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He sido abducido XIII

Otra parte más de las aventuras de este aventurero aventurado. Que lo disfruten.

He sido abducido XIII

4.00 Se encienden las luces del supermercado. Llevo toda la noche pensando los pasos siguientes, por fin vamos a conseguir ser héroes, bueno, yo héroe y ella heroína, pero no la cosa mala que daña el cuerpo; me refiero a la tía buena que está con el héroe, pero además lista.

4.05 Debo equiparme, y Marty también. Comenzamos a ir por los pasillos con naturalidad.

4.07 Corremos por los pasillos leyendo los típicos carteles de “a 500 metros sección de lavandería”, seguimos hacia delante, a veces fingimos ser pareja y nos peleamos por el suavizante de los estantes. Yo le reprocho que para la ropa blanca lo mejor es el Perlán, pero ella dice que no firmemente, que le doy muy mala vida siempre lavando y limpiando. Yo exclamo que voy al bar con los amigos porque me gusta el fútbol y ella que la abandono con nuestro dos hijos. Total, que de tanto fingir acabamos peleados.

4.08 Me marcho furioso y ella se va por otro camino.

4.09 Será mala persona, ni que le diera tan mala vida, seguro que nuestros hijos Julio y Verne no dicen lo mismo. Ahora, eso sí, la custodia la pido para mí enterita.

4.40 Tras un largo rato de andar enfurruñado me doy cuenta que era todo teatro, que ni tengo familia con ella ni nada, y lo peor de todo, aún no ha abierto el supermercado, hemos estado fingiendo para nada.

4.41 Luego la buscaré, estoy bastante cerca de la sección de los trajes, así reza en el cartel. “Trajes de Armanio Tucci”, esa es la marca buena.

4.42 ¿Cuál me pongo? Vale, necesito uno fuerte, ¿habrá tela espacial de kevlar?

4.43 Me pongo a buscarla como loco.

4.51 No, hay tela de todos los tipos, tela de crocosario, de león-oso-panda lunar, de zombi nazi, hasta tela de tela.

4.53 Tras resoplar varias veces elijo un traje chaqueta de un polímero que se me adapta al cuerpo como un guante, quizás me marca un poco de paquete, pero eso no es por culpa del polímero de nunca. Es por mi constitución, por algo me llamaban el rompebragas en el instituto.

4.55 Escucho unos pasos mientras estoy en calzoncillos probándomelo, apunto con el dedo como si fuera una pistola imaginaria, hay una vez en la vida que eso funciona.

4.56 Cobi sale de entre los estantes. “Qué lista es mi niña”, pero vamos, cuando quiere, porque para otras cosas me lleva por el camino de la amargura. Si es que yo sabía que la debería de haber llevado a un colegio de pago.

4.58 Ya vestido le pregunto a Cobi si le gusta. Ella se mea en señal de aprobación.

4.59 Ahora en busca de los zapatos.

5.01 Vaya, vaya, una galería de planchas de metal, una vez vi una peli de Clint Eastwood. Me llevaré unas cuantas. Pillo el carro normal, no el volante, porque no hay ninguno por aquí.

5.02 Empiezo a cargar planchas extrafinas para llevármelas al mirador. Ahora solo me queda el calzado.

5.30 Por fin lo encuentro, esto ha sido bastante más fácil, pillo unos zapatos revestidos de hierro por dentro, como los de los trabajos que operan con maquinaria pesada, y me voy de nuevo al mirador.

6.00 Llevo media hora buscando el camino de vuelta para variar, pero no fue por culpa de los pokemons ni de la parte de lencería fina de “Victoria tiene un Secret y no te va a gustar”.

6.01 Juego con Cobi a hacer como que le lanzo algo y la pequeña corre y lo busca.

6.03 Cobi ha ido y no vuelve.

6.05 Ya volverá.

6.14 Llego por fin al mirador, subo las escaleras con todos mis bártulos.

6.15 Marty no ha llegado aún. Espero que se haya dado cuenta de que todo era mentira y no esté intentando contactar con sus hijos imaginarios.

6.20 Me pongo las gafas de vieja que siempre llevo conmigo para estas ocasiones, cojo mi traje de chaqueta y las planchas de metal extrafino y cual abuela de Macgyver me pongo a hacer patrones, calceta y a coser.

7.00 Anuncian que el supermercado abre, yo sigo a lo mío.

7.02 Llega Cobi con aire risueño, yo lo miro, le doy dinero diciéndole “que no se entere tu madre de que te he dao esto, guárdatelo”, y sigo con mis labores de señora mayor.

7.20 Resoplo un poco por no tener a María Teresa Campos.

8.00 Listo, ya tengo mi nuevo traje. El último traje que estrenaré, el traje perfecto para salir de aquí.

8.01 Yuju, estoy soñando, lo sé porque esas dos mujeres semidesnudas no están en la realidad. Bueno, vale, y tampoco tengo un miembro tan viril.

8.04 Antes de alcanzarlas doy un salto en el espacio y aparezco otra vez en aquel sitio, la torre, el camino de baldosas, la caja.

8.05 Algo es distinto aquí. Parece que en la torre vive alguien o algo. Siento que quiere que lo saquemos de allí. Siento que…

8.07 Me despierta el sonido de la puerta. Acaba de entrar Marty.

8.15 Me pega cuatro guantazos para que la mire a la cara. Ha encontrado su traje, polímero negro, ajustado, cremallera delantera de la marca “busco a Jacqs”.

8.20 Sale del baño diciendo que aún le falta un complemento, tacones rojos. Un tacón para dominarlos a todos. Un tacón para encontrarlos…

8.21 Le doy varias planchas de hierro de las que han sobrado y le aconsejo algunos arreglos para su nuevo traje de combate.

8.22 Esta noche estaremos preparados. Primera fase del plan, a por el guardián.

8.23 Mientras tanto me pongo a entrenar mis dotes de kung fu con la máquina y a aprender un poco de batuka, nunca se sabe.

He sido abducido XII

Seguimos viento en popa a toda vela. Después de una mar en calma, viene de nuevo el viento de levante que sopla fuerte en el mar de las palabras y nos trae otra nueva entrega de la serie que está dando el cierre por fin.

He sido Abducido XII

8.00 Otra vez el campo de rosas y la caja sobre el pedestal, otra vez el viejo cartel que reza “FOLLOW THE YELLOW BRICK ROAD” y aquella torre derruida. Escucho el sonido de mi alma atrapada, escucho el sonido de mis anhelos allí guardados, de mi vida en la tierra, de mis sueños y emociones.

9.00 Una mano me aleja de aquel sito de ensueño y me lleva a la realidad, a la asquerosa realidad del centro comercial, del mirador, de la cabra atada a la pared con sus alitas cartilaginosas, de Cobi durmiendo tan monísima como es, de las estrellas, de este asqueroso sitio del que no puedo salir. Miro a mi lado y veo a aquella mujer de ojos verdes durmiendo a mi lado con la mano posada en mí. Quizás este sitio no sea tan asqueroso. Respiro hondo y feliz.

9.30 He conseguido controlarme durante todo este tiempo por ser un caballero, pero con una mujer en tu cama es difícil controlar el instinto animal que posee al macho alfa. Recuerdo que la encontré en la ducha y luego me la traje aquí como pude, ella no habla, parece una niña pequeña que no recuerda nada, así que le dejé la cama para domir y luego me acosté en el suelo. Mi sonambulimo y ganas de mujer me debieron de traer a la cama durante la noche, algo inevitable por otra parte.

9.40 Me doy una larga ducha, y aprovecho para pensar un poco en qué iba a hacer con una mujer así, aparte de lo evidente.

10.00 Me pongo a preparar huevos con chorizo, que eso lo he podido aprender fácilmente y con lo buenos que me salen creo que se pondrá contenta.

10.11 El olorla despierta y corriendo me quita la sartén y se pone a comer, es como una niña pequeña vestida con una sucia ropa de a saber cuándo. Como de una forma más bestia que Trinidad y toda su familia juntos.

10.21 –T-ú e-r-e-sh-u-m-a-n-ac-o-m-oy-o –parece que no me entiende aunque le hable lento–. Y-ot-e-n-g-oc-o-l-i-t-a, t-ú c-o-n-c-h-i-t-a –nada, ni pajolera idea. Tengo a una mujer con el cerebro de Cobi y tan mona como él.

10.22 –Bueno, como no me entiendes, lo primero es lo primero. Te voy a llevar a asearte, que te canta el alerón más que a una mofeta en una feria.

10.25 Le abro la ducha 42 y la meto dentro, acto seguido cierro y espero a que ella solita entienda que tiene que ducharse. Mientras tanto espero fuera con Cobi sentanda en mi regazo. ¡Qué mona es!

11.00 Esta mujer no acaba, ya estoy empezando a cansarme, solo vivía mejor.
–¡Que voy que voy! –decido así entrar en la ducha y para mi sorpresa la muchacha de ojos verdes no está y en su lugar hay un gran hueco en la ducha que da a otra habitación.

11.02 Entro con miedito esperando que una bola gigante salga del techo y me persiga por todo el supermercado, pero gracias a mi látigo y mi sombrero me salvaría.

11.03 Mierda, no tengo látigo ni sombrero. Entro con más miedito.

11.04 Es una especie de laboratorio. Un cuartucho con multitud de objetos científicos cuyo nombre desconozco, como el astrolabio, probetas, mecheros bunsen, un miniparaguas, un plátano, doce bolas unidas sobre las que reza «made in china», unos bocetos de Leonardo da Vinci y un poster de la Superpop entre otras cosas mucho menos científicas. Allí estaba la señorita con un libro en la mano, sentada en el suelo y completamente desnuda otra vez.

