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Historia de cangrejos de terror V

Bueno, sí, he tardado en hacer la quinta parte, ¿y qué?  Me dijeron que muchos deseabais que siguiera esta historia. La verdad es que a mí también me encanta y os pido perdón por la tardanza pero ha sido debido a problema de tiempo y a la acumulación de muchas cosas que vienen de golpe. Así que sin más dilación os dejo con la nueva parte. Gracias por dar por culo a todos para que continúe… ^^

En un mundo donde el color apareció hace relativamente poco y la imagen mental que os podéis hacer de él aún tiene ruido y marcas de cigarrillo; en un mundo donde los coches son chevrolets y cadillacs, donde el rey del rock sigue siendo Elvis y donde los efectos especiales aún están hechos en stop-motion con grandes animales de plastilina y masilla; en un mundo donde los pueblos tienen sheriff y no policías nacionales, donde muchos llevan gorros de cowboy y la música swing es el último grito de la discoteca; en un mundo donde el technicolor impera y los personajes están llenos de tópicos: en un mundo así se sitúa nuestra historia.

No os asustéis si se quema el rollo de las cintas de la mente y tenemos que cambiarlas, no os asustéis si de vez en cuando el doblaje cambia de persona e, incluso os digo, no os asustéis si la imagen se mueve o aparecen manchas oscuras, si las deformidades del terror aparecen por doquier y aun si los años 80 se transforman en el presente.

Bienvenidos pues a Itica, una población costera del sur de California donde el verano está a punto de llegar.

EL ATAQUE DE LOS CANGREJOS ASESINOS

5

Menos mal que ponen los Beach Boys, me encanta esta canción, Surfin’ USA, así me relajaré. Acaba de empezar el día y ya estoy agobiado. Creo que esto de ser el sheriff me viene grande. Demasiado joven para el cargo, pero bueno, fue un cúmulo de circunstancias que prefiero olvidar.

Conduzco tranquilo mientras escucho la música. El hospital está sobre la colina, así que dentro de poco llegaré a las calles de Itica. Qué pequeña y bonita es la ciudad, siempre la recordaré como el pueblo del eterno verano. De pequeño esperaba impaciente a que abrieran las playas por fin, ya que mi padre nunca me dejaba ir; él siempre cumplía las reglas. Pobre papá, si supieras cómo somos la juventud de hoy en día… Serías el único capaz de poner orden en los adolescentes de Itica como sheriff, y no yo.

Me paro en un semáforo y miro las calles. Ya casi son las doce de la mañana, los niños de vacaciones corren por las aceras, en sus bicicletas y patines; los padres van de compras, y este aroma que corre por mis venas… Pero debajo de todo esto tal vez haya un crimen. Por lo pronto ese chaval, Nacho, fue encontrado en la costa sobre las cinco de la mañana y por lo visto en estado grave. Le han tenido que amputar las piernas a lo largo del día para que sobreviviera, y la mujer que iba con él, una chica joven llamada Mona, puede estar desaparecida. Cuando llegue a comisaría llamaré a los padres para saber.

Por otro lado el chaval parece que está en estado de shock: habla de cangrejos gigantes. Quizás, y espero que no, haya algún tiburón en la zona. Dios nos aguarde si eso es cierto.

Por fin llego a la comisaría. En la entrada está la grúa dejando un coche. Vaya pueblo.

—Eh, perdone —digo mientras me bajo del coche—. La grúa no debe dejar los coches aquí. No sé si es nuevo o algo. Si no le importa esas cosas van al depósito.

—Tranquilo, agente —me dice el conductor de aquel mastodonte—, el coche va a la gasolinera a repostar, sólo es una emergencia, no una infracción. Vengo aquí para traer al dueño del vehículo, que quiere hablar con el sheriff.

—Estupendo, ¿dónde está?

—¡Estoy aquí, señor! Verás, quiero hablar con el sheriff, soy el biólogo encargado de abrir las playas y me gustaría discutir algunos temas con él.

—Bien, sígame, vamos adentro para hablar más tranquilos.

—Sí, claro, pero verás, creo que no me has entendido. Me gustaría hablar con el sheriff —dijo sonriendo amablemente.

—El sheriff soy yo, señor. No, tranquilo, no se preocupe —al ver cómo cambiaba su cara tuve que darle poca importancia—, la gente por aquí tampoco se acostumbra a que sea alguien tan joven.

—No, no, el error es mío, debería haberme fijado en su placa. Mis más sinceras disculpas.

—No hay que darlas. Ahora si me permite —dije abriendo la puerta de la comisaría para dejarle pasar.

Una vez dentro, el sitio estaba como siempre: todos los ventiladores encendidos y los policías de un lado para otro «haciendo su trabajo». Nos sentamos en mi mesa y me quité el sombrero, el cual apoyé sobre la pantalla del ordenador como a mí me gusta.

—Bien, ¿usted se llama?

—Mi nombre es John, señor. Vengo a sustituir al biólogo anterior.

—Sí, imagino. El viejo doctor ya no tiene acreditación para eso, ahora se contenta con vivir en la vieja depuradora y estudiar la fauna del lugar, según me han dicho.

—Sí, así es. Vengo de su casa, está todo muy abandonado. Yo que usted mandaría a alguien a mirar, puede haberle ocurrido algo. Además de eso me gustaría ir personalmente con mi instrumental al estanque que había detrás de la casa, tengo mis sospechas de que está vertiendo algo al río y puede ser insalubre para el agua y para el medio ambiente.

—¿A la vieja desaladora? Estupendo, lo organizaré todo. Es raro, la verdad, normalmente viene por el pueblo una vez a la semana. Haremos una cosa, vaya a la mesa aquella con ese agente y dígale que llame al doctor, yo ahora mismo tengo que hacer un par de llamadas, si no le importa, señor John.

—No, no se preocupe…

—Carpenter. Parecido a carpintero, no se le olvidará.

—Bien, sheriff Carpenter.

Dicho esto, el biólogo se fue con mi subalterno a hacer la llamada pertinente a doctor. Era bastante raro, bueno en sí siempre fue un tipo raro. Por lo menos yo lo recuerdo así.

