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He sido abducido XIII

Otra parte más de las aventuras de este aventurero aventurado. Que lo disfruten.

He sido abducido XIII

4.00 Se encienden las luces del supermercado. Llevo toda la noche pensando los pasos siguientes, por fin vamos a conseguir ser héroes, bueno, yo héroe y ella heroína, pero no la cosa mala que daña el cuerpo; me refiero a la tía buena que está con el héroe, pero además lista.

4.05 Debo equiparme, y Marty también. Comenzamos a ir por los pasillos con naturalidad.

4.07 Corremos por los pasillos leyendo los típicos carteles de “a 500 metros sección de lavandería”, seguimos hacia delante, a veces fingimos ser pareja y nos peleamos por el suavizante de los estantes. Yo le reprocho que para la ropa blanca lo mejor es el Perlán, pero ella dice que no firmemente, que le doy muy mala vida siempre lavando y limpiando. Yo exclamo que voy al bar con los amigos porque me gusta el fútbol y ella que la abandono con nuestro dos hijos. Total, que de tanto fingir acabamos peleados.

4.08 Me marcho furioso y ella se va por otro camino.

4.09 Será mala persona, ni que le diera tan mala vida, seguro que nuestros hijos Julio y Verne no dicen lo mismo. Ahora, eso sí, la custodia la pido para mí enterita.

4.40 Tras un largo rato de andar enfurruñado me doy cuenta que era todo teatro, que ni tengo familia con ella ni nada, y lo peor de todo, aún no ha abierto el supermercado, hemos estado fingiendo para nada.

4.41 Luego la buscaré, estoy bastante cerca de la sección de los trajes, así reza en el cartel. “Trajes de Armanio Tucci”, esa es la marca buena.

4.42 ¿Cuál me pongo? Vale, necesito uno fuerte, ¿habrá tela espacial de kevlar?

4.43 Me pongo a buscarla como loco.

4.51 No, hay tela de todos los tipos, tela de crocosario, de león-oso-panda lunar, de zombi nazi, hasta tela de tela.

4.53 Tras resoplar varias veces elijo un traje chaqueta de un polímero que se me adapta al cuerpo como un guante, quizás me marca un poco de paquete, pero eso no es por culpa del polímero de nunca. Es por mi constitución, por algo me llamaban el rompebragas en el instituto.

4.55 Escucho unos pasos mientras estoy en calzoncillos probándomelo, apunto con el dedo como si fuera una pistola imaginaria, hay una vez en la vida que eso funciona.

4.56 Cobi sale de entre los estantes. “Qué lista es mi niña”, pero vamos, cuando quiere, porque para otras cosas me lleva por el camino de la amargura. Si es que yo sabía que la debería de haber llevado a un colegio de pago.

4.58 Ya vestido le pregunto a Cobi si le gusta. Ella se mea en señal de aprobación.

4.59 Ahora en busca de los zapatos.

5.01 Vaya, vaya, una galería de planchas de metal, una vez vi una peli de Clint Eastwood. Me llevaré unas cuantas. Pillo el carro normal, no el volante, porque no hay ninguno por aquí.

5.02 Empiezo a cargar planchas extrafinas para llevármelas al mirador. Ahora solo me queda el calzado.

5.30 Por fin lo encuentro, esto ha sido bastante más fácil, pillo unos zapatos revestidos de hierro por dentro, como los de los trabajos que operan con maquinaria pesada, y me voy de nuevo al mirador.

6.00 Llevo media hora buscando el camino de vuelta para variar, pero no fue por culpa de los pokemons ni de la parte de lencería fina de “Victoria tiene un Secret y no te va a gustar”.

6.01 Juego con Cobi a hacer como que le lanzo algo y la pequeña corre y lo busca.

6.03 Cobi ha ido y no vuelve.

6.05 Ya volverá.

6.14 Llego por fin al mirador, subo las escaleras con todos mis bártulos.

6.15 Marty no ha llegado aún. Espero que se haya dado cuenta de que todo era mentira y no esté intentando contactar con sus hijos imaginarios.

6.20 Me pongo las gafas de vieja que siempre llevo conmigo para estas ocasiones, cojo mi traje de chaqueta y las planchas de metal extrafino y cual abuela de Macgyver me pongo a hacer patrones, calceta y a coser.

7.00 Anuncian que el supermercado abre, yo sigo a lo mío.

7.02 Llega Cobi con aire risueño, yo lo miro, le doy dinero diciéndole “que no se entere tu madre de que te he dao esto, guárdatelo”, y sigo con mis labores de señora mayor.

7.20 Resoplo un poco por no tener a María Teresa Campos.

8.00 Listo, ya tengo mi nuevo traje. El último traje que estrenaré, el traje perfecto para salir de aquí.

8.01 Yuju, estoy soñando, lo sé porque esas dos mujeres semidesnudas no están en la realidad. Bueno, vale, y tampoco tengo un miembro tan viril.

8.04 Antes de alcanzarlas doy un salto en el espacio y aparezco otra vez en aquel sitio, la torre, el camino de baldosas, la caja.

8.05 Algo es distinto aquí. Parece que en la torre vive alguien o algo. Siento que quiere que lo saquemos de allí. Siento que…

8.07 Me despierta el sonido de la puerta. Acaba de entrar Marty.

8.15 Me pega cuatro guantazos para que la mire a la cara. Ha encontrado su traje, polímero negro, ajustado, cremallera delantera de la marca “busco a Jacqs”.

8.20 Sale del baño diciendo que aún le falta un complemento, tacones rojos. Un tacón para dominarlos a todos. Un tacón para encontrarlos…

8.21 Le doy varias planchas de hierro de las que han sobrado y le aconsejo algunos arreglos para su nuevo traje de combate.

8.22 Esta noche estaremos preparados. Primera fase del plan, a por el guardián.

8.23 Mientras tanto me pongo a entrenar mis dotes de kung fu con la máquina y a aprender un poco de batuka, nunca se sabe.

He sido abducido XII

Seguimos viento en popa a toda vela. Después de una mar en calma, viene de nuevo el viento de levante que sopla fuerte en el mar de las palabras y nos trae otra nueva entrega de la serie que está dando el cierre por fin.

He sido Abducido XII

8.00 Otra vez el campo de rosas y la caja sobre el pedestal, otra vez el viejo cartel que reza “FOLLOW THE YELLOW BRICK ROAD” y aquella torre derruida. Escucho el sonido de mi alma atrapada, escucho el sonido de mis anhelos allí guardados, de mi vida en la tierra, de mis sueños y emociones.