11.07 –Señorita, oiga, debe ponerse la ropa, ¿me comprende? Bueno, es igual, tampoco pasa nada. ¿Qué lees? –para mi sorpresa, además de que pasaba de mí como el resto de mujeres de la tierra (aunque esta no lo fuera), tenía un libro que conocía bastante bien.

–Eh, ese libro lo conozco, es el Micho 1. Quieres aprender a leer, ¿verdad? Está bien, yo te enseño, y cada vez que aciertes te doy un besito en los labios, verás qué bien nos lo vamos a pasar.

12.00 Oh dios, se me ha desmayado en pleno acto, digamos, práctico del idioma. Ya habíamos aprendido español, cubano, francés y estábamos aprendiendo el nativo de los misioneros. Nunca supe que con el Micho se pudiera llegar a tal grado de aprendizaje, pero se ha desmayado. Tal vez tenga una herida en la cabeza, porque del susto la he soltado y ha caído sobre el suelo vivo, y tal vez ahora esté inconsciente y sangrando. Tal vez.

12.10 Nada, nada, ni siquiera se me ha vuelto a caer, ni tiene otra herida en la cabeza. Ni que yo fuera tan torpe. Llevarla hasta la cama es fácil.

12.20 Pero el suelo está resbaladizo, y cualquiera se podría tropezar y que cayera de boca su carga contra una puerta. Menos mal que a mí no me pasa.

12.25 Nunca la llevaría arrastrando por las piernas para evitar que se caiga, y mucho menos darle otro golpe en la cabeza al doblar una esquina, por quién me tomáis.

12.30 Uf, por fin llego y la dejo suavemente en la cama. Con esa sonrisa tan guapa y toda rojita de sang… Voy a por algo para curarla.

12.33 Cojo papel higiénico y la envuelvo enterita como si fuera una momia, me esmero más en sus pechos, ya que parece que tiene frío. Espero que se cure con esto. Si tuviera una cámara a mano le echaba una foto de lo bien que me ha quedado.

12.34 La cabra voladora mira el papel higiénico con ganas. Espero que no se suelte y le dé por lamer sus heridas.

12.36 Desato a la cabra y me la llevo conmigo con gran esfuerzo, ya que está hipnotizada por la mujer y su envoltura, que supongo que para ella será muy sabrosa y comestible. La verdad es que mirando así yo también lo haría.

12.40 Bien, ahora estoy en el laboratorio sentadito, la cabra está atada con las bolas esas de made in china al cuello, no se moverá.

12.42 Está todo hecho un asco, debería limpiarlo un poco y ordenar los papeles, se ve que quien tuviera este lugar sería un poco guarro. Así que me pongo a ello.
13.51 Listo, he limpiado hasta a la cabra, me va a dar una pena comérmela luego, pero es que esta mezcla de agerul y cilit bang que guardo va como la seda. No veas como patina el suelo de limpio que está.

13.53 Y ahora a leer todos los archivos que hay por aquí, total, no tengo hambre y me da penita la cabra. Cuando acabe haré una buena comida.

13.54 Me siento en la mesa, quito todos los artilugios científicos y cojo el primer folio con letra de mujer, debe ser mariquita el hombre que estaba aquí, eso explica la cantidad de objetos fálicos.

15.00 Vaya, Mar Saknusen o Marty, el tío que me ayudó gracias a sus intrucciones a salir de la jaula, es el que ha construido este refugio hace muchos muchos años. Debo encontrarle, quizás la muchacha pueda olerlo y por eso llegó hasta aquí.

15.01 Me ruge la barriga, creo que la cabra va a terminar sus días en mi estómago. Voy a ver si la chica de ojos verdes quiere algo de comer.

15.02 Me deslizo suavemente por mi suelo limpio como si fuera un ángel y llego al mirador.

15.03 Aquí pasa algo raro.

15.04 Dios, la chica no está en la cama, eso es lo que no me cuadra.

15.07 Nada, no la encuentro, espera, en el suelo hay algo una mancha de sangre.

15.07.20 Me acerco y algo me cae encima y me duerme con un olor a mujer.

17.06 Despierto atado a la cama, mis extremidades están atadas a los cuatro extremos de aquella estructura.

17.07 Ya sé, ahora viene la tía buena, estoy en un sueño así que me relajaré y disfrutaré.

17.08 Ahí aparece, es la chica de ojos verdes.

–Bueno, ¿qué vas a hacerme hoy? Tengo que reconocer que mi mente ha creado una imagen perfecta de ti.

–¿Quién eres?

–Soy un tipo con suerte.

–¿También te han abducido?

–Vaya, sabía que te daría las facultades del lenguaje en mis sueños, pero no que me cortaras todo el rollo. Esto empieza a no molar.

–No es un sueño, imbécil, soy Mar Sakunsen.

–Perdona, pero Mar Saknunsen es un tío, no me vengas con tonterías, subconsciente malo, subconsciente malo.

–Está bien, ahí te quedas hasta que respondas a mis preguntas, volveré luego.

17.18 Vaya, parece que esto no es un sueño erótico, ni siquiera un sueño pornosabático, es mucho peor, es la realidad.

17.19 Me revuelvo en la cama, pero nada, las cuerdas están muy bien atadas.

17.20 Cobi entra en el mirador y me mira en forma de cariñoso saludo.

17.22 –Cobi, muerde las cuerdas.

17.23 –Cobi, cuerdas morder tú.

17.24 –Cobi, haz ñiñiñiñi con los dientes en las cuerdas.

17.25 –Ni siquiera vas a desatar a la cabra, ¿a que no?

17.30 Eso, súbete y cágate en mí para variar, se ve que me quieres. Lo mismo está marcando su territorio para que la cabra deje de mirarme.

17.31 Bueno, lo único que faltaba era que la cabra se meara en mí, menos mal que la tengo atada. Está bien, piensa, piensa, has visto Macgyver siete veces.

17.42 ¿Por qué nadie tiene una goma a mano cuando hace falta, ni siquiera un lápiz ni un clip?

17.45 Ya lo tengo, mearé en las cuerdas y se volverá más deslizante, así podré salir. Comienzo con mi tarea.

18.07 Por fin lo he conseguido, he hecho pipí sobre todas las cuerdas, no quieres saber cómo llegué a las de las manos.

18.08 Las puertas se abren.

–Vaya, serás asqueroso.

–Solo quiero hablar, señorita Marty.

–Y has tenido que mearte como un bebé, ¿no?

–Lo vi en un documental de tiburones.

–Está bien, pégate una ducha y cuéntamelo todo.

22.00 Se lo conté todo.

–Muy bien, otra abducción por error te ha traido aquí.

–Pero señorita Mar, tienen demasiados humanos como para ser un error, ¿no?

–No creo que sea a propósito, solo que ya que los tienen los usan como empleados.

–¿Sin embargo si roban otras especies de otros planetas no?

–Sí, con total certeza, como que usted mismo las vio según me ha contado.

–Sí, así es, ¿y usted la memoria cómo la ha recuperado?

–Me debí dar un golpe, me desperté con sangre.

–Vaya, lo siento, este sitio es muy traicionero.

22.30 Hablamos un poco más de los pasos a seguir, pero nos encontramos igual de perdidos que al principio.

22.36 –No tenemos instrumental para defendernos, no podemos bajar ahí y pretender salvarlos a todos sin protección, y luego está eso de las puertas que no se abren.

–Sí, tienes razón. Oye, aún tienes el pelo mojado, toma la toalla y sécate, anda.

22.36.05 De pronto tengo en mis manos lo que tanto he anhelado desde que llegué a este maldito lugar, el instrumento que nos ayudará definitivamente a salir de aquí. Es esponjosa, es grande, suave y rosa. Tengo la toalla.

23.05 Paso bastante tiempo con Mar gritándome al oído, pero necesitaba contemplar aquel artilugio. No diré que no lloré, pues no todas mis lágrimas son amargas.

23.06 –¿Por qué lloras, qué te pasa, me escuchas?

23.07 –Creo que sé cómo salir de aquí.

–¿Cómo?

–Con esto, Marty, con esto –aún sostenía en mis manos la toalla.

El tren de las 2.50 (quinta parte) (Las Desventuras de los Héroes Olvidados)

Con esta  quinta y última parte se termina el prólogo de lo que ha sido una historia de rol que aún no esta finalizada. Espero que os guste y dentro de poco subiré la siguiente parte.

5

—Os encanta, lo sé, no hay nada mejor en el mundo que lo que hacéis ahora mismo. Seguid bien el ritmo, que no se atrofien esos músculos, que vuestra labor continúe hasta que llegue mamá. Los niños sanos son el futuro del mundo, los osos son el pelaje del invierno, los cambiantes son el futuro de las estaciones. Qué sería del mundo sin cambiantes que me chuparan los pies…

A lo largo de la cama donde estaba tumbada, concretamente a mis pies, había tres personas chupándome todos y cada uno de los dedos de mi cenicienta piel. Sí, quizás me estaba aprovechando de la situación, pero si tienes hipnotizada a una banda de ladrones, qué mejor manera de esperar que haciendo lo que tú quieras.

—Los dos pequeñines míos, quedaos con mis pies; tú, la pelirroja, ven hacia mí, o sólo te crees que tengo pies en este cuerpo tan voluptuoso. Venga, usa la lengua donde sabes, que aún falta mucho para que llegue vuestra mamá.
—¿Ama? —me preguntó aquella desnuda mujer; sí, todos estaban desnudos, después de la transformación no tienen ropa y no les había dado tiempo a ponérselas antes de que los hopnotizaran.
—Tu ama soy yo, así que a comer —dicho esto me sumí en el éxtasis de la poea* que me estaban haciendo e hice un repaso mental de cómo llegué hasta aquí.