En fin, debo dejar de cavilar y llamar a los padres de Mona para saber si su hija está en casa. Tendré que esperar un rato a que el ordenador conecte con la red policial, es la ventaja de vivir en un pueblo pequeño, aunque a veces me empeñe en llamarlo ciudad.

Listo, ya tengo el número. Pero… ¿qué ocurre ahí fuera?

Por la puerta de comisaría entró Tony, un tipo grande, marine en la guerra de Vietnam. La verdad es que le dejó secuelas psíquicas, como se puede apreciar ahora, pero esto sobrepasa lo normal. Rápidamente saco mi revólver al ver los pantalones de Tony teñidos de rojo sangre. Él me mira y saca su revólver también.

—¡Sheriff! —grita—. Tenemos un problema —me apunta con el arma—, ellos han matado a Daisy —diciendo esto levanta la otra mano mostrando la cabeza de un perro, cercenada y goteando sangre—. ¡Esos cabrones han matado a Daisy! —todos los agentes le apuntamos. Él me apunta a mí. El biólogo se esconde debajo de una mesa y yo comienzo a sudar. Está a punto de liarse parda.

Continuará…

Historia de cangrejos de terror IV

Bueno aquí les dejo la cuarta entrega de los cangrejos asesinos. Ya todo empieza a tener un poco de más sentido. Espero os guste y pronto verá la luz la quinta entrega.

Pinzas, El ataque de los cangrejos asesinos.

4

Acabo de despertar. Dios, he tenido una pesadilla de lo más perturbadora. Pero, ¿dónde coño estoy? Veo borroso.

–¿Mamá? ¿Mamá?

–¿Sí? ¿Qué te ocurre?

–Te oigo raro mamá, pues no sé, he debido beber demasiado ayer. Recuerdo que estaba con Mona y luego tuve una pesadilla donde unos cangrejos de un tamaño considerable me atacaban.

–Tranquilo hijo, debe de ser efecto del sedante. Ahora estás a salvo, en el hospital central de Itica.

Me vuelvo a desvanecer pero aún puedo escuchar algo.

–Rápido, se nos vuelve a parar, debemos amputar la otra también. Está perdiendo mucha sangre por las heridas y puede progresar a gangrena y perder más que eso.

–Pero, doctora, ya hemos amputado.

–Me da igual, perderá también esta. No quiero arriesgar su vida.

El ruido de una sierra eléctrica me desgarra el corazón y vuelvo con Morfeo.

Me despierta el ruido de un monitor: pi-pi-pi. Abro los ojos. Ya veo bien. Estoy rodeado de cables por todos lados. Grito muy alto y muy fuerte. Acuden corriendo mil personas con batas blancas.

–¿Qué me ha pasado? ¿Dónde está mi madre?

–Tranquilo –mira una carpeta para buscar mi nombre– Nacho. Tranquilo. Soy la doctora Zulu. –Es una mujer de color, bastante guapa. Quizás pueda ligármela, pero antes debo saber por qué parezco robocop.

–Por favor, dígame que me ha pasado.

–Te encontraron en la playa. Estabas muy grave, te hemos salvado.

–¿Era cierto? ¿Lo de los cangrejos era cierto?

–¿Qué dices? No sabemos aún qué te ha atacado, pero has llegado muy grave. Tenías las piernas destrozadas. Intentamos salvar una pero al final te hemos tenido que amputar las dos. Lo siento.

Las palabras no salían de mi boca. Me acaban de decir en menos de un minuto que me habían cortado las piernas y la médico tan tranquila. ¿Por qué a mí? ¿Cómo se puede tener tan poco tacto?

El monitor comenzó a pitar aun más rápido y volví a caer desvanecido.

–Hijo, despierta, muchacho.

Abrí los ojos y me encontré a un policía sentado al lado de mi cama. Llevaba el típico uniforme de pantalones grises y chaqueta a juego marrón. ¡Dios mío, solo le faltaba el sombrero!

–¿Por qué me dices hijo? Si eres casi igual de joven que yo.

–Tenía entendido que tenías 18. Yo tengo 25 años, muchacho. Además, sólo trataba de ser cortés.

–Ahórreselo, por si no se ha dado cuenta, por muy cortés que sea, acabo de quedarme sin piernas. Aunque me traiga a una señorita de compañía y me baile la danza de los siete velos encima de la cama, no me alegrará. Al menos no tanto como para que se me olvide que estoy impedido.

–Calma, muchacho. Vengo a saber lo que ha pasado contigo y a hacerte…

–Unas preguntas, lo sé. Voy al cine, ¿sabe? veo lo que hacen los policías en las pelis.

–Estupendo, muchacho. Somos casi igualitos y cobramos casi lo mismo.

–¿Eso es ironía?

–Cuéntame lo que ocurrió, Nacho.

–Estaba en la playa con una amiga, nos fuimos al agua y algo… se la llevó –las lagrimas empezaron a correr por mis mejillas– después corrí, no sé por qué no la salvé, pero tenía mucho miedo y corrí. Al llegar a la orilla los vi. Eran cangrejos. Muchos cangrejos, del tamaño de una tortuga galápago. Después desperté aquí –ya no podía hablar más, el llanto me lo impedía.

–¿Habíais bebido alcohol?

–Sí, algunas cervezas ¿Qué se sabe de Mona?

–Ya está bien de cháchara, mi paciente debe descansar –la doctora de color echó al policía y me quedé allí, con mil interrogantes y llorando como un perro.

El Caminante IV

Bueno, volvamos una vez más atrás en el tiempo para ver la infancia de un personaje llamado Marcus. Muy relevante en la historia^^.

Espero les guste y mil perdones por las falta de ortografía.

3

Volví de nuevo al cobijo del bosque con el trigo necesario. Mamá estaba muy enfadada porque me había apartado de su lado y había hablado con extraños.

La verdad fue que entré en aquella caseta siguiendo al bufón que tanto me gustaba. Escuché sus cascabeles dentro y no me pude resistir. El lugar estaba bastante oscuro, solo provisto de luz por una vela que tenía la llama negra. Dentro había un gran caldero de peltre sobre unas brasas de fuego. El resto era oscuridad, pues la misteriosa llama negra mantenía en penumbras lo que quedaba de la habitación.

–Hola, niño, acércate. Quieres ver al bufón, ¿verdad?

