Para besar tus labios

Ella se dispuso a cerrar la puerta y cuando lo hiciera pasaría de estar en la cálida compañía de su aroma en su casa, al frío invierno de una calle cualquiera en la soledad de mi alma.

—Ciao —con esta única palabra ponía fin a toda una noche en la que podíamos incluir un café, risas, proyectos, una cena en un buen restaurante, alguna que otra copa mientras la luna se ponía en lo alto y un pequeño paseo hasta esa puerta donde había sido invitado a entrar para jugar un rato.

—Adiós —dije pisando el asfalto de la sucia calle una vez más. La puerta comenzó a cerrarse de nuevo como cada noche, pero antes de que la magia terminara me volví hacia ella—. Verás, siempre que todo esto acaba me pregunto lo mismo —ella dejó su tarea de fortificar la casa y me miró con un resoplido de resignación—. ¿De verdad quieres cerrar esa puerta cada vez que me marcho? Es decir, quizás sí quieras hacerlo, pero no con esa cara de cansancio y tan normal. Me he fijado que cada noche lo haces lentamente como si esperaras a que ocurriese algo que temes con toda tu alma, bien porque no sabes como actuarías o bien porque sabes lo que harías y no quieres —ella no decía ni mu—. Ahora me voy a acercar lentamente a ti mientras te hablo —mis pies siguiendo órdenes de centros nerviosos hasta ahora olvidados comenzaron a acercarse a ella— y voy a acercar mis labios hacia los tuyos. No haré todo el trabajo, ni siquiera te presionaré, simplemente me acercaré a una distancia íntima. Si no lo deseas no debes inclinarte, solo ciérrame la puerta en las narices. Pero, si de verdad quieres saber de una vez qué pasará entre nosotros, solo ladea la cabeza y aproxímate a mí. Sabes cómo se hace, lo has hecho otras veces. Cierra los ojos, es de mala educación tenerlos abiertos —dicho esto, ya estaba justo en la puerta entreabierta donde ella posaba su cara, aún no la había cerrado del todo y me escuchaba—. Me has dicho que no muchas veces, pero voy a intentar besarte. Niégatelo ahora a ti, júrate que no quieres y yo volveré mañana a seguir siendo el mismo gran amigo de siempre, sin compromisos, como si nada de esto hubiera pasado —entonces acerqué los labios y ella…

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