9.00 Una mano me aleja de aquel sito de ensueño y me lleva a la realidad, a la asquerosa realidad del centro comercial, del mirador, de la cabra atada a la pared con sus alitas cartilaginosas, de Cobi durmiendo tan monísima como es, de las estrellas, de este asqueroso sitio del que no puedo salir. Miro a mi lado y veo a aquella mujer de ojos verdes durmiendo a mi lado con la mano posada en mí. Quizás este sitio no sea tan asqueroso. Respiro hondo y feliz.

9.30 He conseguido controlarme durante todo este tiempo por ser un caballero, pero con una mujer en tu cama es difícil controlar el instinto animal que posee al macho alfa. Recuerdo que la encontré en la ducha y luego me la traje aquí como pude, ella no habla, parece una niña pequeña que no recuerda nada, así que le dejé la cama para domir y luego me acosté en el suelo. Mi sonambulimo y ganas de mujer me debieron de traer a la cama durante la noche, algo inevitable por otra parte.

9.40 Me doy una larga ducha, y aprovecho para pensar un poco en qué iba a hacer con una mujer así, aparte de lo evidente.

10.00 Me pongo a preparar huevos con chorizo, que eso lo he podido aprender fácilmente y con lo buenos que me salen creo que se pondrá contenta.

10.11 El olorla despierta y corriendo me quita la sartén y se pone a comer, es como una niña pequeña vestida con una sucia ropa de a saber cuándo. Como de una forma más bestia que Trinidad y toda su familia juntos.

10.21 –T-ú e-r-e-sh-u-m-a-n-ac-o-m-oy-o –parece que no me entiende aunque le hable lento–. Y-ot-e-n-g-oc-o-l-i-t-a, t-ú c-o-n-c-h-i-t-a –nada, ni pajolera idea. Tengo a una mujer con el cerebro de Cobi y tan mona como él.

10.22 –Bueno, como no me entiendes, lo primero es lo primero. Te voy a llevar a asearte, que te canta el alerón más que a una mofeta en una feria.

10.25 Le abro la ducha 42 y la meto dentro, acto seguido cierro y espero a que ella solita entienda que tiene que ducharse. Mientras tanto espero fuera con Cobi sentanda en mi regazo. ¡Qué mona es!

11.00 Esta mujer no acaba, ya estoy empezando a cansarme, solo vivía mejor.
–¡Que voy que voy! –decido así entrar en la ducha y para mi sorpresa la muchacha de ojos verdes no está y en su lugar hay un gran hueco en la ducha que da a otra habitación.

11.02 Entro con miedito esperando que una bola gigante salga del techo y me persiga por todo el supermercado, pero gracias a mi látigo y mi sombrero me salvaría.

11.03 Mierda, no tengo látigo ni sombrero. Entro con más miedito.

11.04 Es una especie de laboratorio. Un cuartucho con multitud de objetos científicos cuyo nombre desconozco, como el astrolabio, probetas, mecheros bunsen, un miniparaguas, un plátano, doce bolas unidas sobre las que reza «made in china», unos bocetos de Leonardo da Vinci y un poster de la Superpop entre otras cosas mucho menos científicas. Allí estaba la señorita con un libro en la mano, sentada en el suelo y completamente desnuda otra vez.

11.07 –Señorita, oiga, debe ponerse la ropa, ¿me comprende? Bueno, es igual, tampoco pasa nada. ¿Qué lees? –para mi sorpresa, además de que pasaba de mí como el resto de mujeres de la tierra (aunque esta no lo fuera), tenía un libro que conocía bastante bien.

–Eh, ese libro lo conozco, es el Micho 1. Quieres aprender a leer, ¿verdad? Está bien, yo te enseño, y cada vez que aciertes te doy un besito en los labios, verás qué bien nos lo vamos a pasar.

12.00 Oh dios, se me ha desmayado en pleno acto, digamos, práctico del idioma. Ya habíamos aprendido español, cubano, francés y estábamos aprendiendo el nativo de los misioneros. Nunca supe que con el Micho se pudiera llegar a tal grado de aprendizaje, pero se ha desmayado. Tal vez tenga una herida en la cabeza, porque del susto la he soltado y ha caído sobre el suelo vivo, y tal vez ahora esté inconsciente y sangrando. Tal vez.

12.10 Nada, nada, ni siquiera se me ha vuelto a caer, ni tiene otra herida en la cabeza. Ni que yo fuera tan torpe. Llevarla hasta la cama es fácil.

12.20 Pero el suelo está resbaladizo, y cualquiera se podría tropezar y que cayera de boca su carga contra una puerta. Menos mal que a mí no me pasa.

12.25 Nunca la llevaría arrastrando por las piernas para evitar que se caiga, y mucho menos darle otro golpe en la cabeza al doblar una esquina, por quién me tomáis.

12.30 Uf, por fin llego y la dejo suavemente en la cama. Con esa sonrisa tan guapa y toda rojita de sang… Voy a por algo para curarla.

12.33 Cojo papel higiénico y la envuelvo enterita como si fuera una momia, me esmero más en sus pechos, ya que parece que tiene frío. Espero que se cure con esto. Si tuviera una cámara a mano le echaba una foto de lo bien que me ha quedado.

12.34 La cabra voladora mira el papel higiénico con ganas. Espero que no se suelte y le dé por lamer sus heridas.

12.36 Desato a la cabra y me la llevo conmigo con gran esfuerzo, ya que está hipnotizada por la mujer y su envoltura, que supongo que para ella será muy sabrosa y comestible. La verdad es que mirando así yo también lo haría.

12.40 Bien, ahora estoy en el laboratorio sentadito, la cabra está atada con las bolas esas de made in china al cuello, no se moverá.

12.42 Está todo hecho un asco, debería limpiarlo un poco y ordenar los papeles, se ve que quien tuviera este lugar sería un poco guarro. Así que me pongo a ello.
13.51 Listo, he limpiado hasta a la cabra, me va a dar una pena comérmela luego, pero es que esta mezcla de agerul y cilit bang que guardo va como la seda. No veas como patina el suelo de limpio que está.

13.53 Y ahora a leer todos los archivos que hay por aquí, total, no tengo hambre y me da penita la cabra. Cuando acabe haré una buena comida.