Una figura a la que no alcanzaba a verle el rostro se mantenía alejada de la luz de la llama. Podía vislumbrar que era un hombre muy alto y delgado.

–¿Qué pasa, niño? ¿No te atreves a hablar conmigo?

No quería contestarle, mi madre decía que no hablara con extraños y eso precisamente iba a hacer. Pero la verdad es que no me pude resistir.

–¿Dónde está el bufón?

–El bufón está ahí atrás –dijo señalando a la oscuridad. Sus manos eran huesudas como las de un esqueleto con algo de piel–. Si quieres puedes acercarte a verlo.

Diciendo esto pasó por delante de mí y se fue hacia el caldero. Tenía una larga túnica negra como las de los frailes, sólo que el material del que estaba hecha era muy raro. Parecía terciopelo, y hacía algo extraño con la luz, como si la absorbiera de una forma extraña. Por allí por donde pasaba la sala se oscurecía aún más.

Mientras aquel hombre se ponía con el burbujeante caldero yo me dirigí al sitio donde me dijo. Quería ver al bufón y poder hablar con él. Me zambullí en la oscuridad y mientras caminaba despacito me choqué con algo que comenzó a sonar. Había pisado al bufón, pues las campanas repicaban, pero no veía nada.

–Bufón, ¿eres tú? –dije con alegría.

Su risa comenzó a sonar por toda la habitación. Estaba ahí, cerca de mí, pero no lo veía, quería luz.

–Parece que hoy mi pequeño amigo está contento –dijo el hombre de negro–, pero vas a necesitar un poco de luz para poder jugar con él. Ven, acércate, que te voy a dar una vela y ahora te diriges a él y podréis jugar.

Fui entonces hacia el hombre de negro y su túnica absorbe–luz.

–¿Ves este caldero? Lleva una sopa bastante fácil de hacer. Pero le falta un ingrediente todavía. Con él se puede hacer magia –mientras me decía esto, comencé a olvidarme un poco del bufón y la vela, y me interesé más por lo que aquel hombre decía. ¿Sería un mago de verdad?–. Veo que eres poco hablador, pero puedo leer tu cara, tienes curiosidad. El ingrediente más preciado para que este brebaje surta efecto al bebértelo es la grasa de cerdo largo –estaba aún diciendo esto cuando entró mi madre en la tienda y me sacó de allí a patadas.

–¿Que hacías ahí dentro? Sólo era una tienda con muchos trastos viejos.

–No, mamá, había un mago, y un bufón. Iban a jugar conmigo.

–Para empezar no debes hablar con extraños, no debes separarte de mí y no debes inventar cosas. Esa tienda era un trastero de la carnicería de al lado. Ahí no había nada salvo utensilios cortantes con los que te podías haber hecho daño.

No sabía por qué, pero mi madre no podía ver lo que yo veía. ¿Sería yo mago también o es que el mago se había vuelto invisible y toda su tienda y el bufón con él?

Andando así con mi madre cabreada y llevándome fuertemente de la mano nos fuimos a ver al molinero.

Él era un hombre de mundo, había viajado por el bosque muchas veces y cada vez que iba me contaba sus batallitas. Él me entendería y sería a él a quien le preguntaría qué era el cerdo largo.

Continuará…

Historia de cangrejos de terror III

A petición popular, bueno a petición de Vicente, aquí tenéis la tercera parte del ataque de los cangrejos asesinos. Aún estamos conociendo a los personajes, pero dentro de poco acabará esa parte y comenzará la acción por Itica. Os prometo os gustará todo. Pero ahora conozcamos a otro personaje más.

Pinzas, el ataque de los cangrejos asesinos.

3

Otra mañana más, me despierto cansado. Aún no ha salido el sol, pero desde que vivo fuera del pueblo me gusta la tranquilidad del alba. Meto la mano debajo de la almohada y saco mi revólver. Otra noche sin incidentes, pero más me vale ser precavido. Me lo guardo en los calzoncillos y me voy al baño a asearme.

Por fin limpio, mi barba de tres días reluce en el espejo. Me gusta así, realza mi dura tez labrada al sol. Me pongo el peto vaquero y cojo mi sombrero. Busco mi tabaco de mascar, pero no lo encuentro. Esta tarde iré al pueblo a por un poco más, lo necesito para realizar una buena pesca. Me relaja estar con mi caña, mi revólver y mis perros en mi pequeño barco, mientras los peces vienen a mí. Es la supremacía de la especie humana sobre el resto de animales inferiores. Es la experiencia del cazador. Yo.

Salgo de casa y voy al embarcadero. Compré esta casa hace varios años cuando llegué al pueblo de Itica. Desde entonces vivo alejado de todos y cerca del mar.

Entro en el embarcadero a por los aparejos y a preparar la lancha. Allí yacen mis conquistas acuáticas que tengo todavía que disecar y algunas que debo cocinar para esta noche. A ver si mañana limpio todos los garfios ensangrentados que tengo por ahí tirados, los perros podrían hacerse daño. El olor a pescado me embriaga. Cojo la gasolina y me pongo a llenar el depósito de mi barca. El agua del mar nunca es buena para todos estos trastos. Después a la vuelta debo endulzarla un poco con la manguera. Acabo con la gasolina y salgo del embarcadero para ir a la caseta. Así llamo a la casa hecha con tablones de madera que construí para mis perros y para realizar las labores de taxidermia. Tengo dos perros, mezcla de grandanés y san bernardo. Los llamo Chupacharco y Baldomero. También tengo una perra que se llama Daisy, de raza chow chow, a la que me llevo también conmigo hoy. Los tres me siguen porque los tengo enseñados desde que eran crías, en el ejército me enseñaron bien a hacer estas cosas. No olvido meter en la barca mi rifle de dos cañones por si las moscas.

Nos montamos los cuatro en la barca. Enciendo los dos fuera-borda Evinrude y salimos del pequeño embarcadero techado que construí hace tiempo. Nos metemos así en el lecho del río que a 2 kilómetros desemboca en el mar. Pero no avanzamos mucho, hoy hay mala mar y prefiero quedarme en el río, así que echo la caña y me recuesto al lado de mis tres perros a descansar.

El sol me comienza a dar en la cara y me tapo con mi sombrero, acto seguido no puedo evitar dormir. Sueño con la escuela militar y con las misiones en las que me vi enfrascado y la de carne que perdí en ellas.

