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El Banquete

Bueno decir que inspirado un poco por el cine de Tarantino he creado un pequeño relato basado en localizaciones reales y con personajes un poco fuera de lo común. Espero os guste mucho y no dudeis en comentar.

El Banquete

Era feliz, eso pensaba mientras descansaba en la parte de atrás de la limusina. Hoy por fin era feliz.

—Deja de fumar, Mario, que después el traje de novia me huele a tabaco —diciendo esto me dio un empujón para que tirara el cigarro.

—Está bien, cariño, pero tú deberías dejar tu nariz tranquila. Vas a manchar el vestido de nieve.

—Da igual, estúpido, es blanco. No creo que nadie se dé cuenta.

—Bueno, espero que no se te acerque ningún niño o la vamos a tener con tu padre.

—De eso me encargo yo —dicho esto se agachó hacia la mesa y esnifó otra raya de coca boliviana.

Acababa de casarme hacía escasos diez minutos. La boda que ella había deseado, como una princesita. También a mí me venía de perlas, por fin ascendía en la escala de su familia. Su padre, el señor Roldán, es el jefe de la mafia. Yo ahora era el marido de su hija, la bella y zorra Raquel. Cómo la podría definir… Era buena persona físicamente hablando. De las mejores personas que he conocido. Pero en el plano interior era puro veneno, además de ser una destilería de cocaína andante. Habiéndose donde se había criado, su padre tenía ganas de casarla de una vez y no tener que ir a recogerla a antros de mala muerte cada noche, tirada en el arcén o con lefa de otro en su boca.

El señor Roldán me estará eternamente agradecido por haberme casado con ella. A la vista está la gran boda que estoy teniendo. Me acabo de casar en la catedral de Cádiz por todo lo alto. Cuatrocientos invitados, el obispo oficiando la misa y me hubiera conseguido hasta a Jesucristo si no estuviera retenido en el cielo. Los invitados en coche de caballos y los novios en una limusina Hummer nunca vista en la ciudad. Nada más entrar en el coche para ir al banquete ella abrió sus papelinas y se puso a esnifar como si no hubiera mañana. Raquel, con lo mona que estabas en la catedral, y ese brillo en los ojos… ¿Por qué me haces esto?

—Oh, cariño, ya llegamos. Me estaba apeteciendo una mamada, pero en Cádiz todo está tan cerca de todo que se nos ha terminado el tiempo.

—Déjalo para la noche de bodas, ¿quieres? —dije malhumorado.

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