13.54 Me siento en la mesa, quito todos los artilugios científicos y cojo el primer folio con letra de mujer, debe ser mariquita el hombre que estaba aquí, eso explica la cantidad de objetos fálicos.

15.00 Vaya, Mar Saknusen o Marty, el tío que me ayudó gracias a sus intrucciones a salir de la jaula, es el que ha construido este refugio hace muchos muchos años. Debo encontrarle, quizás la muchacha pueda olerlo y por eso llegó hasta aquí.

15.01 Me ruge la barriga, creo que la cabra va a terminar sus días en mi estómago. Voy a ver si la chica de ojos verdes quiere algo de comer.

15.02 Me deslizo suavemente por mi suelo limpio como si fuera un ángel y llego al mirador.

15.03 Aquí pasa algo raro.

15.04 Dios, la chica no está en la cama, eso es lo que no me cuadra.

15.07 Nada, no la encuentro, espera, en el suelo hay algo una mancha de sangre.

15.07.20 Me acerco y algo me cae encima y me duerme con un olor a mujer.

17.06 Despierto atado a la cama, mis extremidades están atadas a los cuatro extremos de aquella estructura.

17.07 Ya sé, ahora viene la tía buena, estoy en un sueño así que me relajaré y disfrutaré.

17.08 Ahí aparece, es la chica de ojos verdes.

–Bueno, ¿qué vas a hacerme hoy? Tengo que reconocer que mi mente ha creado una imagen perfecta de ti.

–¿Quién eres?

–Soy un tipo con suerte.

–¿También te han abducido?

–Vaya, sabía que te daría las facultades del lenguaje en mis sueños, pero no que me cortaras todo el rollo. Esto empieza a no molar.

–No es un sueño, imbécil, soy Mar Sakunsen.

–Perdona, pero Mar Saknunsen es un tío, no me vengas con tonterías, subconsciente malo, subconsciente malo.

–Está bien, ahí te quedas hasta que respondas a mis preguntas, volveré luego.

17.18 Vaya, parece que esto no es un sueño erótico, ni siquiera un sueño pornosabático, es mucho peor, es la realidad.

17.19 Me revuelvo en la cama, pero nada, las cuerdas están muy bien atadas.

17.20 Cobi entra en el mirador y me mira en forma de cariñoso saludo.

17.22 –Cobi, muerde las cuerdas.

17.23 –Cobi, cuerdas morder tú.

17.24 –Cobi, haz ñiñiñiñi con los dientes en las cuerdas.

17.25 –Ni siquiera vas a desatar a la cabra, ¿a que no?

17.30 Eso, súbete y cágate en mí para variar, se ve que me quieres. Lo mismo está marcando su territorio para que la cabra deje de mirarme.

17.31 Bueno, lo único que faltaba era que la cabra se meara en mí, menos mal que la tengo atada. Está bien, piensa, piensa, has visto Macgyver siete veces.

17.42 ¿Por qué nadie tiene una goma a mano cuando hace falta, ni siquiera un lápiz ni un clip?

17.45 Ya lo tengo, mearé en las cuerdas y se volverá más deslizante, así podré salir. Comienzo con mi tarea.

18.07 Por fin lo he conseguido, he hecho pipí sobre todas las cuerdas, no quieres saber cómo llegué a las de las manos.

18.08 Las puertas se abren.

–Vaya, serás asqueroso.

–Solo quiero hablar, señorita Marty.

–Y has tenido que mearte como un bebé, ¿no?

–Lo vi en un documental de tiburones.

–Está bien, pégate una ducha y cuéntamelo todo.

22.00 Se lo conté todo.

–Muy bien, otra abducción por error te ha traido aquí.

–Pero señorita Mar, tienen demasiados humanos como para ser un error, ¿no?

–No creo que sea a propósito, solo que ya que los tienen los usan como empleados.

–¿Sin embargo si roban otras especies de otros planetas no?

–Sí, con total certeza, como que usted mismo las vio según me ha contado.

–Sí, así es, ¿y usted la memoria cómo la ha recuperado?

–Me debí dar un golpe, me desperté con sangre.

–Vaya, lo siento, este sitio es muy traicionero.

22.30 Hablamos un poco más de los pasos a seguir, pero nos encontramos igual de perdidos que al principio.

22.36 –No tenemos instrumental para defendernos, no podemos bajar ahí y pretender salvarlos a todos sin protección, y luego está eso de las puertas que no se abren.

–Sí, tienes razón. Oye, aún tienes el pelo mojado, toma la toalla y sécate, anda.

22.36.05 De pronto tengo en mis manos lo que tanto he anhelado desde que llegué a este maldito lugar, el instrumento que nos ayudará definitivamente a salir de aquí. Es esponjosa, es grande, suave y rosa. Tengo la toalla.

23.05 Paso bastante tiempo con Mar gritándome al oído, pero necesitaba contemplar aquel artilugio. No diré que no lloré, pues no todas mis lágrimas son amargas.

23.06 –¿Por qué lloras, qué te pasa, me escuchas?

23.07 –Creo que sé cómo salir de aquí.

–¿Cómo?

–Con esto, Marty, con esto –aún sostenía en mis manos la toalla.

He sido abducido XI

Poco a poco el círculo se va cerrando en torno a nuestro protagonista, pero ¿qué hay de los secundarios? Ellos también tienen su propia historia.

He sido Abducido XI

Querido Diario:

He tardado varios días pero acabo de llegar a una conclusión que puede significar un hito en la historia de los campos de maíz y las señales en el trigo. El descubrimiento más grande desde Roswell (Nuevo Méjico). ¿Que eso nunca pasó? Sí, claro… nunca pasó… también creemos que bebemos agua libre de partículas nocivas y que las depuradoras sirven para algo. Pero nada más lejos, lo cierto es que lo de Roswell pasó (vale, tal vez los extraterrestres no chocaron contra el desierto, quizás vertieran sólo sus residuos, originando un montón de caca espacial, la cual estuvimos analizando durante años y de la cual sacamos tecnología como el DVD, el iPad y la Playstation 3), el agua que creemos que bebemos, no es literalmente agua y las depuradoras son grandes almacenes del gobierno para guardar los mejores secretos de estado (con ese olor a mierda cualquiera lo pensaría) y yo creo que he sido abducida. Gracias a Dios tengo mi moleskine de bolsillo como el gran Henry Jones y así podré escribir rápido mis vivencias.