Despierto mojado y con la barca moviéndose demasiado. Algún perro estúpido habrá saltado al agua. Miro a la barca y falta Daisy. Perra en celo, seguro que ha visto algún pez, se ha puesto cachonda y se ha tirado. Aun así no la veo por ningún lado.

–¿Daisy? ¿Daisy? ¿Dónde estás? –ni un ladrido, ni siquiera un chapoteo. ¿Tanto bucea esta perra? Deberé traerla más a menudo para que sea mi buzo profesional.

Nada, no aparece. Ah, mira, aquí sale. Se queda ahí mirándome, ni se inmuta. Así que la cojo por la cabeza y tiro hacia mí. ¡Dios, qué mierda es esto! Me acabo de quedar con la cabeza solo. ¿Dónde está el cuerpo? ¿Qué coño ha pasado ahí abajo? Cojo mi rifle. Los perros comienzan a ladrar y la caña se mueve. Ha picado algo. ¿Qué mierda es esto? ¿Un puto tiburón ha ascendido por el río? Arranco los dos motores Evinrude pero algo los sostiene por abajo. La barca no avanza por más potencia que le dé yo a la máquina. Algo sale del agua, comienzo a disparar.

Continuará…

El Caminante III

Bueno aqui les dejo un poco mas de las oscuras aventuras de un humano en busca de su maligna mision.

2

La vuelta al mundo mortal nunca era agradable, pero os ahorraré el vomitivo paso diciendo que aparecí cubierto en un fangoso líquido placentario y desnudo como en los albores de los tiempos habían estado los humanos. Es todo lo que debéis saber de mi reconversión a ser humano. Muchas formas tiene la oscuridad de hacer nacer en el mundo mortal a sus devotos, pero a cuál más ruin, maligna y visceral. Por eso esta vez no os contaré cómo ocurrió. Sólo esta vez.

Desperté pues así en una roca cubierta de algas. El sonido de un barco me sacó de mi ensimismamiento. Estaba en un puerto, un pequeño puerto a orillas de un río. Los barcos navegaban tranquilamente por la corriente y los había de muchos tamaños y colores. La parte del puerto donde me encontraba estaba cubierta de piedras como en la que yo estaba subido. Puesto que se veía mucha profundidad allí abajo y el calado de los barcos era bastante grande me zambullí en el agua. Así me pude quitar la sustancia correosa que bañaba mi cuerpo al llegar aquí.

Sí, definitivamente era un río dulzón. Salí del líquido elemento y me encontré a un indigente sentando en la orilla con una botella de whisky. Miraba al infinito el muy lelo. ¿Quién sabe por qué estaría allí? ¿Desgracias o adicción? La gente siempre ve la solución en un vaso de alcohol. Nunca entenderán por más que avance la ciencia que el aceltadehido es tóxico para el cuerpo y que el alcohol provoca la elevación de los niveles del mismo sobre el sujeto. Aunque puede ser que en el año en el que estoy todas estas cosas no se sepan. Debo informarme de la fecha.

Miro al hombre desde arriba y el agua chorreándome lo despierta al caer sobre su cara.

–Sí que debo de estar borracho –dice, mirándome.

Es lo último que sale de su boca, no le da tiempo a inmutarse con el rápido movimiento de mi muñeca. Mis dos dedos se extienden y haciendo de garfio sacan sus ojos de sus cuencas en milésimas de segundo. Abre la boca para gritar e introduzco mi puño restante por su garganta hasta atravesar su espina dorsal y salir por el otro lado. La sensación es como si estuvieras metiendo la mano en una corteza provista de savia y ésta a su vez provista de insectos moribundos. Me siento vivo de nuevo. Acto seguido me como aquellos ojos.

Al hacerlo todo lo que ha visto ese hombre pasa por mi cabeza a la velocidad del rayo. Listo, ya sé dónde estoy, un pequeño pueblo llamado Braunau a orillas del río Inn en Austria. Corre el año 1888, la oscuridad me ha mandando muy adelante en el tiempo. Nunca lo estuve tanto, no por ahora. Mis conocimientos aun así traspasan las barreras de lo mortal. Por eso soy quien soy y ellos son sólo humanos.

Así que aquí debía proteger al hijo de la Estigia forma. Aquí debía enseñar y educar al hijo de la oscuridad. Esta noche miraría las estrellas y su alineación. Debía encontrar a aquel niño y dependiendo de su posicionamiento en el cielo me indicarían el camino.

Cogí la ropa de aquel cadáver y me la puse. Mi pelo rubio y largo, aún mojado, me molestaba, así que con un trozo de tela me lo recogí. Me puse aquel abrigo y aquella ropa que me quedaba ancha y corta. Debía buscarme rápido otro atuendo.

Continuará…

Temo a las tormentas

Bueno alguien entró esta mañana en el foro buscando una historia de terror de terror de tormentas. O al menos esas fueron las palabras clave que puso en el buscador. Me veo en la obligación de cumplir con sus deseos y se otra vez escribe algo parecido en el buscador que pueda contentarse con esta pequeña historia que he escrito en el hueco de la tarde. Va por ustedes y disculpad las faltas de ortografia.

Temo a las tormentas

Otra vez de nuevo sonaba, otra vez podía escuchar el rebramar del viento colándose por todas las rendijas de puertas y ventanas para bailar por mi casa y llegar al salón. Me buscaba de nuevo. La tormenta de ahí fuera me buscaba. Había aguantando muchas desde aquel día pero sabía que este día debía llegar. Otra vez esta sucediendo tal y como aquella vez. Debo sobrevivir.

Los truenos me traían a la memoria recuerdos vagos de esa maldita noche. Los relámpagos brillaban dentro de mi cabeza dando luz a lo que allí paso. La lluvia me taladraba la sien para destruir el área de broca de mi cerebro y así dejarme en un estado de mutismo sepulcral. Intentaba entrar, ella lo sabia y lo estaba consiguiendo.

Cogí un madero más y lo eche al fuego para que la lumbre pudiera devorar con sus llamas aquel combustible y así el calor de la sala pudiera disipar los fantasmas que pululaban por mi pensamiento.

