la Tierra seguramente haya desbloqueado las puertas y podamos salir.

03.02 La miro con condescendencia y un poco triste. Estoy harto de que sea borde.

03.04 Nos marchamos, yo con Cobi en lo alto y ella siguiendo mis pasos.

03.05 Abajo todo es un caos, las estanterías por los suelos y al parecer todas las especies están librando una guerra en el supermercado, las vacas por un lado el resto por otro, incluso los guardianes están ahora de parte de los rehenes.

03.15 Debemos salir de este sitio infernal, las vacas acabarán perdiendo así que nosotros nos vamos a casa.

03.26 Comienzo a correr saltando estanterías, haciendo kung fu con la pala, dando vacazos, Cobi muerde como si fuera un doberman y Marty da patadas voladoras con sus tacones. El traje de chaqueta de kevlar sirve para aguantar los empellones.

03.37 Nos montamos en un carrito de los que se pueden conducir y lo truco pa que vaya más rápido.

03.48 Me creo en un videjuego pero no tenemos nitrógeno pa hacer acelerones.

03.59 Veo la puerta después de una hora de guerra aquí abajo. Por fin podremos salir.

04.00 Estrello el coche esperando el ruido de cristales o cualquier cosa pero milagrosamente se abre.

04.01 Se ha despejado la niebla fuera del aparcamiento. Puedo ver la Tierra acercándose. Estamos en casa.

04.02 Unas voces nos quitan a alegría.

04.04 Otra vez la vaca de la corbata con muchos más de sus secuaces hacen barrera entre la Tierra y nosotros.

04.07 Se acabó, después de todo lo que he visto vale la pena intentarlo.

04.08 Meto la mano en mi chaqueta.

04.09 La saco cerrándola como si fuera una pistola.

04.10 Apunto con mi dedo.

04.11 Las vacas me miran con gesto raro pero no dejan de apuntarme con sus biberones.

04.12 Una vez en la vida estas cosas funcionan.

04.14 Espero que esta sea esa vez.

04.15 Disparé.

04.16 Funcionó.

04.17 La vaca de la corbata salió disparada y se perdió en el espacio justo cuando entrábamos en la atmósfera terrestre.

04.18 Detrás nuestra el elefante azul nos sonreía junto con multitud de cabras voladoras, guardianes, y demás especies raras entre las que pude ver extraterrestres con forma de armarios empotrados.

04.20 Las vacas soltaron sus armas y fueron desposadas con otras especies. Decían que era peor que esposarlas.

04.25 El elefante azul me dijo a la mente que gracias a nosotros todas las especies podrían volver poco a poco a casa, que él se quedaría al mando del supermercado y por supuesto sería de una marca blanca que solo usara productos naturales y que no infringieran la ley ni implicara cazar a otros seres intergalácticos.

04.26 Le pregunté por el muro de niebla, y me explicó que era por culpa de los motores que soltaban mucho humo al aire y contaminaba el espacio. Él había hecho algunos arreglos en la ruta hacia la Tierra porque dice que metí mal las coordenadas y así aprovechó para cambiar el combustible por otro que no fuera contaminante.

04.30 Marty y yo le dimos las gracias justo cuando el supermercado llegaba a la Tierra.

04.31 Cobi corrió hacia mí y me miró con ojitos tiernos, así que la cogí en brazos y me la posé en el hombro.

04.32 La Tierra será tu casa, preciosa.

04.34 Antes de salir miré una vez más hacia mis amigos alienígenas y los saludé con la mano. Estos me respondieron igualmente con sus apéndices.

04.35 Vi por primera vez el letrero de aquel sitio, rezaba SUPERDEY.

04.37 Marty y yo nos cogimos de la mano y salimos.

09.00 —Y es por eso por lo que no he podido llegar antes, jefe.

09.01 Mi jefe me miró desde su oficina con cara de “¿Pretendes que me crea esa excusa?”

09.02 Igual no era la mejor excusa del mundo, pero era totalmente cierta.

09.05 Salí de la oficina despedido pero con una sonrisa en los labios. Marty me esperaba fuera y me besó profundamente.

09.08 Nos abrazamos y nos fuimos de la mano mientras Cobi nos seguía feliz.

EPÍLOGO

Quizás le omití a mi jefe que el supermercado nos dejó en el desierto del Sahara y tuvimos que volver. Bueno, sería otra aventura que contar.

Marty y yo nos hicimos ricos patentando el Cilit Bang con el Agerul. Fuimos conocidos en todo el mundo. El invento funcionaba. Por otro lado yo trabaja día y noche para crear un coche que volara, volar no es tan difícil como parece. Ya teníamos varios prototipos. Marty descubrió y demostró que las petroleras cambiaban el eje de la Tierra al perforar en busca de combustible fósil y le supuso el premio Nobel del año.

Cobi vivía feliz con nosotros, se adaptó fácilmente a la vida en la Tierra, pero se creía que era un perro.

Los seres humanos del supermercado fueron llegando poco a poco a sus casas, aparecían en descampados, en campos de trigo y con muchas ganas de volver son su familia. Todo volvió a la normalidad en pocos años.

Mandamos el vídeo que grabé en el supermercado al gobierno con pruebas de que hay vida fuera y es hostil. No nos respondieron nunca, pero seguramente ande guardado en alguna depuradora. Las depuradoras son los almacenes secretos del gobierno, todo el mundo sabe que huelen tan mal que allí se guardan los grandes secretos del estado.

Espero que los elefantes azules estén tomando todos los supermercados espaciales, sé que algún día esas vacas volverán, lo sé y por eso hoy aún conservo mi pala, mi traje de chaqueta de kevlar y mi cinturón de bricolaje.

PD: se volvió a llevar el laser disc de nuevo.

Llegará ese día

Negras sobras me inundan. Mi alma se encuentra atrapada en un ciclón de sentimientos oscuros.

La muerte atraviesa mi mente, como si se tratara del viento entre los árboles. Se posa sobre sus ramas y anida en la profundidad de mis pensamientos. Debo acabar con todo. Hoy será el último día, es el fin. Nada mas hay para mí, ni para el mundo. Negros cuervos vendrán desde el horizonte y taparán la luz del sol. Las carnes desgarrarán y los ojos quedarán desorbitados. Sentado en mi trono, desde los más alto contemplaré la destrucción del infinito. El universo en mis manos. El mundo a mis pies. Los cuerpos gritarán, los espíritus se retorcerán. Serán cadenas de ira y odio. Yo me alimentaré de ese odio y crearé más caos, el caos más absoluto. De luto vestirán las rosas y en los campos dejará de soplar la suave brisa, para ser sustituida por un fuerte vendaval. Los 7 mares se verán azotados por las furias, una estrepitosa tormenta caerá sobre ellos. Entonces, levantaré mi cabeza, contemplaré mi obra y me odiaré por ella. Una nueva oscuridad me atrapará y, de ostentar al infinito, seré tragado por la nada. Quedaré vacío pues ahora sí que no hay nada para mí. Una vez terminado todo, todo acabado, y sin nada, sólo tendré la contemplación de mi propia destrucción. Caeré en un vórtice de pesadillas y tinieblas, del que jamás podré salir. Pero debo seguir, pues este es el designio de Dios, un Dios que pronto será sustituido por aquel a quien ahora ordena semejante disturbio.