Hacía muchos años que malvivía fuera del mundo subterráneo ganándome la vida realizando trabajos de poco lustre: limpiaba la morralla, a veces en calidad de falsa bruja, a veces en calidad de meretriz y la gran mayoría metiendo entre rejas a gente que habían sido lo bastante listos como para evadirlas en el mejor de los casos sólo una vez.
Si algun rey, alcalde o lugareño estaba dispuesto a pagar se podía quitar de en medio a cualquier bicho viviente que le estorbase, no sé si cogéis por donde voy. Precisamente hoy me habían contratado para esto.

Salí del éxtasis en el que estaba sumida al escuchar la puerta abrirse. Mamá estaba en casa. Ordené a los tres cambiantes que estaban conmigo que se quedaran en la habitación.

—Vuestra ama debe salir un momento, y tú, pelirroja, vigila a estos dos que si no se pelean —dicho esto abrí la puerta en sujetador, sí, es lo único que llevaba puesto y es lo único que necesitaba además de mi espada, la cual llevaba siempre conmigo.

Bajé las escaleras cuidadosamente, espada en mano. El salón estaba solo con una mesa con tres cuencos de sopa. Dónde estará escondida la perra.

—¿Qué has hecho con ellos? —una voz salía de un sillón justo enfrente de la chimenea.
—Están arriba, son unos ositos muy fieles, ¿verdad?
—Son mis amigos —la voz se levantó y se acercó a mí.
—Vaya, eres más atractiva de lo que dicen, ricitos de oro.
—Rizos de oro para ti, drow.
—Como quieras, encanto, ¿me dejas que me vista antes de pelear o prefieres que te gane y luego me vista?

Dicho esto aquella mujer de dorados rizos, ojos azules y cara de chica de compañía se abalanzó sobre mí con dos kunais, que sacó de su cortito vestido rosa. No tuve tiempo de esquivarla y di con la nuca dentro del plato de sopa templada, el que estaba en el centro de la mesa de madera.
—Así es como tratas a las chicas en sujetador.
Cogiendo impulso con la mesa levanté las piernas y las abrí tanto que se quedó embobada por un segundo mirando ahí abajo. Justo el tiempo que necesitaba para propinarle sendas patadas en las manos y hacer saltar por los aires los dos kunais que se quedaron clavados en el techo. Acto seguido me abalancé a por ella. La agarré de la faldita corta que llevaba y de un giro se deshizo de ella, quedándome con la prenda en la mano y ella sin nada de cintura hacia abajo. Sonrió la muy perra, como si le gustase que la mirara. Con un estoque rápido le hice un arañazo en el muslo. La sangre comenzó a brotar en el momento en que ella se miró la herida, fue leve pero lo justo, salté hacia ella y la cogí por los pelos. Dirigí su cabeza hasta un cuenco de sopa que esta echando bastante humo. Le empujé la cabeza dentro, el ruido de la piel al quemarse y el olor a barbacoa me hizo pensar que la sopa estaba muy caliente. Ricitos de oro pataleaba y movía las manos intentando aferrarse a algo para poder salir de ese pozo de fuego en el que se estaba ahogando.

—Gracias a dios no te quiero muerta, hija de perra.

La saqué de ese sopa y la dirigí rápidamente hacia la otra. Su cara echó humo en el trascurso del camino, la verdad es que parecía una langosta del mar oscuro de Nut recién hervida. Le metí la cabeza sin piedad en la sopa que quedaba sin usar. Fría como el hielo, casi congelada. Tenía un mantón de nieve encima que tuve que romper, naturalmente con la cabeza de ricitos de oro, y allá que la metí. El sonido del placer, del contacto del frío con la cabeza hirviente de rizos de oro, sonó durante un momento.
Cuando vi que se le endurecían los pezones por debajo de la ropa le saqué la cara.

—¿Qué tal? ¿Más calmadita? —no podía responderme con la cara llena de escarcha—. Bueno, tendremos que ir fuera de una vez.

No me di cuenta de que la muy loba cogía los kunais de nuevo y me quitaba el sujetador rápidamente.

—¿Te creías que con tu sostén podías controlarlos eternamente, drow?
—Los cambiantes no deberían ser controlados por nadie, pero ya que lo haces tú con tu sujetador de control mental pensé en usar uno como el tuyo, claro que a mí me quedaba mucho mejor.
—Me encantará ver como te comen desnuda —se metió dos dedos en la boca y silbó—. ¡Niños, bajad a comer, la carne está poco hecha, como os gusta!
Del cuarto de arriba donde había dejado a los tres cambiantes comenzaron a escucharse unos ruidos bastante perturbadores. El ruido al destrozar una puerta se fue acercando hasta que los tres osos gigantes corrieron escaleras abajo hacia una hembra indefensa y desnuda como yo.

Transformados en osos gigantes parecían temibles, pero no para mí que había peleado con las bestias oscuras de las fosas de kulap y había defecado encima del engendro de las tinieblas de Rig. Aunque he de decir que cuanto más se acercaban más pavor me daban, pero muy levemente.

Analicé la situación: tenía una espada y nada más, literalmente. Bueno, y mi vista de elfo oscuro, pero suena redudante que lo diga yo. Así que cuando el primero se abalanzó salté encima de él, corrí por su lomo rápidamente y salté de nuevo hacia la mesa mientras esquivaba al segundo oso que por los aires y a dentelladas trataba de hacerme hamburguesa. Metí un pie en la sopa caliente y otro en la sopa fría y rápidamente las lancé a la cara de dos osos que comenzaron a rugir y a rascarse con las zarpas sus respectivos rostros. Sí, he de confesar que me dolían los pies infinito y más allá, pero no tenía más remedio. Me faltaba un oso, pero me dio igual, corrí hasta ricitos de oro y como buena pícara que soy le quité el sujetador solo con dos dedos, mientras ella intentaba darme una estocada.

—Hija de puta, ahora están sueltos —ricitos me chillaba desnuda como ella sola.

No le contesté, sencillamente eché a correr fuera de la casa lo más rápido que pude, ahora debía salvar la vida. Rizos de oro salió detrás mía corriendo y detrás de ella los tres osos nos perseguían. No tuvimos más remedio que meternos en el bosque.
Allí mientras corríamos nos íbamos dando estocadas la una a la otra, subiendo por los árboles, esquivando ramajos y ríos siempre con los osos gigantes persiguiéndonos. Entonces derribé a rizos de oro al suelo.

—Se acabó, si han de matarnos será aquí y ahora.

Los osos llegaron y comenzaron a cercarnos.

—Escuchadme bien, cambiantes, esta ladrona os ha esclavizado con un objeto mágico durante meses. Habéis cometido actos atroces gracias a ella. Cierto es que me aproveché de vosotros mientras esperabais, pero ¿qué me decís de saquear aldeas y devorar niños pequeños? No me deis las gracias, dádselas a ella. Conozco un castigo mejor que ser devorada y hecha caldo de sopa.

Fin del prólogo.

* N. del A.: Poea es un término usado por los habitantes de estos relatos para resumir una expresión que dice así “Otra que me come el cono”, disculpen pero no tengo ñ en el teclado.

El tren de las 2.50 (cuarta parte) (Las desventuras de los Héroes Olvidados)

Siguiendo en la línea de la introducción de todos los personajes de nuestra aventura, sigamos con la cuarta parte del prólogo.

Prólogo

4

Este capítulo no puede ser narrado desde el punto de vista del personaje principal, cuando aprenda más cosas del mundo quizás tenga capacidad suficiente para relataros paso a paso cómo su frío cuerpo de metal se vuelve tibio como la carne.

Nuestra mirada debería descender hasta un oscuro callejón de un pueblo a orillas de un lago. Tres meses antes de que un bardo ciego llegara a aquel lugar, por la noche una tormenta eléctrica asoló la población y en ese oscuro lugar a la espalda de una taberna apareció una figura desnuda en cuclillas en el suelo. Su piel era de un duro metal y sus ojos brillaban rojos a la luz de la luna. Se levantó rápidamente y miró a su alrededor. No viendo a nadie entró en la taberna.

Dentro, el humo y la charla de los ladrones calentaban el lugar. Cuando aquella figura entró la gente la ignoró por completo.
El forjado, que es la apariencia que tenía aquella criatura, se dirigió hacia uno de los ladrones que jugaba en una mesa a meter bolas en agujeros con un largo palo.

—Quiero tu espada —dijo aquella gran figura.
—Perdón —el ladrón dejó el juego y miró al rostro del forjado—, ¿me estás hablando a mí, forjado? —dijo vacilándolo.
—Quiero tu espada, tu escudo y tu caballo —el hablar de aquel ser parecía más el de una máquina.
—Yo quiero que te largues —dijo imitándolo—, y que me dejes jugar tranquilo al Bill yard —se dio la vuelta y siguió jugando.

El forjado le agarró la espada que llevaba al cinto, grande, un mandoble de frío acero. En ese instante el ladrón se dio la vuelta y le dio con el palo de madera en la cabeza. El palo cayó al suelo hecho añicos. Los demás ladrones se acercaron a ayudar a su amigo con cuchillos y demás objetos punzantes como botellas, patas de sillas afiladas y cuernos de animales disecados.

La lucha fue rápida, el gigante de hierro cogió por el cuello al dueño de la espada y lo tiró contra la ventana. Con el mandoble en la mano arrasó contra el resto, derribando la mesa de Bill yard y varias sillas. Cogió varias de las bolas de marfil y las lanzó a la cabeza de tres de los ladrones, dando impactos certeros que los sumieron en la insconsciencia. El resto huyó de la taberna. Al final cogió un escudo pavés que habían dejado y el espadón a dos manos que había usado en la pelea. Registró el cuerpo de uno de ellos y le tiró un saco de monedas al posadero que aún estaba escondido detrás del mostrador.