Quizás no fuera como aquella vez, quizás no había venido a buscarme. Habían pasado sesenta años desde aquella noche y no había pasado ni una sola tormenta de forma impasible. Cada día cuando las nubes se arremolinaban sobre el cielo comenzaba a temblar, siempre pensaba en ella en la tormenta primigenia pero después de esa noche todo volvía a la normalidad y el suelo de la tierra se secaba junto con mis temores.

Me senté de nuevo en mi sillón  y cogí un buen libro. Aquella casa era y había sido mi vida. Nací en la habitación del tercer piso de esta victoriana mansión, mi madre murió a la vez. Nunca la conocí viva. Más tarde pasé aquí mi infancia y ocurrió uno de los hechos que marcarían mi vida para siempre.

Lo recuerdo perfectamente, recuerdo aquella tarde. Mi padre volvía de la fábrica cansado. Aun siendo el dueño de esa empresa de zapatos trabajaba como el que más. Debía estar contento pues estaba investigando una patente nueva para el calzado pero llegó perturbado. Recuerdo que recibió a la servidumbre de la casa con un portazo. Haciendo esto llamó a todos nuestros criados y sirvientes y los convocó en el salón en una reunión a la que yo no pude asistir. Me quedé solo sentado sobre las escaleras jugando con mi pequeño peluche. Yo tenía diez años en ese momento y no sabía que me quedaría anclado en esa edad para siempre.

Comenzaron a escucharse gritos salir de aquella puerta y tras varios minutos de alboroto los goznes cedieron y todo el mundo salió en tropel de aquella casa. Todos se fueron y nos dejaron solos a mi padre y a mí.

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Historia de cangrejos de terror II

Bueno para los que le gustaron os dejo aqui la segunda parte de mi homenaje al cine de serie B y Z ochentero y sesentero.

Seguidad las andanzas del misterio de la isla de Itica. Parece ser que pasa algo extraño en el agua y la gente desaparece.

PINZAS, EL ATAQUE DE LOS CANGREJOS ASESINOS

2

Llevo ya cuatro horas de carreteras nacionales y perdidas de la mano de Dios. No voy a llegar a tiempo para abrir las playas este año. Es la primera vez que me toca avalar las playas de esta parte de California. Normalmente me toca la parte de Miami, así que el viaje se me ha hecho especialmente largo; llevo varios días viajando para llegar hasta aquí, pero el Instituto Nacional de Biología y Saneamiento (IBS) se ha empeñado en mandarme hasta este lugar. Al parecer el antiguo biólogo de esta zona se jubiló el año pasado y ahora reside en Itica. Que ya lo podría haber hecho él este año y mandarnos los resultados, pero la jubilación es la jubilación, así que llevo recorrida toda su zona. Ya sólo me queda la población de Itica, pero llego con una semana de antelación, así que estupendo, así podre hacer los estudios tranquilamente y avalar o no la apertura de las playas para este año.

La verdad es que el clima que hace por aquí es demasiado árido, parece todo desértico. La gente debería bañarse por el bien de su salud y de su sistema de compensación de la energía calorífica.

Pongo la radio y están retrasmitiendo el éxito del momento, Surfin’ USA. Qué gran canción, mira que lleva poco tiempo en antena, pero cuanto más la escucho, más ganas de playa me da.

Dios, del capó del coche comienza a salir humo y pierdo el control. Lo dirijo como puedo a la cuneta. Menos mal que la carretera está desierta.

Vaya faena, el coche no arranca y el motor parece que está muerto. Ya decía yo que era mucho viaje para un coche tan viejo como éste. Tendré que andar para buscar ayuda. Parece que a lo lejos hay una pequeña granja abandonada. No puedo más que caminar hasta ella. Por Dios, comienza a hacer bastante calor.

He tardado media hora, pero ya estoy delante de la granja. Parece abandonada, aunque el porche frontal está bastante limpio. Alguien debe de vivir ahí. Sin pensármelo dos veces llamo a la puerta. Una vez, dos veces, tres. Nada, nadie me abre. Intento buscar la puerta trasera. Recorro la ardua granja. Los animales en las cuadras pifian y rebuznan al oír mis pasos por el solitario corral. Llego al porche trasero: la puerta está abierta. Entro de inmediato en lo que parece la cocina. Está bastante limpia, pero hay una pila de platos sin fregar sobre el lavabo. Las moscas se amontonan sobre la comida fría y los restos de lo que antes fueron carnes y pescados.

–¿Hola? –nada–. Perdonen, acabo de entrar en su casa, el motor de mi coche ha explosionado y necesito un teléfono.

La casa parecía vacía, así que busqué el teléfono de la cocina y llamé al seguro del pueblo. Me dijeron que traerían el remolque y me llevarían al pueblo.

Salí de aquel lugar para dirigirme a mi coche, y entonces escuché un gran golpe. Como si alguien se hubiera caído al agua.

Me dirigí al sitio de donde provenía aquel ruido. Era detrás de la granja y detrás de los corrales y las cuadras: había un pequeño estanque de tal vez 100 metros por 50 metros de ancho. Estaba cubierto de hormigón por sus 4 lados para impedir que el terreno lo cegara. Parecía una piscina de agua verde, pero tenía arriba hojas y maleza. Era un estanque. De su lado más norte tenía una compuerta enrejada por donde se filtraba el agua que venía desde algún río. De su lado más sur ocurría lo mismo, pero la valla de ese lado estaba abierta al cauce del río y formaba un riachuelo de no tan pequeña envergadura que iba hacia el pueblo, supongo, ya que seguía el camino que yo debía coger. Lo más raro de todo es que sobre el agua había una reja de metal. Debería hablar con el alcalde del pueblo sobre esto. Esta agua no es potable y posiblemente esto sea una desaladora o algo por el estilo bastante rudimentaria. Sea lo que sea, esta agua se dirige al pueblo y puede causar una pequeña pandemia de gastroenteritis y no debo permitirlo.

Sin decir nada más volví hacia mi coche y esperé a la grúa escuchando otro éxito del momento: Johnny B. Goode.

El Caminante II

Bueno aqui les dejo el segundo capítulo de este cuento oscuro que sale de las mismisimas entrañas de los sueños de la magia.  Esperoos guste esta continuación y espero disculpeis mis faltas de ortografia ya que no soy de este planeta y me cuesta escribir en vuestro idioma.