Día 1- Acababa de publicar un informe sobre abducciones en un blog de moda de Internet. Le había pedido el favor a un buen amigo mío con el que jugaba a los médicos cuando era pequeña y él, sin pensárselo dos veces, lo subió a la red. Causó tal revuelo que las visitas de la página subieron como la espuma de la cerveza de mantequilla bien templada. Lo cierto es que eran personas mentalmente divergentes (locos) que confirmaban mi hipótesis sobre las abducciones y como a los borrachos y a los niños decía un loco de la Biblia que había que hacerles caso, empecé por hacerle caso a los locos. Para confirmar mis hipótesis nos dirigimos mi equipo de investigación y yo (dos tíos más) a una base petrolífera llamada Kansas, en el océano Pacíndico (que es la unión de los dos océanos, bastante pequeño la verdad ese océano) llevamos con nosotros instrumentos de la época colonial (es decir, de Cristóbal Colón) tales como el astrolabio. Nuestras hipótesis fueron confirmadas al momento, sólo hizo falta refractar la luz del sol en un preservativo y que ésta diera a una lupa de tres aumentos, el astrolabio hizo el resto. Era real, la órbita de la Tierra había cambiado mínimamente por culpa de las petroleras y su afán de perforar una y otra vez el lecho marino, y perforar y perforar…

Contenta como estaba por el descubrimiento, ya que con él se podría demostrar por qué las personas son abducidas y no sólo las vacas, me fui al baño a celebrarlo como se merece. Sí, las mujeres también necesitamos limpiar nuestro cuerpo y la mujer que diga que no se tira ventosidades (pedos) miente. Algo pasó entonces, como un temblor de tierra, miré hacia el váter pero había lo habitual, no había cagado piedras ni nada raro que explicara esa sacudida. Me limpié, pues, de proa a popa. Hay diversas teorías pero creo que es la más idónea para no coger infección y salí por la puerta. Lo que me esperaba tras ella era un inmenso supermercado.

Día 3- Te escribo después de tres días pero no he podido hacerlo antes, esto es increíble.

Querido diario, si tuvieras ojos para ver lo que aquí pasa intentarías evitarlo como estoy haciendo yo ahora. Estoy en un supermercado espacial. No sé dónde estamos ubicados, en qué planeta, posiblemente estemos en Ganímedes, constelación Orión, Raticulín, en Alfa o en Beta. Mi teoría era cierta, las abducciones no se hacen cuando los extraterrrestre viajan a la Tierra. Lo hacen desde sitios muy lejanos como éste y con su rayo nos traen aquí.

Todo me parecía normal salvo por el hecho de estar en un supermercado y no poder salir. Aún no me explico por qué las puertas no se abren. Debe ser algo del sensor, no reconoce mi figura. Todo eso me extrañó al principio porque había mucha gente normal por allí, además de los típicos dependientes medio zombis y alelados. Pero esa misma noche una gran entidad comenzó a perseguirme por todo el supermercado, creo que es una especie de perro guardián. Conseguí burlarlo a duras penas. Me refugié en uno de los cuartos de baños de una zona alta del edificio, cerca de una especie de mirador. Y entonces comprendí que debía protegerme. Comencé pues así las obras de excavación. No fue difícil, teniendo un supermercado, todo es más fácil. Cogí prestada una retroexcavadora y me fui al tajo, sólo me faltó un pantalón de camionero y poder escupir cuando quisiera para ser todo un hombre, pero sería imposible, el pantalón me quedaría bastante apretado y sexy como para ser un hombre. Sería pues una lesbiana güenorra.

Día 7- Sí, creo que sí, por fin me dispongo a anotar lo que puede que sea el último pasaje de este mi diario.

Creo que he averiguado qué es esto, después de distintos métodos inductivos e inferenciales creo que puedo decir con total acierto que esto es un supermercado.

Al parecer no es de una marca conocida y además las bolsas no cuestan dinero, parecen fabricadas con un material orgánico algo parecido a la patata. Podría ser el fin del hambre en los países pobres. Distribuiríamos bolsas de patata por todos los sitios y la gente podría sembrar y comer.

La salida la he encontrando, pero tiene un sistema que impide salir a las especies humanoides. Sí, parece que el supermercado está plagado de personas pero descubrí que cuando me abdujeron me tuvieron que meter cosas por mis agujeros más íntimos. Entre ellas unas lentillas gracias a las cuales todo nos parecía bastante “humano” en vez de seres vacunos. Otra de las cosas fue un traductor con el cual podemos entender todas las lenguas, parecía una especie de pez, tenía el nombre puesto en el lomo, pez rotel, pez bambelbi, pez barel… bueno es igual.

Mi pregunta era sencilla, ¿por qué estaba aquí? y ¿cómo podía salir? Desde mi refugio, detrás de los baños, comencé a investigar y me llevé investigando días. Entonces se me ocurrió, mezclé ácido clorhídrico con… otro material y dio una reacción que lo flipas con la cual tuve una epifanía.

Bajé a los sótanos llevada por mi visión, en la cual se veía un elefante diciéndome “en los sótanos habemos muchos de nosotros”; estaba claro que no sabía hablar muy bien, pero aun así le hice caso.

Allí descubrí algo increíble, jaulas y jaulas de especies de todas las galaxias y las muy muy lejanas también. Parecía increíble dado que soy la chica más lista y guapa de la facultad, y no, no me llamo Lidia, ni Cristy… mi nombre es Marta, aunque la gente me llama Marty.

Perdón, querido diario, si divago un poco, pero estoy bastante nerviosa y quiero que quede constancia de todo lo que está pasando. Siguiendo con lo que decía, allí abajo pude ver al elefante de mi visión, al parecer el supermercado iba abduciendo a especies de todos los planetas y estrellas y las usaban para lo que más le conviniera, los duros como la madera servían para hacer muebles, algunos más blandos para cojines, los más jugosos para comida, los más activos para dar luz o para trabajar en el servicio de atención al cliente del supermercado. Pude ver así a los humanos, los usaban para ser dependientes, por eso podría verlos igual sin las lentillas. Les lavaban el cerebro y los volvían vivos murientes, lelos, los mejores dependientes del universo.

Querido diario, he decidido enfrentarme al guardián, he decidido salvar a todos y salir de aquí, no sé cómo pero habrá alguna forma. Acabo de secarme el pelo y he dejado la toalla en el perchero, me pondré ese conjunto tan mono que me hace un buen pecho y salvaré a la humanidad, digo a la universalidad.