Salió de la posada con andares lentos y cogió uno de los caballos que yacían allí y fue directo al bosque que se veía cercano. Sacó un sucio cristal de entre las placas de metal de su cuerpo y lo clavó en el suelo, quitó el empañado y de él salió una imagen holográfica de una mujer mucho más bella que cualquiera y completamente desnuda. Estaba envuelta por todos lados por su gran melena de cabellos rubios.

—Hada azul, ¿qué debo hacer ahora? —dijo el ser de armadura.
—Ya sabes que tu misión es clara y tu anhelo muy difícil de conseguir. Si logras cumplir con uno lograrás cumplir lo otro. Lo primero que debes hacer es buscar aventuras. Sólo conviertiéndote en un verdadero héroe llegarás a cumplir tu destino.

Dicho esto el cristal se apagó y nuestro amigo se lo volvió a guardar dentro de su armadura. Se fue hacia la taberna donde el dueño estaba recogiendo todo el destrozo. Al verlo el dueño volvió a correr hacia la barra para meterse detrás. El forjado hizo caso omiso de él, dejó sus armas allí y comenzó a limpiar aquel salón fregona en mano. Los días siguientes los dedicó a ayudar en la taberna a cambio de alojamiento esperando paciente su momento en la vida. Aún era pronto para los hechos que debía evitar y no tenía prisa por ahora. Por las noches actuaba de humorista allí mismo, suponiendo que tenía la gracia en su culo de acero se hizo muy popular entre la clase baja y los paletos, siendo aclamado y llenando el local todas las noches, a los pueblos vecinos se extendió su fama. A los tres meses llegó uno de los campesinos como cada día, y se dirigió hacia él.

—Eh, gárgola —pues así lo habían llamado, después del destrozo de la taberna—, vas a tener que dejar el trabajo de la taberna. Tengo algo que te puede llevar más alto y te permitirá seguir tu camino.

El tren de las 2:50 (tercera parte) (Las desventuras de los Héroes Olvidados)

Bueno, aquí va la tercera parte del prólogo de esta aventura que para mi gusto es justo el aire fresco que debía de soplar por los mugrientas y olvidadas tomos infumables de fantasía épica, demasiado sobria y militarizada muchas veces y demasiado desternillante otro tanto. Espero os guste.

Prólogo

3

—Kiwi, vamos, no te entretengas —me decía mi hermano mientras caminábamos por el asqueroso lodazal que era el bosque con aquella lluvia.

Yo mientras tanto iba mirando a los charcos del suelo e intentando distinguir mi cara en el reflejo de la sucia agua.

—¿Hermano? —pregunté.
—Dime, Kivi.
—¿Por qué nos llaman negros si tenemos los ojos rasgados y color amarillito?
—Te he dicho mil veces que no somos negros, yo soy del norte y tú tienes los rasgos del este, del lugar donde nace el sol.
—Mamá dijo que yo era negra.
—Mamá no sabe ni quién es tu padre —suspiró—, así que déjate de niñerías y sigamos adelante, el pueblo no debe quedar lejos.
—¿Hermano?
—¿Qué? —me dijo en un tono distinto al normal.
—¿Y yo por qué soy tan finita y tú tienes tanta carne?
—Porque yo soy fuerte y tú no.
—¿Y para tener tanta carne como tú y tan colgona qué hay que hacer?
—Kiwi, no estoy gordo, simplemente tengo otra clase de fuerza.
—¿Entonces tú no tienes esta fuerza? —dije mientras rompía un trozo de un grueso árbol muerto de un solo golpe con mi mano.
—No, Kiwi, yo tengo fuerza aquí —me señaló su cabeza.

Continuamos el camino con la gran cortina de agua delante y detrás nuestra, parecía magia, nunca entedería por qué las nubes lloran, quizás tenga pena por algo.

—¿Hermano?
—¡QUÉ! —no sé por qué grita, quizás se crea que soy sorda, lo mismo él está sordo, le gritaré también.
—¡QUIERO VOLVERME A MI CABAÑA, YA ME HE ABURRIDO DE ESTE CAMINO!
—No me grites, imbécil —se vino hacia mí como cabreado—, a ver cuándo te enteras de que decidiste acompañarme porque te dio la gana. Yo tengo una misión que cumplir y tú no paras de dar por culo. Si quieres irte vete, nunca te pedí que vinieras, niñata.
—Pues me voy —respondí—, en mi cabaña estaré mucho mejor que aquí, además hay pastel de carne.
—Adiós.
—Adiós, gordo.

* * * *

Por fin se fue, esa niña es aún pequeña para comprender el mundo y más viviendo aislada como ha vivido. Es la primera monje que conozco de su edad y encima ermitaña. Hacía años que no la veía y tuve la mala suerte de pasar cerca de su casa del bosque y se tuvo que apuntar a mi empresa. Vivía sola desde que se murió su maestra y me dio bastante pena dejarla allí así que acepté que viniera.

Yo iba en busca de mi padre, desde muy pequeño mamá me había inculcado que papá salió a comprar hierba para pipa y nunca más volvió. Teniendo en cuenta que mamá había tenido muy mala suerte con los hombres ya que cada uno de mis hermanos era de un marido distinto, no me extrañaba que el destino hubiera jodido a mamá de nuevo. Así que me dediqué a leer, a leer mucho. Todos los amigos de mamá me traían libros siempre que quedaban con ella y yo los devoraba mientras ella charlaba con ellos acaloradamente en su cuarto. Resultó pues que a la edad de 15 años, mientras estaba en el cuarto de baño concentrado en conocer mi cuerpo y admirando algo más que mi intelectualidad, que ya de por sí es admirable, en pleno éxtasis y justo antes de gritar “¡ayatolá!” lanzo un rayo de energía y quemo media casa. Después de ir de consulta en consulta por los sanadores y curanderos y de pedir más de una opinión me diagnosticaron “síndrome del hechicero precoz”, lo que viene a ser que por motivos ajenos a mi intelecto y más hereditarios que otra cosa yo era hechicero. Mi madre no tuvo más remedio que explicarme que mi padre era un ser antropoformo y con alas que había bajado del cielo y hubo fornicado con ella durante gran rato para volver a irse de nuevo a su casa celestial, además de eso añadió que mi padre tenía tres tetas y era hermafrodita, con lo cual no sé si llamarlo padre o madre. Debido a tantas preguntas mi madre me dio una lanza que dijo que mi padre le había dado para que me regalase y que yo opto más por pensar que se le olvidó allí, y desde entonces llevo dos años buscando algún rastro suyo de pueblo en pueblo y perfeccionando mi magia natural. Sólo tengo de él un nombre, Antarcharán, y el resto está sumido en un velo de misterio que me es imposible descolgar. Pero todo esto es algo difícil de explicar a la joven e inocente Kiwi.

—Me he cansado de volver, hermanito, mejor me quedo aquí.

Kiwi era demasiado inocente e infantil para tener 15 años, pero habiéndose criado en el bosque sin conocer nada más que a su maestra era normal.

—Muy bien, pues quédate a mi lado que no debe de quedar mucho para llegar al pueblo.

Dicho esto continuamos la marcha y llegamos a un cenagal.

—Vaya —pensé en voz alta.
—¿Es muy profundo, hermanito?
—Podemos probar tirándote a ti.
—Sí, tal vez, pero no se me apetece, lo mismo podrías probar tú…
—Kiwi, es igual —no comprendía una broma.

Bueno, estábamos estancados, no había duda, cruzar eso nos retrasaría bastante, pero no había más remedio.

—Kiwi, vamos a rodear el cenagal para… —Kiwi no estaba por ningún lado—. Kiwi, ¿otra vez te has ofuscado y quieres irte a casa? —no, eso no era propio de Kiwi, normalmente trata de dialogar, algo pasaba.

Saqué la lanza que llevaba guardada a la espalda, la lanza de mi padre celestial. Algún día debería plantearme aprender a manejarla, pero soy inútil para casi todo lo físico.

—¿Kiwi? No te estarás lavando otra vez ahí abajo como haces cada vez que te aburres, ¿no? Que después te encuentro y me da cosita —nada, sólo la cortina de lluvia.

Vi tras la cascada de agua el resplandor de unos ojos rojos, así que lo seguí como buenamente pude sin trastabillar demasiado. Me topé con un ovillo gigante, una gran crisálida de tela de araña o algo parecido, alzando la vista me di cuenta de que no era solo un capullo sino diez o viente. Estoy en un nido de…

—¡Kikimoras! —gritó Kiwi.
—Alcé la vista y la vi arriba de un árbol, entre sus ramas, corriendo con la mitad del cuerpo cubierto del pegajoso material blanco, sin poder usar las manos y una gran kikimora persiguiéndola.
—Kiwi, ¿qué haces ahí?, ¡corre!
—Hermanito, no me gustan las kikimoras, me dan asco.
En parte tenía razón, un insecto mitad araña mitad cucaracha y de dos metros de largo por uno y medio de alto no es algo agradable a la visión. No sé cómo lo hizo pero Kiwi dio un salto y en el aire le dio una patada voladora a la kikimora que la hizo caer del árbol hacia donde yo estaba. Asustado no se me ocurrió otra cosa que poner la lanza en vertical y gritar cuando me empezó a caer por el rostro un líquido negruzco y coagulado. Sangre de kikimora, que se había empalado ella sola contra la lanza de mi padre.
—Kiwi, vámonos, rápido.
Dicho esto Kiwi, de manos atadas, y yo lleno de sangre de ese bicho y sin poder sacarlo de la lanza por asco a tocarlo corrimos hacia la ciénaga hasta que llegamos a la parte que no se podía atravesar si no querías que el fango te tragara.
—Por los pelos, hermanito, me está gustando el bosque más de lo que creía, pero las kikimoras no mucho. Aunque jugar con ellas al escondite está chulo.
—Kiwi, no hay tiempo para eso, se acercan más.