1

Nací demasiado pronto, cuando el mundo aún no había acabado de fraguarse. Mi nombre es Marcus y la edad oscura fue mi cuna. Donde los reyes reinaban con manos satánicas y el cristianismo era la religión junto con la espada, allí nací yo. A capa y espada los caballeros conquistaban tierras. En la Edad Media viví mi infancia.

Mi madre era curandera en Inglaterra. Vivíamos en el bosque desde que tengo uso de razón y de mi nacimiento han pasado ya 9 años. Nuestra casita de madera es todo el hogar que he conocido. Tenía un molino de agua en una de sus paredes ya que estaba situada junto al río y la fuerza de este nos servía para multitud de tareas. Mi madre era muy lista. Desde pequeño me había enseñado a vivir con el bosque. A vivir del bosque. Todo lo que necesitábamos estaba allí. Nos alimentábamos de vayas y sabía reconocer las yerbas curativas de las hierbas que no debía probar nunca nunca.

El pan lo hacíamos nosotros mismos, solo teníamos que comprar trigo en el mercado del castillo y pagar al molinero.

Mamá se cabreó mucho conmigo ayer pues fuimos al castillo a por trigo.

El mercado estaba como siempre lleno de personas por todos lados. Algunas provenientes de muy lejos, de Asia, incluso de países nevados. El mercado estaba situado dentro de la muralla del propio castillo, pero este estaba a su vez sobre una colina a lo lejos. En el centro del mercado se encontraba la catedral.

Pasamos por la calle de los pescaderos que especialmente me daba bastante asco, ese olor era asquerosísimo. Llegamos por fin a la zona que desprendía el mejor olor de todo el mercado, la parte donde horneaban el pan y donde hacían los pasteles. Nunca tuvimos dinero para comprar nada de allí más que trigo pero solo con olerlo se me hacía la boca agua. Prometí que cuando fuera mayor le compraría a mamá un pastel bien grande y una pieza de pan que le duraría quince días.

Mientras mamá compraba me atrajo la atención un hombre vestido de bufón bastante pequeño que llevaba un sombrero de cascabeles. Así que lo seguí. Total a mamá no le importaría mucho. Solo sería un momento. Seguí a aquel personaje por las calles y calles del mercado. Pasé por multitud de puestos de todas las formas y colores, la herrería, la orfebrería, las tiendas de lana para las épocas de invierno. Cuando me perdía de aquella pequeña persona resonaban sus cascabeles para que lo siguiera y cuando no, salía de detrás de una tienda y me llamaba con una sonrisa socarrona.

Siguiéndolo así llegué a una tienda roja echa de una tela parecida al terciopelo. Era bastante grande y no tenía tiendas alrededor. ¿Donde estaría el bufón? Escuché pues así el sonido de los cascabeles proveniente de dentro de la tienda.

Aparté el velo de seda que servía de puerta de aquella tienda y todo se tornó muy oscuro allí dentro.

Continuara…

Historia de cangrejos de terror

Bueno puesto que me han comentado que hace poco entró una persona buscando una historia de cangrejos de terror. Ninguno nos hemos podido resistir a cumplir los deseos de nuestros fans ( si no tengo abuela y me quiero mucho). Por todo eso Enano me ha incitado a escribir una historia que mezcle estas palabras y si en menos de cinco minutos se me ha ocurrido. Aqui teneis pues el primer capitulo.La historia es muy simple, con ella le voy a rendir homenaje al cine sesentero, setentero y ochentero. A esas grandes peliculas cuyos efectos especiales dejaban mucho que desear como la tierra contra los platillos volantes y las peliculas de tiburón, piraña, la de aquel pulpo gigante. En fin un homenaje a pelis en blanco y negro y las primeras peliculas de color asi como mis pelis favoritas de esa epoca con las que tantos de nosotros hemos disfrutado y aun disfrutamos. Espero os guste y seguid exigiendonos cosas que trabajaremos en ellas.  Solo teneis que comentar o ya se creara un tablón especial para peticiones.

PINZAS,  El ataque de los cangrejos asesinos.

Prólogo

En un mundo donde el color apareció hace relativamente poco y la imagen mental que os podéis hacer de él aún tiene ruido y marcas de cigarrillo; en un mundo donde los coches son chevrolets y cadillacs, donde el rey del rock sigue siendo Elvis y donde los efectos especiales aún están hechos en stop-motion con grandes animales de plastilina y masilla; en un mundo donde los pueblos tienen sheriff y no policías nacionales, donde muchos llevan gorros de cowboy y la música swing es el último grito de la discoteca; en un mundo donde el technicolor impera y los personajes están llenos de tópicos: en un mundo así se sitúa nuestra historia.

No os asustéis si se quema el rollo de las cintas de la mente y tenemos que cambiarlas, no os asustéis si de vez en cuando el doblaje cambia de persona e, incluso os digo, no os asustéis si la imagen se mueve o aparecen manchas oscuras, si las deformidades del terror aparecen por doquier y aun si los años 80 se transforman en el presente.

Bienvenidos pues a Itica, una población costera del sur de California donde el verano está a punto de llegar.

1

Por fin, estaba deseando llegar a esta parte, por fin Mona estaba conmigo. Habían hecho falta cuatro packs de cervezas pero había servido para llevármela a la playa y salir de esa aburrida fiesta. Ya por fin se había quitado el frío del invierno y el tiempo comenzaba a preparar de nuevo la estación de los baños y de las quemaduras de sol. Estaba deseando ver los bronceados de las chavalas y disfrutar de una buena tabla de surf, pero lo que más deseaba ahora mismo era besar a Mona.

Ahí estaba sentada junto a mí en aquella duna, su perfecto culo sobre mi toalla de Snoopy que había comprado a aquel moro hacia dos años. Cuántas historias puede contar aquella toalla.

–Nacho, estoy un poco mareada.

–No te preocupes Mona, agárrate a mí fuertemente y mira las estrellas.

Allí la tenía, abrazada sobre mi torso marmóreo de surfista. Podía oler su pelo mientras me adentraba en su cabellera. Era el aroma de los dioses, mitad olor a mujer y mitad olor a cerveza. Qué más se puede pedir en esta vida.

–Qué bonitas las estrellas.