Mar Saknusen (me encanta este nombre)

Génesis 1.0

Posiblemente mi relato corto más personal. En él hay reflexiones sobre el ser humano ensalzado con un poco de H.P. Lovecraft. Estoy contento del resultado, una pequeña joyita en mi universo de retretes y sumideros.

Génesis 1.0

1 Alumbrar

Las luces blancas que no daban sombra enfocaban el vientre materno como si fuera un escenario. Yo agarraba fuertemente el bisturí enfundado en guantes asépticos. Mis manos eran los artistas, junto al bisturí comenzarían el baile en aquel escenario a la luz de los focos. Deseando acabar pronto entre ovaciones para así poder reunirse entre bambalinas de nuevo, sin trajes, sin guantes, sin cuchillos y poder acabar otro día una gran función.

—Todo listo señor, ¿ocurre algo?

Negué con la cabeza, siempre tuve miedo escénico, no soy de dar muchos conciertos; procuro que mis intervenciones sean mínimas, tres o cuatro al año. Del resto se encarga el resto de mi equipo de salud, mi gran orquesta.

Comencé a deslizar el fino cuchillo por aquel vientre de manera sagital, es decir, de lado a lado dejando en la mitad de arriba la cabeza y en el margen inferior el pubis que desciende hasta las finas llanuras del perineo, la tierra de nadie.

Como si de una grieta volcánica se tratara, de la fina grieta que acaba de abrir comenzó a bullir el líquido dador de vida, el carburante del cuerpo, el material con el que hacer una gran balada heavy, la sangre que impregna nuestra conciencia, el líquido elemento gracias al que soñamos.

—Contad las gasas, no quiero más pérdidas hemáticas de la cuenta —dije al pequeño cuarteto de cuerda que me acompañaba en este concierto.

Ahondé un poco más sobre esa grieta, ahora mis manos pasarían a ser espeleólogos que bajaban por aquella abertura mientras arriba sonaba la canción que me proporcionaba el resto de mi equipo dándome gasas, controlando la anestesia y corriendo de un lado a otro de la sala. Pero el foco seguía estando sobre la figura protagonista, mis manos.

Descendieron varios centímetros tranquilamente, sin prisas, hasta tocar algo distinto al tacto. Habíamos llegado al corazón del volcán. El bisturí fue rápido cual Scilla con Odiseo. Rápido y veloz.

—Señores, comienzan los fuegos artificiales, el amnios está roto.

Mi equipo comenzó a tocar de forma desmedida, era la parte más importante de la actuación, no debían abandonar ni el más mínimo detalle. Llegaba el clímax. Yo me subí a la camilla y me puse de pie arriba de aquel cuerpo sedado. Mi postura era similar al gigante Talos mientras dejaba escapar a Argos entre sus piernas. Solté todo instrumento mientras brotaba humor tras humor de aquel vientre. Debía ser rápido o lo que ahí dentro habitaba se podría asfixiar. Extendí mis brazos y los hundí en aquel cálido ambiente, palpé hasta encontrar aquel robusto ser y tiré de él hacia mí. Mi pequeño Aquiles salía del río Estigia y lloraba realizando un perfecto glissando hasta que todo quedó en silencio. Mi equipo había dejado de tocar. La canción había terminado. Solo quedaban las ovaciones.

—Enhorabuena, señor, ha sido niño —me dijo mi equipo.

—Hola, hijo mío, bienvenido a tu hogar, aunque sea por poco tiempo, Adán.

Doctor Horacius, Planeta Lantix, año 2125.

2 Recitar

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He sido Abducido X

Bueno para los fans de las abduciones y los forofos de las sondas espaciales y las vacas os dejo la nueva entrega. MIl veces gracias a Deh por ayudar a hacer estos párrafos legibles.

He sido Abducido X

07:00 Acabo de despertar en mi cama con dosel, el centro comercial debe de haber abierto ya sus puertas. Por culpa de esa pastilla he dormido más de lo que debería. Pero hoy tengo claro lo que voy a hacer. Voy a rescatar a esas personas y sobre todo a esa mujer de ojos verdes.

08:00 Me he tomado mi tiempo para ducharme y hacer mis necesidades fisiológicas, que no han sido pocas, con estos nervios que tengo por la gran empresa que voy a llevar a cabo. He podido trazar un plan, y mi plan empieza así…

08:25 Ya he limpiado el refugio entero con la mezcla de Cilit bang y Agerul que debo patentar. Sí, mi plan empieza por ahí porque Confucio dice «ten tu casa bien limpia y podrás ganar batallas». Creo que era él quien lo decía, o sería un proverbio Klingon, que esos sí que eran buenos alienígenas, no las vacas que rondaban ayer. Es todo un misterio eso de las vacas, debo averiguarlo.

08:30 Ahora debemos explorar el terreno, que se dice pronto pero no es nada fácil. Primero iré por provisiones al supermercado.

09:00 Creo que tengo lo justo para comer: un poco de pan de pipas, una lata de paté, agua y una cuchara.

09:15 Dejo todo en el refugio, he de pensar en ir a cazar una cabra voladora arriba, ya que aquí la comida está restringida.

09:17 —Cobi, nos vamos de caza, ¡tráeme mis ropajes!
Cobi me mira como de costumbre.
—Sabía que harías eso.
La adoro, es tan mona… Cada día estoy más seguro de que es hembra.

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Miedo y maltrato en casa

Bueno, aquí os dejo un pequeño relato que puede abrir los ojos a muchas personas y cambiar su forma de pensar.

Miedo y maltrato en casa

Otra vez esperando, otra vez pensando en qué comprar para comer con ese miedo que me sube por la espalda. Pronto llegará y sé que no será para bien. Su trabajo mezclado con alcohol es un coktail que me desmorona. Me da mucha pena que esté así, me da mucho miedo cuando llega con ese olor a whisky a las 3 de la tarde.

No tenemos más remedio que aguantarnos el uno al otro, mi amor es inconmensurable y si me pega es porque me lo merezco, lleva demasiada tensión a las espaldas. Toda una casa con su sudor. Yo sin embargo en el paro desde hace meses, fregando, recogiendo a los niños, contándole cuentos en las noches y ni eso soy capaz de hacer bien. Fue entonces cuando comenzaron las palizas. Fue entonces cuando se acabó nuestra felicidad.

Recuerdo lo de cada noche, con su pequeña figura me chilla, me chilla y me pega. Yo no soy capaz de responderle, sólo lloro. Sus ojos lloran después cuando el alcohol se ha esfumado al olvido. Hacemos el amor y dormimos como si no hubiera pasado nada y otra vez comienza el nuevo día.