Mientras hablaba muchos ojos rojos que se podrían contar en tríos más que en pares se iban acercando a nosotros y la lluvia hacía de camuflaje hasta que estuvieran demasiado cerca. Tenía que pensar rápido, no había leído tantos libros de aventuras para nada. ¿Qué haría Indiana Juan en mi lugar?… Como si el ingenio poseyera mi intelecto cogía la lanza con la araña en su punta y la psue sobre el cenagal.
—Kiwi, ayúdame a sacar la lanza.
—Tengo las manos a mi espalda, no la puedo mover, la tela esta me lo impide.
—¿Eres una monja guerrero o no?
—Soy monje —dijo mientras se enfurecía, todo lo que se puede enfurecer Kiwi, y con sus pies sacaba la lanza del animal—. Toma —dijo desde el suelo extendiéndome la lanza con los pies—, y ahora ayúdame a levantarme, por favor.

Encanté la lanza con un conjuro de rayo de energía y resplandeció por encima de la penumbra de la noche. Esa breve luz me hizo ver que cerca de ocho kikimoras estaban a escasos metros de nosotros.

—Kiwi, dame tus pies —encanté los pies de mi hermana con el mismo hechizo, la verdad es que nunca había probado con un humano, espero no le traiga consecuencias desastrosas.

Kiwi se abalanzó contra las kikimoras dando patadas y enseñándoles sus artes de kung fu y muai-thai sólo con el uso de sus piernas. Ayudada por la magia que poseía ahora en ellas algunas kikimoras volaban por los aires, pero otras se acercaban a ella por la espalda.

—Kiwi, sube a la kikimora, vamos a cruzar la ciénaga montada en ella, corre —yo mientras empujaba a la kikimora que ya flotaba sobre el fango hacia el centro del cenagal.

Vi como Kiwi desaparecía entre kikimoras para posteriormente impulsada por sus pies mágicos salir disparada en un salto de varios metros y caer en nuestro improvisado bote.

—Estúpida, lo vas a hundir del todo. Vamos, chapotea rápido.

Yo haciendo de remo con la lanza y Kiwi con sus piernecitas comenzamos a cruzar el lago rápidamente. Los impulsos mágicos nos ayudaban bastante.

—Hermanito, me estoy mareando un poco.
—Calla y rema, que nos estamos hundiendo.

Del lago comenzaron a salir engendros de barro, de forma antropomorfa pero no demasiado, se les distinguía la cabeza y algo que parecían brazos.

—Kiwi, pedalea rápido, acuérdate de cuando íbamos a la playa con mami y alquilábamos los hidropatines —realmente no sé si Kiwi se acordaría, pero era una opción que necesitaba gastar.
—Bien, la playa con mami —gritó Kiwi risueña y aún atada de manos.

Kiwi comenzó a pedalear como si la poseyera una rapidez inaudita mientras yo remaba como un gondolero de aquella ciudad tan romántica, cómo se llama… Bienecia. Llegamos así por fin a la otra orilla del cenagal casi sin kikimoras, los dos abrazados, bueno, yo abrazado a kiwi para ocupar menos espacio, y saltamos a la orilla. Los engendros comenzaron a salir del agua y no tuve otra opción que tirar del narcotizaje, mi mejor hechizo, mi salvación en los días de insomnio y en mis ligues con las chicas.
—DÓRMI, DÓRMI —los engendros comenzaron a caer y yo con ellos extasiado de usar la magia. Poco antes de cerrar los ojos pude ver a un hombre que se acercaba a nosotros.

—Tranquilo, muchacho, estaréis a salvo, pero me debes un favor —dijo aquel rostro difuminado.

El tren de las 2:50 (segunda parte) (Las desventuras de los Héroes Olvidados)

Aquí os dejo la segunda parte del prólogo de este pequeño relato de fantasía épica y algo de humor.

PRÓLOGO

2

Soñando estaba una vez más que asistía a la sala de variedades de Madame Perséfone, el suave balanceo de las coristas sobre mi pelvis fue apartado por el traqueteo de mi improvisada cama. Al abrir los ojos sólo pude ver la oscuridad que proporcionaba mi sombrero fedora, el cual dejaba caer sobre mi cara como medio para soñar. Me lo encasqueté finamente sobre mi cabeza y miré a mi alrededor. El coche de cuatro caballos en el que estaba montando, parece ser que no sabía andar en línea recta por sí solo. Así que salí por la portezuela y subí arriba.

—¿No sabéis andar hacia delante simplemente? Si hay un árbol sólo tenéis que esquivarlo, si veis un barranco saltarlo y si veis enemigos matarlos y relinchar para pedir ayuda. Es tan fácil como eso, animales inútiles, si vierais lo que hace Rosita aparte de quedaros todos empalmados de lo guapa que es aprenderíais un poco lo que es una buena montura —me quedé mirándolos mientras seguían por el camino más pedregoso que había visto nunca—. Nada, ¿ni un relincho de perdón? Bueno, voy a tener que tomar los mandos.

Dicho esto me puse a las riendas subido sobre el pescante del carruaje, con lo bien que se estaba dormido dentro del carruaje en ese mullido sillón. Nada, no pasa nada, volví a tirar de las riendas para mover a los caballos.

—¿Nada, cabrones? ¿Qué pasa, tenéis miedo de algo? —me levanté y fui hacia las bridas que había entre los cuatro caballos que tiraban del carruaje. Subido como podía en aquel pequeño palo que los sujetaba a la carroza me enfurecí—. ¡Pues temedme más a mí, hideputas! —dicho esto comencé a darle puñetazos a los caballos uno a uno, eran duros los cabrones, pero habiéndome peleado con ogrotauros en las tabernas de Landau esto no era nada para mis curtidos puños. Cuando comenzaron a sangrar aminoraron la marcha.

—Ya era hora, parece que no entendéis.

Estaba reventado, así que me bajé del carruaje y me puse a resoplar en el suelo con las piernas abiertas e intentado coger todo el aire posible.

—Buenos días, ¿tiene usted por ahí la licencia del carruaje?

Miré hacia arriba y me encontré a una pareja de soldados del reino.

—Sí, un momento agentes, veréis, he tenido un problema con los caballos, uno de ellos perdió inyección y la dirección del carro me ha dejado tirado.

—Bueno, supongo que le quedará poco para hacer la inspección técnica de carruajes, ¿no?

—Sí, agente, le quedan pocas semanas.

—Muy bien, circule y vaya por otro camino, esta parte está en obras.

—Por supuesto, agentes, señores —dije levantando el sombrero.

Subí al carruaje y le di la vuelta, parecía que los caballos ya no eran presas del pánico que les había entrado.

—Espere un momento, señor, ¿no le importaría llevarnos a la ciudad más próxima?, por esta carretera no pasa nadie y es inútil que estemos aquí haciendo un control.

Mala suerte la mía, no podían haberlos pisado los caballos a los dos y haberse cagado en sus entrañas. Espero que no se den cuenta de que el carruaje es robado.

—Sí, por supuesto, montaos en la cochera que partimos.

Di la vuelta y seguí por el camino que deberían haber cogido los putos caballos, pensando en que a los jinetes a los que les había robado el carruaje les llevaba un día de ventaja. Bueno, confiemos en mi suerte.

Al poco rato los caballos comenzaron a ir aún más rápido y un olor a podredumbre me embriagó los sentidos, miré hacia atrás y pude ver de lo que huían los caballos anteriormente. Un golem de mierda perseguía al carro, medía más de cuatro metros y estaba formado por… bueno, por productos defecados por la mayoría de las razas y animado bien por un hechizo que salió mal, por la madre naturaleza o quizás por algún loco. Esa masa informe donde se podía distinguir una cabeza, dos manos y dos piernas que goteaba mugre se acercaba cada vez más al carro.

—Agentes, tenemos un problema, yo que ustedes me preocuparía por eso que nos persigue —grité.

Los soldados asomaron las cabezas por las portezuelas y comenzaron a gritar. Cada día los soldados son más caguetas. Miré a todos lados en busca de solución, el hideputa no iba a parar hasta que no le diéramos de comer lo que ansiaba: los caballos. Los golems de mierda se pirran por los caballos, quizás por su olor corporal tan asqueroso o por la espuma que echan por la boca. Le daría los caballos gustoso si no supiera que iba a morir una vez se los comiera o quizás antes de engullirlos. Entonces vi la palanca. Me monté en uno de los cuatro caballos.

—Agentes, agarraos fuertes al carro.

Dicho esto saqué mi látigo y agarré con él la palanca, tiré fuerte y toda la estructura de la carroza se desató del soporte cuadrangular del carro y salió disparada hacia la mole de mierda con los agentes dentro.
El impacto casi me llena de excremento, pero lo había logrado, acababa de incrustar el cajón de pasajeros del carro en la barriga del golem. Eso lo detendría bastante tiempo.

Con los restos que me quedaban del carro, es decir, los cuatro caballos y un soporte de barras de metal sin nada que aguantar, me dirigí al pueblo más cercano. La gente me miraba extrañada cuando veían entrar aquella estructura tan singular tirada por cuatro caballos que sangraban bastante.