–No tanto como tú, Mona, ellas están en el cielo, sin embargo tu presencia divina ha ido a caer en la tierra para estar hoy aquí junto a mí. Le doy gracias a las estrellas por traerte.

–Qué cosas más bonitas dices, Nacho. Me está entrando calor. Vámonos al agua.

Bien, lo que llevaba deseando desde que la monté en el coche, ahora iremos al agua y después se pondrá melosa debido a la borrachera y a mi camelo y se quitara el biquini y jugaremos a los submarinistas… ya me entendéis.

–Bueno, Mona, no tengo muchos ganas, pero es imposible decirle que no a una mujer tan increíble como tú. Casualmente, como soy surfista, llevo siempre el bañador debajo del pantalón –obviamente esto era mentira, pero no se iba a dar cuenta.

–¡Uy, vaya! –dijo moviendo la cabeza, la verdad es que estaba bastante borracha–. Yo no me he traído el biquini –mientras decía esto se empezó a desnudar allí mismo.

–Oh, claro, si tú quieres yo también me lo quito.

–Sí, pero yo me voy al agua. ¡A ver si me coges, Nacho! –gritó mientras corría hacia la orilla desnuda como Dios la trajo al mundo. Bueno, un poco más crecidita, pero Dios eso ya lo sabía.

Así que corrí, me quite los pantalones y el bañador y fui a la orilla en la oscuridad.

Allí no estaba ella. Todo estaba muy oscuro y no la veía.

–¡Nacho! Estoy aquí, en el agua –era increíble lo que aguantan las mujeres con el alcohol, pero bueno, mientras se emborrachen siempre habrá mujeres que vayan a la playa desnudas.

–Ahora voy cariño, te voy a coger y voy a ser muy malo.

–¡No tanto como yo!, que tengo ganas de hacerlo todo contigo.

Eso fue el culmen, la nota final, la gota que colmaba el vaso. El centro de control mental situado entre mis piernas se activó y sacó el periscopio, y yo cual submarino me sumergí a través de las frías olas del mar hacia mi futuro sexual.

–¿Dónde estás, Mona? –dije.

Llevaba dos minutos nadando para entrar en calor con el periscopio hacia arriba y no la veía por ningún lado. Aparte, se veía poco en la oscuridad de aquella noche y la negrura del agua que me cubría. Silencio por todos lados. Nada, sólo el sonido del oleaje que iba y venía a mi alrededor y mecía mi excitado cuerpo al son de la pleamar.

–Mona, ¿estás por ahí? –mis palabras se las llevaba el viento. Pero el sonido de algo acercándose comenzó a sonar en mis oídos. Había burbujas, muchas burbujas, que se acercaban a mí. Me iba alejando de aquella cosa, me daba miedo. La negrura bajo mis pies era inmensa y esa cosa nadaba rápido. Pero entonces me dije «seguro que es Mona que está borracha y se le ha ido la cabeza», así que me abalancé hacia aquello que se movía y note algo blando por mis pies. Del agua pude distinguir como salía a flote un brazo, a éste le siguió una gran mata de pelos rubios y mojados, y Mona dio un salto y se abalanzó sobre mí.

–Ven hacia aquí, machote –dijo mientras me agarraba por la cintura con sus piernas y con sus brazos por mis hombros y sus manos en mi espalda.

Qué sensación más buena, siempre me encantará estar en esa postura con una mujer. Diciendo esto mi pequeño periscopio encontró puerto en una cavernosa grieta y al son del mar comenzamos a mecernos arriba y abajo. Gritamos y aullamos a la luz de la luna, que se dignó a iluminarnos en aquel acto impuro y bello mientras nosotros comenzamos a extasiarnos el uno del otro. Algo comenzó a rozarme la pierna una y otra vez. Pero estaba tan metido en el asunto que lo dejaba pasar.

–No pares, Nacho, ya casi, ya casi.

–Sí Mona, no paro, no paro.

Mientras tanto, sentí como algo caliente comenzaba a emanar a mi alrededor.

–Oh, Nacho, me duele, me duele mucho, para, para.

–No, Mona, sólo un poco más.

Entonces Mona comenzó a gritar y pude distinguir como un líquido negruzco comenzaba  a salir del oscuro fondo del agua. Entonces Mona se deshizo de mí y se hundió mar adentro. Yo la agarré por los brazos y tiré hacia arriba.

–Mona, ¿qué coño te pasa? sube, venga, sube, coño.

Tiré y tiré. Pude sacarle medio cuerpo.

–Nacho, me comen, me muerden –diciendo esto se hundió otra vez y al tirar yo más fuerte  me lleve sólo los brazos, separados del resto del cuerpo. Entonces comencé a correr por el agua, esa cosa me estaba comenzando a morder las pantorrillas. Me costaba demasiado correr a través del agua pero no quería meter el resto de mi cuerpo ahí abajo para nadar. Empecé a sangrar, lo notaba, notaba la sangre salir a través de mis muslos. Ya estaba cerca, me acercaba a la orilla, comencé a correr por la arena, pero algo me destrozo el talón de Aquiles. Caí derrotado. Y eso se acerco a mí.

CONTINUARAAAAA…..

El Caminante

Bueno, se me ha ocurrido una historia que debido a su densidad iré subiendo capítulo a capítulo a este foro. Si gusta subiré más capítulos, si no los escribiré pero los guardaré para mí. Esto es sólo la introducción. Espero los comentarios de acogida.

Introducción

He muerto de nuevo, lo sé porque otra vez está todo oscuro. Ni una llama iluminaría la oscuridad estigia en la que me encuentro. Es densa y negra, tan pastosa como la brea y aún más caliente que ésta hirviendo. Me quema, me cuesta andar. Camino por senderos inciertos donde me voy quemando poco a poco y el aire no llega a mis pulmones. La oscuridad se cierra en torno a mí, entra a través de mi garganta, mi nariz, mis ojos y mis poros. Llena cada célula de sus espesos y malignos nutrientes y a la vez me abrasa.