Ahí llega, lo espero con un cigarro en la mano, en la cocina los huevos se están haciendo, lástima que haga mucho tiempo que perdí el apetito. Viene hacia mí y me toca delante de los niños, apesta a alcohol, como siempre. Le aparto la mano y se cabrea, más de lo habitual. ¿Cómo una persona con su pequeña estatura puede causar tanto miedo? Los niños lloran, los cojo como puedo y los saco de la casa. Decididamente nos vamos, nos vamos para no volver nunca jamás. Mientras me voy, la persona que me causa tanto miedo coge la sartén de los huevos y me la tira a la cara. Siento el aceite carcomer mi piel, grito y lloro. No puedo hacer nada más, no quiero pegarle, aún siento su corazón con el mío como desde el primer momento.

Nunca debí perder mi trabajo, nunca debí dejar que sólo trabajara ella, nunca debí dejar que se emborrachara. Toda la culpa es mía, Sandra, de tu marido, de tu amante, del padre de tus hijos.

He sido abducido IX

Os prometo que en mi mente se están trazando las ideas finales. Todo va a tener su explicación, palabrita. Os dejo otro surrealista capítulo que aunque a priori no arroja nada, os va a dar mucha información.

He sido abducido IX

12:00 Y ahí estaba yo mirando un pedestal con una caja. Algo me decía que lo de dentro sería algo brillante, algo que debía oler muy bien.

12:03 Acercándome así me vino un olor a rosas, a un campo de rosas alrededor de una torre gigantesca, casi la podía ver.

12:07 Mi mente me transportó a aquel lugar con aquel fuerte olor, estaba entre ellas, entre miles y miles de rosas. Un campo gigantesco en una hondonada y allí a lo lejos se podía ver como ascendía de nuevo hasta la tierra normal.

12:15 Mientras paseaba miré al suelo y allí sobre mis pies estaba el camino de baldosas amarillas. Sobre él, un cartel casi borrado donde se podía distinguir FOLLOW THE YELLOW BRICKROAD. Qué raro era todo.

12:22 En el centro de la explanada una torre derruida y alta. Esto me suena, me es muy familiar, creo haberlo visto o leído en algún sitio.

12:30 Dejé a mi mente divagar y me tumbé en aquel campo de rosas a respirar su aroma, olía a vida.

14:00 No sé cuánto tiempo estuve en aquel campo, pero algo me despertó, como un ruido metálico, quizás de barrotes, y las rosas comenzaron a emanar sangre.

14:01 Volví a la habitación de nuevo, aquel pedestal con la caja de madera, era mi alma, estaba seguro. Sufría, estaba perdida. Esto no puede ser real.

14:05 Me despierto por fin del extraño sueño y recuerdo por qué me desmayé.

14:06 En la habitación había un gran celda metálica y lo que en su interior hay hizo que mi conciencia se tambaleara de nuevo en aquel extraño lugar. Humanos, había humanos encerrados en aquella jaula.

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He sido abducido VIII

Bueno, después de meses de espera vamos a agilizar la historia que más adeptos ha traído a este blog con su octava parte, nada más y nada menos.

He sido abducido VIII

9.00 Me levanto tranquilamente como cada mañana y me dirijo al cuarto de baño.

9.15 Acabo de afeitarme la poca perilla que me sale mientras pienso en el sueño tan raro que he tenido.

9.17 Me duelen mucho los ojos y por tanto la cabeza: va a ser un día duro.

9.25 De vuelta al cuarto una cama con dosel, una tienda de campaña, los restos de una cabra muerta, mis artilugios, mis trajes y el cielo estrellado detrás del cristal de aquel mirador con esa espesa niebla que avanza poco a poco hacia mi refugio me devuelven a la realidad. He sido abducido, llevo ocho días encerrado en un supermercado.

10.00 Una vez vestido con un traje de chaqueta salgo al laberíntico almacén donde pasillos y pasillos me esperan.

10.30 Cojo los cinco artículos de comer necesarios.

11.35 Intento una vez más salir por las puertas automáticas sin mucho éxito. No tengo alma.

12.01 La gente me mira mientras recorro los pasillos con mi carro automático, Cobi corre detrás de mí cual cobaya con complejo de perro fiel.

12.05 Me duele mucho la cabeza, parece que los ojos se fueran a salir de las órbitas.

12.07 Me dirijo a la gran videoconsola, mi maestra, la que me ha enseñado a sobrevivir en este pequeño mundo que es el supermercado.

12.24 Hoy toca aprender a cocinar y un poco de medicina. Inserto los dos Laser disc (qué raro, esto estaba obsoleto desde hace mucho tiempo, vaya formato más raro. Lo mismo es que se vuelve a llevar en un futuro), me pongo a aprender mediante el juego a cocinar y a ser algo parecido a un doctor.

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El Banquete

Bueno decir que inspirado un poco por el cine de Tarantino he creado un pequeño relato basado en localizaciones reales y con personajes un poco fuera de lo común. Espero os guste mucho y no dudeis en comentar.

El Banquete

Era feliz, eso pensaba mientras descansaba en la parte de atrás de la limusina. Hoy por fin era feliz.

—Deja de fumar, Mario, que después el traje de novia me huele a tabaco —diciendo esto me dio un empujón para que tirara el cigarro.

—Está bien, cariño, pero tú deberías dejar tu nariz tranquila. Vas a manchar el vestido de nieve.

—Da igual, estúpido, es blanco. No creo que nadie se dé cuenta.

—Bueno, espero que no se te acerque ningún niño o la vamos a tener con tu padre.

—De eso me encargo yo —dicho esto se agachó hacia la mesa y esnifó otra raya de coca boliviana.

Acababa de casarme hacía escasos diez minutos. La boda que ella había deseado, como una princesita. También a mí me venía de perlas, por fin ascendía en la escala de su familia. Su padre, el señor Roldán, es el jefe de la mafia. Yo ahora era el marido de su hija, la bella y zorra Raquel. Cómo la podría definir… Era buena persona físicamente hablando. De las mejores personas que he conocido. Pero en el plano interior era puro veneno, además de ser una destilería de cocaína andante. Habiéndose donde se había criado, su padre tenía ganas de casarla de una vez y no tener que ir a recogerla a antros de mala muerte cada noche, tirada en el arcén o con lefa de otro en su boca.