Debería contar que mi vida se rige por la regla “¿y por qué no?”; por poneros un ejemplo, mi yegua rosita fue capturada por los soldados del reino vecino cuando la dejé posada en el abrevadero del rey. Necesitaba algún medio para escapar, ya que estaban buscando a su dueño, es decir, yo. Intentando buscar un plan de fuga en el que me planteé fingir mi muerte y escapar del pueblo entre los cadáveres, me encontré un carruaje del que se bajó un rico comerciante entonces me dije “¿y por qué no?”: esa misma noche lo robé y aquí me tenéis ahora, a un reino de distancia, con mis perseguidores a un día de mí. Feliz de la vida es el pensamiento que me recorre. Dicho esto, no hace falta decir que cuando vi una tienda de cañones al final de la calle me dije “¿y por qué no?”.

—Buenas, me gustaría comprar un cañón —le dije al tendero.

La tienda era bastante pequeña y cerca de la puerta había un hombre de metal mirando los cañones. Ese hombre de metal es una especie de armadura con conciencia, muchos dicen que tienen hasta sentimientos. El hecho es que su fin era usarlos para la guerra, pero una vez se van terminando, los forjados, que así es como se llaman, vagan por los caminos, pueblos y ciudades como seres normales que viven y piensan.

—Sí, señor, lo que tenemos son esos dos cañones del expositor, no tenemos montadas las ruedas para evitar robos, pero si compra alguno mi ayudante —señaló entonces al forjado— se las pondrá en un momento.

—Veo que no son muy grandes, el largo me parece que es un metro y poco.
—Metro y medio, señor. Lo justo para llevar en una embarcación o sobre un carro de combate de madera. Pesa media tonelada y usa balas del calibre estándar. Ciertamente es un arma perfecta para los viajes. Un par de mulas podrían tirar de él.

Mientras el dependiente hablaba pude escuchar gritos en la calle acercándose. Al girarme pude ver a los caballeros del reino vecino cabalgando por los adoquines en dirección a la tienda y haciendo señas para indicar que yo era un ladrón.

—Vaya, parece ser que no les llevaban un día de ventaja —miré al dependiente que estaba gritándole cosas al forjado—. Señor, escúcheme, le voy a comprar el cañón, no quiero robarlo, ellos me persiguen porque robé un carruaje de un mercader. Vale, ya sé que eso no dice mucho de mí, pero ayúdeme a salir.

Viendo que aquel hombre ignoraba mis palabras, y al retumbar de los pasos del forjado para agarrarme, tuve que recurrir al “¿y por qué no?”.

Corrí hacia aquella armadura andante y justo cuando estaba a un palmo suya me deslicé por entre sus piernas. Los sonidos de los caballos estaban cada vez más cerca, las calles deberían de ser mucho más extensas, coñi. Desde mi posición lancé el látigo que se agarró firmemente al cañón de la tienda pasando hábilmente por debajo del forjado. Son muchos años con aquel látigo como para fallar eso. Una vez lo tuve bien trincado corrí hacia el carruaje y até el otro extremo de mi arma lo más fuerte que pude con un nudo que me enseñó un marinero de agua dulce. Subí a uno de los caballos y lo espoleé lo mejor que pude, no sin antes quitarme el sombrero y gritar “Yiiihaaa”, mientras lo movía en el aire. El carruaje comenzó a subir la calle en dirección a los caballeros que me buscaban, cada vez estaba más cerca de ellos y por consiguiente ellos de mí.

—Ladrón de carros, prepárate a morir —gritaban mientras otros elevaban sus gritos sobre el caos de la escena.
Tragué saliva y seguí hacia delante sin miedo, el látigo se tensó por fin y tiró del cañón. El cañón salió despedido de la tienda a través de las piernas del forjado que cayó de espaldas contra el suelo. Ahora era un arma ingobernable, zarandeaba hacia todos lados rompiendo paredes de casas y vitrinas de las tiendas. Distraído como estaba en ver eso me había olvidado de los soldados que tenía delante, así que cuando cambié la dirección de mis ojos una lanza me rozó la cara justo a tiempo para deslizarme por el caballo y agarrarme a su vientre. Debajo de los caballos tendría protección. El carro se estrelló contra los caballeros y derribó a varios, el resto lo hizo el cañón cuando llegó al lugar a tirones gracias a la cuerda. Volví a subirme en los caballos y grité de contento. Pero la cosa no acaba ahí, de una calle pequeña salió el golem de mierda con la carroza atravesada en su barriga. Los hombres de la carroza me apuntaban con sus arcos y el golem corría hacia mí. Esquivando flechas y esperando el empellón del golem salté de los caballos al suelo y pude ver como aquella masa se interpolaba enfrente de los caballos y abría su boca a la espera de tragárselos enteros. Los hombres del carruaje bajaban de él llenos de mierda y corrían hacia mí. Todo sucedió muy rápido, el golem se tragó el carro entero, los dos soldados se echaron encima mía, pero nadie contó con el cañón que atado al carro seguía su curso a gran velocidad, tanto es así que impactó con la cabeza del golem y esta estalló en mil pedazos de mierda bañando a todas las personas que miraban la escena.

—Te tenemos, anormal, vas a estar en la cárcel hasta que me dejes limpia la ropa con la lengua.

A través de los soldados que me tenían contra el suelo puede ver como el cuerpo del golem sin cabeza comenzaba a caer contra el suelo. Empujé a los dos soldados como pude hacia la trayectoria y les cayó justo encima. Viendo el caos, escalé un pequeño edificio de dos plantas y me subí en la azotea para así estar lejos del lugar. Me agaché y miré el destrozo que había hecho y encima me había quedado sin cañón.

—Oye, muchacho —miré hacia atrás sacando mi revólver y me vi a un campesino como otro cualquiera mirándome tranquilamente—. ¿Qué te parece si te saco de aquí sin problemas y aceptas una misión?

Bueno, ya me conocéis, sólo podía decir una cosa.

—¿Y por qué no?

El tren de las 2:50 (Las desventuras de los Héroes Olvidados)

Debido a una partida de rol iniciada por los integrantes del Salón de mi Casa, se me ocurrio escribir en tono de humor a la vez que serio lo que yo llamo una novela de humor con tintes épicos.  Aqui tenéis el resultado de este coktail de fantasía épica y alocada.

PRÓLOGO

Primera Parte

Toda historia épica comienza en un lugar sagrado, en un santuario que por todos es conocido, ya sea una aldea de hobbits, la casa de unos tíos bastante desagradables, un carrusel de feria que te transporta a un mundo inimaginable o tal vez, y solo tal vez, comience con unos protagonistas atados a una piedra. Mi historia no puede ser llamada épica en el sentido estricto de la palabra, por eso comienza una noche en una taberna.

Allí estaba yo como una noche más, entre bastidores dispuesto a ganarme el pan de cada día. Me puse con cuidado la grasa de cerdo en el pelo para tenerlo a punto, a ellas les encanta. Me quité mi blanca camisa dejándola sobre el perchero de aquel pequeño cuarto y me puse los pantalones cortos y ajustados que tanto éxito me traen, blancos inmaculados. Cambié con tiempo de sobra el piercing de mi pezón de metal por uno de color rosa y me puse un vendaje en los ojos del mismo color, acorde además con el color de mi laúd. No me pude mirar al espejo ya que el vendaje de los ojos me impedía verme, desde aquel día que me quedé ciego hasta que vi la luz de nuevo no había pasado mucho tiempo, así que me desenvolvía bien en la oscuridad. Pinté mis carnosos labios con extracto de rosas rojas y no pude evitar probar un poco de su dulce sabor. Hice la señal sagrada y me produjo náuseas. Aún no me había acostumbrado a mi nueva vida y por tanto hacía esa señal mecánicamente para tener una buena faena. Ya estaba listo. Me levanté del taburete y busqué en la oscuridad la puerta que daba al escenario.

Sentí el calor de las antorchas y pude oler el aroma de cerveza, sudor y mujeres. Todo el mundo calló de repente. Me estaban examinando, saqué mi laúd rosa que llevaba colgado a la espalda y me puse a tocar como solo él me había enseñado, mi maestro Joaquín Sardina.

Mientras la gente palmeaba la canción “Rubia de la Quinta Taberna” las mozas me miraban hipnotizadas, lo presentía, sentía cómo sus húmedos ojos recorrían todo mi cuerpo parándose en el culo que me hacían los pantalones y en el piercing rosa del pezón. Otra cantidad de hombres ya casados y sin afán de dejar a sus parejas femeninas hacían otro tanto, sabiendo que esta noche soñarían conmigo y descubrirían su verdadera sexualidad, pero algo que no estaba previsto pasó.

—Eh, tú, bardo maricona, no nos dejas a mí ni a mis compañeros poder tomar una cerveza tranquilo. ¿Por qué no te largas a poner el culo en otra taberna a ver si un buen potro nórdico te da lo que ningún hombre en este pueblo estamos dispuestos a darte?

Paré la música en ese momento y el ruido del molesto silencio apuñaló el salon de aquella taberna.

—Perdone, buen cateto, sólo me gano el pan. Además, dudo mucho que estas dulces señoritas de las que puedo oler aún la flor de su juventud quieran que el concierto se termine. ¿No es así, señoritas? —la sala estaba muda—. Vaya, parece que otra vez se impone la ley del macho sobre la hembra. Cuando estéis en el país de las amazonas aprenderéis lo que es ser sodomizados y no al revés, machotes.

—Fuera de la taberna, bardo, las señoritas, como puedes ver, no quieren escucharte.

—Dada su agudeza, buen cabrón, debo decirle que soy ciego y esta venda que llevo a los ojos debería ser un indicativo de mi minusvalía, si no pregúntele a su mujer, anoche casi la dejo ciega también mientras botaba alrededor de mi miembro de maricona.

—Ésas son tus últimas palabras, bardo.