Quema como mil demonios. Sólo puedo sentir y siento como la piel se separa de mis músculos, como la necrosis se extiende por mis miembros, mi torso, mi rostro. Rápidamente pierdo la hidratación que tenía debido al calor. El agua de mi cuerpo se evapora cual rocío mañanero al viento. La piel seca se desmantela, pelándose rápidamente como si me desprendiera de un traje ancestral que me hubiera acompañado tras años de vida. Mis ojos salen de sus órbitas mientras estallan. El pus desciende por mi cara cubierta de oscuridad y estalla en mi boca con una explosión de sabores agridulces producidos por los mucopolisacáridos de ácido hialurónico que cubrían mi humor vítreo tornándose ahora en una mezcla purulenta que recorre mi garganta cual resina. Odio esta parte, no me gusta el sabor de mis ojos ni la sensación que producen cuando revientan. Pero me corresponde volver a mis orígenes para comenzar de nuevo otra vez.

Me muevo a través de aquel fango de ausencia de luz, camino cual astronauta sobre la luna, cual dinosaurio evitando morir en un pozo de brea. Sigo hacia delante. Ahora le llega el turno a mis músculos. Comienzan a emitir rápidas contracciones mientras las punzadas de dolor llegan a mi cerebro. El corazón bombea rápidamente presa de un cronotropismo inducido por el ansia de la oscuridad. El metabolismo gasta todas las reservas de energía de las que dispongo y el calcio sale disparado a borbotones de las cisternas para hacer estallar al músculo presa de una apoptosis anunciada desde los albores de mi nacimiento. Siento el desgarro de los tendones. Estoy tan receptivo que siento la fibrilación de mi corazón dando las últimas bocanadas antes de estallar en pequeños trozos de carne caliente.

Caigo de rodillas al suelo como tantas otras veces. Mis huesos ahora sucios y recubiertos de restos de sangre y piel tocan tierra. La oscuridad que me envolvía se ha retraído formando una cámara. Una sala circular con un pozo en el centro. Un pozo cerrado con maderos y asegurado con clavos. El pozo donde descansa mi primer cuerpo el pozo donde descansa mi cadáver desde hace cientos de años. El pozo donde mi alma se cobija del infierno.

Me acerco arrastrándome a él, pues los huesos no sujetan bien la estructura esquelética. Alzo las manos e imploro.

-¿Qué queréis de mí esta vez? ¿Qué es necesario, oh, dime Señor? ¿Cuál es la empresa que me aguarda en el mundo mortal?

Solo silencio es mi respuesta, las paredes de oscuridad de la sala circular marean mi visión de espíritu errante mientras giran y giran.

-LAS ESTRELLAS TE ELIGIERON, SOLO UNA VEZ CADA TIEMPO EL SEÑOR PUEDE REENCARNARSE EN UN MORTAL.

-Oscuridad, ¿debo proteger a ese niño?

La ola de brea cayó sobre mí y de nuevo  la inconsciencia pudo con mi espíritu.

Continuará…

Una pequeña historia de terror

Para los cienes y cienes de fans que añoraban mis escritos y los que aún no me conocen os traigo un pequeño relato que escribí hace tiempo. Se lo hice y por tanto se lo dediqué a mi hermano ya que era para su clase de lengua. Le pedian una historia de terror y me pidió a mi que se la escribiera. Se titula » Querido Diario» espero pues os guste.

(disculpad pues así mis faltas de ortografia y las palabras escritas en mi propio idioma)

QUERIDO DIARIO

Querido diario:

Otra tormenta, la habitación se tornó oscura cuando el manto de la fría noche apagó los resquicios de la luz de la luna que hasta entonces había entrado suave por mi ventana.

El tronar sonaba como el tañido de una campaña rota mientras yo tapado hasta las cejas esperaba cauto la hora en la que el volviese a aparecer de nuevo.

La primera vez intento llevárseme a la oscuridad a través del armario. Lo recuerdo perfectamente.

Fue una noche de domingo, pocas horas después tenia que levantarme para otro nuevo día en el frío y austero colegio. Lleno de pabellones más antiguos que las propias monjas que por ellos transitaban.

Había comido una cena pesada a base de huevos con panceta que los ingleses se esmeran en llamarla bacon y odio a la gente que así lo dice pues en España se habla español. La cena me pasaba factura y empecé a sudar como un pollo.

Entonces comenzó la tormenta y con ella mi inquietud por no poderme dormir debido al dolor de barriga y los sudores. Hasta entonces no me habían dado miedo las tormentas pero eso cambiaría pronto.

Vi pasar la una y las dos en mi reloj digital de la mesilla de noche y poco después Morfeo me acogió en sus brazos.

Tuve pesadillas de horrores indescriptibles que se movían por detrás de las paredes y buscaban algo humano que llevarse a la boca, todo esto debido a la mala digestión que estaba haciendo. Solo tenia nueve años y dos meses pero mi hermano estaba estudiando medicina y era muy listo además me había dicho que a Bram Stoker se le ocurrió el personaje de Drácula después de una indigestión de cangrejo.

Continué en mi mundo de oscuridad y horrores hasta que un ruido me despertó. Un ruido de algo vivo que respiraba, algo que estaba muy cerca de mí. Sentía su aliento dando contra mi cara. Era caliente y olía a pescado crudo.

No me atreví a abrir los ojos y estuve unos pocos minutos que me parecieron horas allí  inmóvil mientras aquella cosa estaba a mi lado.

Tal era mi terror que me hice pipí encima por tal de no mover ni un músculo.

Y esa cosa estaba allí esperando a que me moviera observándome y echándome su aliento en la cara. Mientras tanto fuera llovía con furia.

Entonces me llegaron las nauseas, la panceta y los huevos me estaban pasando factura y no pude reprimir el vómito así que sin mirar nada más, lleno de pipi hasta las cejas, corrí hacia el cuarto de baño de mi cuarto dejando atrás cualquier cosa que pudiera estar allí.

Pude ver toda mi comida en el sumidero del váter y cuando me hube repuesto me levanté, miré hacia el espejo que estaba enfrente de la puerta del baño y entonces lo vi.

Una pequeña figura de no más de un metro pasó fugazmente por el pasillo en dirección a mi cuarto.

Una sensación de valentía subió por mi cuerpo, algo que mi hermano llamaba adrenalina y que te ayudaba a hacer cosas heroicas.

Corrí a mi cuarto siguiendo a esa figura. Cogí mi bate de béisbol que guardaba en la papelera al lado de mi puerta y entre allí.

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