El señor Roldán me estará eternamente agradecido por haberme casado con ella. A la vista está la gran boda que estoy teniendo. Me acabo de casar en la catedral de Cádiz por todo lo alto. Cuatrocientos invitados, el obispo oficiando la misa y me hubiera conseguido hasta a Jesucristo si no estuviera retenido en el cielo. Los invitados en coche de caballos y los novios en una limusina Hummer nunca vista en la ciudad. Nada más entrar en el coche para ir al banquete ella abrió sus papelinas y se puso a esnifar como si no hubiera mañana. Raquel, con lo mona que estabas en la catedral, y ese brillo en los ojos… ¿Por qué me haces esto?

—Oh, cariño, ya llegamos. Me estaba apeteciendo una mamada, pero en Cádiz todo está tan cerca de todo que se nos ha terminado el tiempo.

—Déjalo para la noche de bodas, ¿quieres? —dije malhumorado.

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Historia de cangrejos de terror V

Bueno, sí, he tardado en hacer la quinta parte, ¿y qué?  Me dijeron que muchos deseabais que siguiera esta historia. La verdad es que a mí también me encanta y os pido perdón por la tardanza pero ha sido debido a problema de tiempo y a la acumulación de muchas cosas que vienen de golpe. Así que sin más dilación os dejo con la nueva parte. Gracias por dar por culo a todos para que continúe… ^^

En un mundo donde el color apareció hace relativamente poco y la imagen mental que os podéis hacer de él aún tiene ruido y marcas de cigarrillo; en un mundo donde los coches son chevrolets y cadillacs, donde el rey del rock sigue siendo Elvis y donde los efectos especiales aún están hechos en stop-motion con grandes animales de plastilina y masilla; en un mundo donde los pueblos tienen sheriff y no policías nacionales, donde muchos llevan gorros de cowboy y la música swing es el último grito de la discoteca; en un mundo donde el technicolor impera y los personajes están llenos de tópicos: en un mundo así se sitúa nuestra historia.

No os asustéis si se quema el rollo de las cintas de la mente y tenemos que cambiarlas, no os asustéis si de vez en cuando el doblaje cambia de persona e, incluso os digo, no os asustéis si la imagen se mueve o aparecen manchas oscuras, si las deformidades del terror aparecen por doquier y aun si los años 80 se transforman en el presente.

Bienvenidos pues a Itica, una población costera del sur de California donde el verano está a punto de llegar.

EL ATAQUE DE LOS CANGREJOS ASESINOS

5

Menos mal que ponen los Beach Boys, me encanta esta canción, Surfin’ USA, así me relajaré. Acaba de empezar el día y ya estoy agobiado. Creo que esto de ser el sheriff me viene grande. Demasiado joven para el cargo, pero bueno, fue un cúmulo de circunstancias que prefiero olvidar.

Conduzco tranquilo mientras escucho la música. El hospital está sobre la colina, así que dentro de poco llegaré a las calles de Itica. Qué pequeña y bonita es la ciudad, siempre la recordaré como el pueblo del eterno verano. De pequeño esperaba impaciente a que abrieran las playas por fin, ya que mi padre nunca me dejaba ir; él siempre cumplía las reglas. Pobre papá, si supieras cómo somos la juventud de hoy en día… Serías el único capaz de poner orden en los adolescentes de Itica como sheriff, y no yo.

Me paro en un semáforo y miro las calles. Ya casi son las doce de la mañana, los niños de vacaciones corren por las aceras, en sus bicicletas y patines; los padres van de compras, y este aroma que corre por mis venas… Pero debajo de todo esto tal vez haya un crimen. Por lo pronto ese chaval, Nacho, fue encontrado en la costa sobre las cinco de la mañana y por lo visto en estado grave. Le han tenido que amputar las piernas a lo largo del día para que sobreviviera, y la mujer que iba con él, una chica joven llamada Mona, puede estar desaparecida. Cuando llegue a comisaría llamaré a los padres para saber.

Por otro lado el chaval parece que está en estado de shock: habla de cangrejos gigantes. Quizás, y espero que no, haya algún tiburón en la zona. Dios nos aguarde si eso es cierto.

Por fin llego a la comisaría. En la entrada está la grúa dejando un coche. Vaya pueblo.

—Eh, perdone —digo mientras me bajo del coche—. La grúa no debe dejar los coches aquí. No sé si es nuevo o algo. Si no le importa esas cosas van al depósito.

—Tranquilo, agente —me dice el conductor de aquel mastodonte—, el coche va a la gasolinera a repostar, sólo es una emergencia, no una infracción. Vengo aquí para traer al dueño del vehículo, que quiere hablar con el sheriff.

—Estupendo, ¿dónde está?

—¡Estoy aquí, señor! Verás, quiero hablar con el sheriff, soy el biólogo encargado de abrir las playas y me gustaría discutir algunos temas con él.

—Bien, sígame, vamos adentro para hablar más tranquilos.

—Sí, claro, pero verás, creo que no me has entendido. Me gustaría hablar con el sheriff —dijo sonriendo amablemente.

—El sheriff soy yo, señor. No, tranquilo, no se preocupe —al ver cómo cambiaba su cara tuve que darle poca importancia—, la gente por aquí tampoco se acostumbra a que sea alguien tan joven.

—No, no, el error es mío, debería haberme fijado en su placa. Mis más sinceras disculpas.

—No hay que darlas. Ahora si me permite —dije abriendo la puerta de la comisaría para dejarle pasar.

Una vez dentro, el sitio estaba como siempre: todos los ventiladores encendidos y los policías de un lado para otro «haciendo su trabajo». Nos sentamos en mi mesa y me quité el sombrero, el cual apoyé sobre la pantalla del ordenador como a mí me gusta.

—Bien, ¿usted se llama?

—Mi nombre es John, señor. Vengo a sustituir al biólogo anterior.

—Sí, imagino. El viejo doctor ya no tiene acreditación para eso, ahora se contenta con vivir en la vieja depuradora y estudiar la fauna del lugar, según me han dicho.

—Sí, así es. Vengo de su casa, está todo muy abandonado. Yo que usted mandaría a alguien a mirar, puede haberle ocurrido algo. Además de eso me gustaría ir personalmente con mi instrumental al estanque que había detrás de la casa, tengo mis sospechas de que está vertiendo algo al río y puede ser insalubre para el agua y para el medio ambiente.