Escuché como aquel aldeano corría destrozando las mesas hacia mí, lerdo de mí no lo pude esquivar por estar embelesado con el acompasado sonido de sus rítmicas piernas y me asestó un puñetazo que me dolió bastante, pero que no consiguió moverme ni un ápice. Supongo que el aldeano pondría cara de extrañeza y aproveché ese momento para darle con mi laúd en la boca, pero erré mi tiro por culpa de la ceguera y quedó estrellado contra el suelo. Herido mi honor como estaba cogí mis cosas y me fui de la taberna bajo la mirada de todos los parroquianos.

—¿Dónde vas, marica? Quieres tener más espacio para maniobrar aquí fuera, ¿no? Está bien, hagámoslo en tu terreno, ciego.

Como si el mundo girara en torno a mí como es habitual desde el incidente, comenzó a llover, una lluvia fuerte que impedía a mi acechante verme bien.

—Ahora creo que sientes lo que yo siento, no ves ni a tres palmos de tu cabeza, así que pon el culito que te voy a dar un poco.

Mi única arma, un palo de bambú que llevo desde que perdí la vista; la suya, los puños y tal vez alguna daga escondida. Comienza la marcha, las gotas de lluvia unidas al viento elevan una melodía peculiar que me hace bailar. Me muevo rápido allí con un solo pantalón corto ajustado como prenda de vestir, pero no tengo frío, no desde hace tiempo.

El cateto corrió hacia mí, fue fácil saltarlo y subirme sobre mi palo, el cual estaba equilibrado en el suelo. Desde allí arriba di un salto e intenté derribar a mi oponente, pero lo esquivó y caí de bruces contra el suelo. Él se subió encima de mí y comencé a ser presa de aquella furia que tantos problemas me trae, quería matarlo de una dentellada en su cuello, pero no debía, debía controlar la furia. Entonces le asesté un puñetazo que lo dejó pasmado.

Sentí entonces como la fuerza con la que el hombre me agarraba desaparecía, tal vez por la sorpresa y el puñetazo que le había asestado. No siendo mi mejor golpe marcaba la diferencia entre un ser humano y otra cosa…

—Toma mi mano, bardo, me has demostrado todo lo que necesitaba. Vamos dentro junto al fuego, aquí está calando bastante.

Sentí como una mano se acercaba a escasos pies de mi cara. Le daba la mano y aceptaba tomar una copa con él o continuaba la pelea y sería otra taberna y quizás otro pueblo al que no podría volver. Acepté pues la mano de aquel hombre.

—Ya veo que tienes frío, amigo, estás helado. Vayamos dentro y conversemos.

Escuché el ruido de toda la gente que estaba apostada en las ventanas mirándonos como volvían a sus mesas rápidamente pensando “aquí no ha pasado nada”.

Una vez dentro me senté con aquel hombre en un reservado y comenzamos a conocernos.

—¿Cómo te llamas, bardo?

—Es de mala educación preguntar sin presentarse primero, buen cateto. Por cierto, hueles demasiado a sudor y eso me excita —me pasé la lengua suavemente por entre los dientes en un gesto que pocas personas han rechazado a lo largo de los tiempos.

Pude escuchar como aquel hombre tragaba saliva y sentir como me miraba el piercing rojo del pezón.

—Me llamarás señor John, y ponte una camisa, por favor, quiero hablar contigo de un tema.

—Está bien, John, qué te preocupa, cuéntaselo al tito bardo —dije acercándome hacia su persona.

—Está… está… está bien, escucha, como bien sabes estás en Nakun, el país de los muertos, el lago que puedes ver desde cualquier punto de Nakun tiene el poder de la resurrección y desde este pueblo está el único acceso a dicho lago. Yo junto con algunos compañeros más estamos en contra de que resuciten a los muertos para fines belicosos, queremos que nos ayudes y la recompensa será grande.

—Um… No me decís qué me vais a dar y sin embargo me pedís ayuda… Está bien, pero quiero varias cosas para esta noche.

—Pide, bardo.

—Quiero alojamiento esta noche aquí sin preguntas, quiero que suban mis cosas a la habitación más grande y más alejada del resto, quiero que una doncella se pase a medianoche por mi alcoba y por último quiero tu culo aquí y ahora.

Un silencio oscuro se hizo en el reservado a la espera de la contestación de John.

—Está bien, bardo, espero que disfrutes —dicho esto escuché el ruido de los pantalones bajarse y sonreí.

Eso es todo, si os gusta habrá más asi que no dudeis en comentar.

He sido abducido XI

Poco a poco el círculo se va cerrando en torno a nuestro protagonista, pero ¿qué hay de los secundarios? Ellos también tienen su propia historia.

He sido Abducido XI

Querido Diario:

He tardado varios días pero acabo de llegar a una conclusión que puede significar un hito en la historia de los campos de maíz y las señales en el trigo. El descubrimiento más grande desde Roswell (Nuevo Méjico). ¿Que eso nunca pasó? Sí, claro… nunca pasó… también creemos que bebemos agua libre de partículas nocivas y que las depuradoras sirven para algo. Pero nada más lejos, lo cierto es que lo de Roswell pasó (vale, tal vez los extraterrestres no chocaron contra el desierto, quizás vertieran sólo sus residuos, originando un montón de caca espacial, la cual estuvimos analizando durante años y de la cual sacamos tecnología como el DVD, el iPad y la Playstation 3), el agua que creemos que bebemos, no es literalmente agua y las depuradoras son grandes almacenes del gobierno para guardar los mejores secretos de estado (con ese olor a mierda cualquiera lo pensaría) y yo creo que he sido abducida. Gracias a Dios tengo mi moleskine de bolsillo como el gran Henry Jones y así podré escribir rápido mis vivencias.

Día 1- Acababa de publicar un informe sobre abducciones en un blog de moda de Internet. Le había pedido el favor a un buen amigo mío con el que jugaba a los médicos cuando era pequeña y él, sin pensárselo dos veces, lo subió a la red. Causó tal revuelo que las visitas de la página subieron como la espuma de la cerveza de mantequilla bien templada. Lo cierto es que eran personas mentalmente divergentes (locos) que confirmaban mi hipótesis sobre las abducciones y como a los borrachos y a los niños decía un loco de la Biblia que había que hacerles caso, empecé por hacerle caso a los locos. Para confirmar mis hipótesis nos dirigimos mi equipo de investigación y yo (dos tíos más) a una base petrolífera llamada Kansas, en el océano Pacíndico (que es la unión de los dos océanos, bastante pequeño la verdad ese océano) llevamos con nosotros instrumentos de la época colonial (es decir, de Cristóbal Colón) tales como el astrolabio. Nuestras hipótesis fueron confirmadas al momento, sólo hizo falta refractar la luz del sol en un preservativo y que ésta diera a una lupa de tres aumentos, el astrolabio hizo el resto. Era real, la órbita de la Tierra había cambiado mínimamente por culpa de las petroleras y su afán de perforar una y otra vez el lecho marino, y perforar y perforar…

Contenta como estaba por el descubrimiento, ya que con él se podría demostrar por qué las personas son abducidas y no sólo las vacas, me fui al baño a celebrarlo como se merece. Sí, las mujeres también necesitamos limpiar nuestro cuerpo y la mujer que diga que no se tira ventosidades (pedos) miente. Algo pasó entonces, como un temblor de tierra, miré hacia el váter pero había lo habitual, no había cagado piedras ni nada raro que explicara esa sacudida. Me limpié, pues, de proa a popa. Hay diversas teorías pero creo que es la más idónea para no coger infección y salí por la puerta. Lo que me esperaba tras ella era un inmenso supermercado.

Día 3- Te escribo después de tres días pero no he podido hacerlo antes, esto es increíble.

Querido diario, si tuvieras ojos para ver lo que aquí pasa intentarías evitarlo como estoy haciendo yo ahora. Estoy en un supermercado espacial. No sé dónde estamos ubicados, en qué planeta, posiblemente estemos en Ganímedes, constelación Orión, Raticulín, en Alfa o en Beta. Mi teoría era cierta, las abducciones no se hacen cuando los extraterrrestre viajan a la Tierra. Lo hacen desde sitios muy lejanos como éste y con su rayo nos traen aquí.

Todo me parecía normal salvo por el hecho de estar en un supermercado y no poder salir. Aún no me explico por qué las puertas no se abren. Debe ser algo del sensor, no reconoce mi figura. Todo eso me extrañó al principio porque había mucha gente normal por allí, además de los típicos dependientes medio zombis y alelados. Pero esa misma noche una gran entidad comenzó a perseguirme por todo el supermercado, creo que es una especie de perro guardián. Conseguí burlarlo a duras penas. Me refugié en uno de los cuartos de baños de una zona alta del edificio, cerca de una especie de mirador. Y entonces comprendí que debía protegerme. Comencé pues así las obras de excavación. No fue difícil, teniendo un supermercado, todo es más fácil. Cogí prestada una retroexcavadora y me fui al tajo, sólo me faltó un pantalón de camionero y poder escupir cuando quisiera para ser todo un hombre, pero sería imposible, el pantalón me quedaría bastante apretado y sexy como para ser un hombre. Sería pues una lesbiana güenorra.

Día 7- Sí, creo que sí, por fin me dispongo a anotar lo que puede que sea el último pasaje de este mi diario.

Creo que he averiguado qué es esto, después de distintos métodos inductivos e inferenciales creo que puedo decir con total acierto que esto es un supermercado.

Al parecer no es de una marca conocida y además las bolsas no cuestan dinero, parecen fabricadas con un material orgánico algo parecido a la patata. Podría ser el fin del hambre en los países pobres. Distribuiríamos bolsas de patata por todos los sitios y la gente podría sembrar y comer.

La salida la he encontrando, pero tiene un sistema que impide salir a las especies humanoides. Sí, parece que el supermercado está plagado de personas pero descubrí que cuando me abdujeron me tuvieron que meter cosas por mis agujeros más íntimos. Entre ellas unas lentillas gracias a las cuales todo nos parecía bastante “humano” en vez de seres vacunos. Otra de las cosas fue un traductor con el cual podemos entender todas las lenguas, parecía una especie de pez, tenía el nombre puesto en el lomo, pez rotel, pez bambelbi, pez barel… bueno es igual.

Mi pregunta era sencilla, ¿por qué estaba aquí? y ¿cómo podía salir? Desde mi refugio, detrás de los baños, comencé a investigar y me llevé investigando días. Entonces se me ocurrió, mezclé ácido clorhídrico con… otro material y dio una reacción que lo flipas con la cual tuve una epifanía.

Bajé a los sótanos llevada por mi visión, en la cual se veía un elefante diciéndome “en los sótanos habemos muchos de nosotros”; estaba claro que no sabía hablar muy bien, pero aun así le hice caso.

Allí descubrí algo increíble, jaulas y jaulas de especies de todas las galaxias y las muy muy lejanas también. Parecía increíble dado que soy la chica más lista y guapa de la facultad, y no, no me llamo Lidia, ni Cristy… mi nombre es Marta, aunque la gente me llama Marty.

Perdón, querido diario, si divago un poco, pero estoy bastante nerviosa y quiero que quede constancia de todo lo que está pasando. Siguiendo con lo que decía, allí abajo pude ver al elefante de mi visión, al parecer el supermercado iba abduciendo a especies de todos los planetas y estrellas y las usaban para lo que más le conviniera, los duros como la madera servían para hacer muebles, algunos más blandos para cojines, los más jugosos para comida, los más activos para dar luz o para trabajar en el servicio de atención al cliente del supermercado. Pude ver así a los humanos, los usaban para ser dependientes, por eso podría verlos igual sin las lentillas. Les lavaban el cerebro y los volvían vivos murientes, lelos, los mejores dependientes del universo.

Querido diario, he decidido enfrentarme al guardián, he decidido salvar a todos y salir de aquí, no sé cómo pero habrá alguna forma. Acabo de secarme el pelo y he dejado la toalla en el perchero, me pondré ese conjunto tan mono que me hace un buen pecho y salvaré a la humanidad, digo a la universalidad.

Mar Saknusen (me encanta este nombre)

He sido Abducido X

Bueno para los fans de las abduciones y los forofos de las sondas espaciales y las vacas os dejo la nueva entrega. MIl veces gracias a Deh por ayudar a hacer estos párrafos legibles.

He sido Abducido X

07:00 Acabo de despertar en mi cama con dosel, el centro comercial debe de haber abierto ya sus puertas. Por culpa de esa pastilla he dormido más de lo que debería. Pero hoy tengo claro lo que voy a hacer. Voy a rescatar a esas personas y sobre todo a esa mujer de ojos verdes.

08:00 Me he tomado mi tiempo para ducharme y hacer mis necesidades fisiológicas, que no han sido pocas, con estos nervios que tengo por la gran empresa que voy a llevar a cabo. He podido trazar un plan, y mi plan empieza así…

08:25 Ya he limpiado el refugio entero con la mezcla de Cilit bang y Agerul que debo patentar. Sí, mi plan empieza por ahí porque Confucio dice «ten tu casa bien limpia y podrás ganar batallas». Creo que era él quien lo decía, o sería un proverbio Klingon, que esos sí que eran buenos alienígenas, no las vacas que rondaban ayer. Es todo un misterio eso de las vacas, debo averiguarlo.

08:30 Ahora debemos explorar el terreno, que se dice pronto pero no es nada fácil. Primero iré por provisiones al supermercado.

09:00 Creo que tengo lo justo para comer: un poco de pan de pipas, una lata de paté, agua y una cuchara.

09:15 Dejo todo en el refugio, he de pensar en ir a cazar una cabra voladora arriba, ya que aquí la comida está restringida.

09:17 —Cobi, nos vamos de caza, ¡tráeme mis ropajes!
Cobi me mira como de costumbre.
—Sabía que harías eso.
La adoro, es tan mona… Cada día estoy más seguro de que es hembra.

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He sido abducido IX

Os prometo que en mi mente se están trazando las ideas finales. Todo va a tener su explicación, palabrita. Os dejo otro surrealista capítulo que aunque a priori no arroja nada, os va a dar mucha información.

He sido abducido IX

12:00 Y ahí estaba yo mirando un pedestal con una caja. Algo me decía que lo de dentro sería algo brillante, algo que debía oler muy bien.

12:03 Acercándome así me vino un olor a rosas, a un campo de rosas alrededor de una torre gigantesca, casi la podía ver.

12:07 Mi mente me transportó a aquel lugar con aquel fuerte olor, estaba entre ellas, entre miles y miles de rosas. Un campo gigantesco en una hondonada y allí a lo lejos se podía ver como ascendía de nuevo hasta la tierra normal.

12:15 Mientras paseaba miré al suelo y allí sobre mis pies estaba el camino de baldosas amarillas. Sobre él, un cartel casi borrado donde se podía distinguir FOLLOW THE YELLOW BRICKROAD. Qué raro era todo.

12:22 En el centro de la explanada una torre derruida y alta. Esto me suena, me es muy familiar, creo haberlo visto o leído en algún sitio.

12:30 Dejé a mi mente divagar y me tumbé en aquel campo de rosas a respirar su aroma, olía a vida.

14:00 No sé cuánto tiempo estuve en aquel campo, pero algo me despertó, como un ruido metálico, quizás de barrotes, y las rosas comenzaron a emanar sangre.

14:01 Volví a la habitación de nuevo, aquel pedestal con la caja de madera, era mi alma, estaba seguro. Sufría, estaba perdida. Esto no puede ser real.

14:05 Me despierto por fin del extraño sueño y recuerdo por qué me desmayé.

14:06 En la habitación había un gran celda metálica y lo que en su interior hay hizo que mi conciencia se tambaleara de nuevo en aquel extraño lugar. Humanos, había humanos encerrados en aquella jaula.

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He sido abducido VIII

Bueno, después de meses de espera vamos a agilizar la historia que más adeptos ha traído a este blog con su octava parte, nada más y nada menos.

He sido abducido VIII

9.00 Me levanto tranquilamente como cada mañana y me dirijo al cuarto de baño.

9.15 Acabo de afeitarme la poca perilla que me sale mientras pienso en el sueño tan raro que he tenido.

9.17 Me duelen mucho los ojos y por tanto la cabeza: va a ser un día duro.

9.25 De vuelta al cuarto una cama con dosel, una tienda de campaña, los restos de una cabra muerta, mis artilugios, mis trajes y el cielo estrellado detrás del cristal de aquel mirador con esa espesa niebla que avanza poco a poco hacia mi refugio me devuelven a la realidad. He sido abducido, llevo ocho días encerrado en un supermercado.

10.00 Una vez vestido con un traje de chaqueta salgo al laberíntico almacén donde pasillos y pasillos me esperan.

10.30 Cojo los cinco artículos de comer necesarios.

11.35 Intento una vez más salir por las puertas automáticas sin mucho éxito. No tengo alma.

12.01 La gente me mira mientras recorro los pasillos con mi carro automático, Cobi corre detrás de mí cual cobaya con complejo de perro fiel.

12.05 Me duele mucho la cabeza, parece que los ojos se fueran a salir de las órbitas.

12.07 Me dirijo a la gran videoconsola, mi maestra, la que me ha enseñado a sobrevivir en este pequeño mundo que es el supermercado.

12.24 Hoy toca aprender a cocinar y un poco de medicina. Inserto los dos Laser disc (qué raro, esto estaba obsoleto desde hace mucho tiempo, vaya formato más raro. Lo mismo es que se vuelve a llevar en un futuro), me pongo a aprender mediante el juego a cocinar y a ser algo parecido a un doctor.

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MEMORÁNDUM AL GOBIERNO

Hemos enviado a nuestro mejor hombre a la sierra de Sevilla de retiro espiritual. Realizará un entrenamiento especial que sólo él está cualificado para superar. Tres días vivirá en la adversidad, solo ante el peligro en aquellas montañas. Posiblemente lo intenten abducir. Posiblemente ustedes intenten hacer que falle en su obra. Pero no saben sus cualidades.

1-       Es capaz de sobrevivir 4 meses con comida silvestre. A base de vallas y quizás algún alimento que harían vomitar a una cabra. Sabe donde esta la comida y sabe más que nadie de supervivencia. 2-     En climas adversos se crece y es capaz de invocar a los elementos para que llueva o haga sol. 3-     No lo encontrareis nunca, es un genio del disfraz, se hará invisible entre la maleza. Ni los animales podrán olerlo antes de que caiga sobre ellos para devorarlos crudos. 4-     Sí, lo es. Es el tío más resistente de la Tierra. Ha sufrido fracturas que harían llorar a Bruce Willis. 5-     Sabe todas las técnicas de combate requeridas tras un duro entrenamiento. 6-     Y con todo esto parece una persona de lo más normal, podría estar cortando el césped en tu casa y tirándose a tu novia a la vez. No lo intenten. Déjenlo de retiro espiritual, déjenlo que se haga uno con la Madre Tierra. Cuando vuelva estará encantado de atenderles, pero ahora sólo quiere descansar. Por si aún no se lo creen, tenemos una grabación que deberían oír, señores del gobierno.

http://www.goear.com/listen/97f9be8/Xente-El-Salón-De-Mi-Casa

Debo decir que no soy autor de esto, es un esfuerzo en equipo, cuyo cerebro ha sido el Sr. Goodkat.