—¿A la vieja desaladora? Estupendo, lo organizaré todo. Es raro, la verdad, normalmente viene por el pueblo una vez a la semana. Haremos una cosa, vaya a la mesa aquella con ese agente y dígale que llame al doctor, yo ahora mismo tengo que hacer un par de llamadas, si no le importa, señor John.

—No, no se preocupe…

—Carpenter. Parecido a carpintero, no se le olvidará.

—Bien, sheriff Carpenter.

Dicho esto, el biólogo se fue con mi subalterno a hacer la llamada pertinente a doctor. Era bastante raro, bueno en sí siempre fue un tipo raro. Por lo menos yo lo recuerdo así.

En fin, debo dejar de cavilar y llamar a los padres de Mona para saber si su hija está en casa. Tendré que esperar un rato a que el ordenador conecte con la red policial, es la ventaja de vivir en un pueblo pequeño, aunque a veces me empeñe en llamarlo ciudad.

Listo, ya tengo el número. Pero… ¿qué ocurre ahí fuera?

Por la puerta de comisaría entró Tony, un tipo grande, marine en la guerra de Vietnam. La verdad es que le dejó secuelas psíquicas, como se puede apreciar ahora, pero esto sobrepasa lo normal. Rápidamente saco mi revólver al ver los pantalones de Tony teñidos de rojo sangre. Él me mira y saca su revólver también.

—¡Sheriff! —grita—. Tenemos un problema —me apunta con el arma—, ellos han matado a Daisy —diciendo esto levanta la otra mano mostrando la cabeza de un perro, cercenada y goteando sangre—. ¡Esos cabrones han matado a Daisy! —todos los agentes le apuntamos. Él me apunta a mí. El biólogo se esconde debajo de una mesa y yo comienzo a sudar. Está a punto de liarse parda.

Continuará…

Danaman.

Ayer decidí que tenía que replantear mi vida, estaba cansado de ser un flojo. Tenía que ponerme en forma y comenzar unos hábitos saludables. De modo que salí a comprar todo lo necesario para estar en forma. Compré todos los productos que anuncian en la tele para estar sano, cené los cereales de la tele para mantener la línea, compré toda clase de aparatos de gimnasia de la teletienda y me acosté a dormir.

Esta mañana he desayunado un Actimel, un Activia, un Danacol, un Densia, un Savia-soja y un Danaten.

Muy bien, todos conocemos el plan activia 14 días. Yo he tardado 27 segundos en verme encerrado defecando como si no existiera un mañana. Después sin querer he roto todos los aparatos de la teletienda, y todos conocemos la gran calidad de estos y ninguno es sospechoso de ser un fraude.

Esto me ha llevado a una conclusión: al tomar todos estos productos juntos sus poderes se multiplican y he realizado un sencillo cálculo:

Un día son 24 horas, una hora 60 minutos y un minuto 60 segundos.

14 x 24 x 60 x 60 = 1.209.600seg

14 días son más de un millón de segundos y yo he sentido los efectos en solo 27; esto me lleva a pensar que los efectos de todos estos productos se han visto multiplicados por más de un millón, esto me ha transformado en un superhombre o en el soldado perfecto.

Gracias a los efectos multiplicados de Actimel seré inmune a toda clase de virus y armas bacteriológicas. Densia habrá fortificado mi esqueleto hasta transformarlo en lo más parecido a un esqueleto de adamantio que se ha visto en la realidad. Danacol habrá despejado y fortalecido mis arterias y Danaten regulará mi tensión de manera que mi cuerpo pueda soportar que mi corazón trabaje a miles de pulsaciones por minuto, otorgándome esto superfuerza, supervelocidad, y demás poderes fundamentales en un superhombre; por último gracias a Savia-soja a partir de ahora seré uno con la naturaleza y podré utilizar todo su poder.

Dicho esto solo me queda poner a prueba mis poderes, lo primero que haré será saltar por la ventana ya que al publicar esto aquí, agencias secretas de todos los gobiernos querrán hacerse con mi cuerpo para hacer experimentos. Prometo que compaginaré mi huida constante, con mi trabajo como superhéroe y estaré donde menos lo esperéis velando por vuestra seguridad. Desde este momento, me llamaré DANAMAN, y no desperdiciaré los poderes que el destino me ha otorgado.

El último duelo de Marcel Farsong

Bueno, esto es lo que me ha inspirado el director con más cojones de la historia al acabar de ver su película Sin Perdón.

A mí me ha gustado mucho y el personaje sobre todo me ha encantado.

El último duelo de Marcel Farsong

Desde que apareció por aquella puerta la muerte aterrizó sobre mi Saloon.

Eran las seis de la mañana y el gallo comenzaba a cantar, la ciudad se levantaba para un nuevo día. Ya había pasado la fiebre del oro y el periodo industrial se abría paso desde Washintong hasta el resto de América. Quedaban pocas décadas, tal vez pocos años para que el salvaje oeste se convirtiera en un cuento de viejas. Pero mientras tanto debíamos aguantar el tirón.

Estaba pensando así en mis cavilaciones sobre un futuro mejor para mi familia y mi Saloon cuando las puertas abatibles fueron empujadas por unas manos vendadas hasta casi los dedos. Detrás de ellas, unos brazos delgados dieron paso a una esbelta figura con una barba descuidada pero aun así recortada y una marca con forma de D tatuada a fuego en su mejilla.

Su atuendo era peculiar pues llevaba una camisa amarillenta por la tierra del camino. Sobre ella un chaleco rojo sangre desabotonado y brocado con hilo amarillo, tal vez de oro. Sus pantalones eran negros y sus botas rojas también, más bien botines con espuelas en forma de estrella de cuatro puntas.  Es curioso como su único efecto personal era un simple sombrero de cuero marrón.

–Póngame un trago de leche.

–¿Disculpe, señor?

–Leche, por favor

–¿No quiere nada de alcohol? Verá, la leche la venden en la granja.

–¿Usted no tiene leche aquí? –su voz sonaba débil.

–Señor, ¿le ocurre algo? –mientras le preguntaba, una mancha roja comenzó a impregnar su camisa amarillenta–. ¡Señor, está usted herido! Déjeme que lo ayude.

–No se preocupe, la hemorragia cesará en un par de horas, y si no lo hace para entonces ya estaré muerto.

Aún no había entrado la clientela habitual y ya tenía un forajido en mi bar. Así no ganaría el suficiente dinero para mudarme a la gran ciudad. Espero que los parroquianos habituales no se asusten demasiado.

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