La confianza del Sexo

Por fin nos teníamos donde queríamos después de casi un año. Un año donde habíamos deseado abrazarnos hasta ir más allá de los cuerpos, tocarnos obviando los sentidos, besarnos hasta perder los labios en esa espiral que nos arrollaba. Ya quedaba menos para que el fuego se apagara pero antes debía arder con más intensidad que nunca y estábamos dispuestos a ir con todo a una sola ficha. Esta noche sería nuestra noche y nada ni nadie lo iba a impedir.

Ella me miraba con ánimo de avanzar, con esa expresión que denotaba las ganas que tenía de acercarse, de tocarme, de empezar. Me acerqué lentamente hasta que la estreché fuerte entre mis brazos. Sus labios me susurraron al oído algo que ambos sabíamos “lo que quieras”.

Se apoderó de mi cuerpo la adrenalina, la cual bullía por mis poros en un olor tan sexual como el almizcle más fuerte. Ella tampoco andaba desencaminada, lo noté en su piel cuando la volví contra la pared de azulejos del baño. El contacto con ella no podía ser sino húmedo y caliente.

Mirando hacia el espejo me sonrió a través del reflejo de su sensualidad al desnudo. La ropa sobraba y fue a parar a todos los rincones de una manera frenética rápida y ansiosa mientras nos sonreíamos. Dos cuerpos al fin desnudos, nuestras miradas se deleitaron con lo que tanto tiempo habían soñado ver y les encantó lo que vislumbraban. Sobraban los complejos. Ella se mordió el labio inferior cuando la subí sobre el lavabo a ahorcajadas. Con sus piernas un nudo marinero sobre mi espalda me impulsó hacia dentro de su piel. Yo ponía el ritmo con mis delgados músculos ella el sonido que brotaba por su garganta en pequeñas oleadas jadeantes, controlando cual metrónomo con sus largas piernas el placer.

Nos miramos un instante, no era amor lo que había en nuestras caras, solo sinceridad, dos corazones al desnudo que habían decidido apartar la tregua de indiferencia para mostrar sus debilidades el uno con el otro. La mayor expresión de la confianza, el sexo placentero.

Se agarró más fuerte a mi espalda y posó su cara sobre mi cuello y mientras lo mordía me vi mirándome solo frente al espejo con el cuerpo de una mujer agarrado a mi, moviéndome a su aire, que se tornó fuerte, fuerte y doloroso. Como si fuéramos uno. Sus manos olvidadas en la escena cobraron importancia cuando comenzaron a arañarme la espalda, de abajo hacia arriba, lentamente, ascendiendo con cada jadeo, con cada grito desesperado de una magnifica agonía que nunca terminaba. Nos sobraba la piel y ella lo sabia, queríamos ahondar mas adentro y todo se volvió frenético.

El lavabo no fue nuestro único confidente y pasamos pues a bailar un vals de placeres alrededor de la pequeña estancia. Los azulejos nos acompañaban, resbaladizos, presas del vaho de nuestras respiraciones. Lo último que vi a través de los reflejos fue como ella miraba al espejo agarrando fuertemente con sus manos un asidero a la espera de lo que venía lento pero inexorable, algo que no esperaba. La mueca de su cara fue como si hacia allí ascendiera algún hálito de aquella sensación que penetraba sobre su piel, se tornó desencajada para luego volver a suplicar más. Acompasándose rápidamente ella cogió el ritmo de una manera perfecta hasta entrar en resonancia con el aire. Su largo cabello le tapó el rostro y el espejo se empañó por completo para no dejarme ver preso de la ira de no poder compartir ni un ápice de las sensaciones que allí vivíamos.

El calor asfixiante se nos pegaba al cuerpo hasta hacer que asir la piel del otro fuera un reto. Un reto que compartimos placidamente sin represiones. Yo fui, dentro de ella, lo que quise ser y estuvimos dispuestos a traspasar las fronteras en una simbiosis donde no todo fue el tacto. El sonido cobró gran importancia cuando todo el ambiente se condensó y no dejaba hueco a nuestras miradas más que perdidas y presas del cansancio. Cansancio que negamos a admitir que existía siguiendo lenta y fuertemente. Sus pechos fueron abrigo, alimento, cáliz y peaje. El diezmo fue dado una y otra vez sobre aquel canal que no podía si no llevar a una linda boca que ahora sin reflejos pugnaba por seguir mientras miraba y sonreía.

Nos reíamos de nosotros mismos, al fin y al cabo, disfrutábamos hasta cotas insospechadas. No hubo ningún rincón que no fuera probado, ni ningún recoveco que no hubiera sido saboreado a través de nuestras lenguas y de nuestras manos.

Con pequeñas pausas para compartir impresiones de un segundo fugaces como las estelas de las estrellas continuamos siempre hacia delante. Mojados de sudor caliente, empapados por el deseo no podíamos sino ascender y descender por la espiral que dibujábamos con nuestras posturas, con nuestras piernas y nuestros ombligos. El tacto de mi piel contra su piel era como un anhelo cumplido como un descanso en la carrera de la vida, como un lecho vestido de erecciones de las pequeñas vellosidades que pedían más y más.

Estábamos cerca, ella me guiaba y se sorprendía pues mi inexperiencia se volvió maestría al cabo de pocos instantes, siempre enseñándome, siempre deseosa de que yo aprendiera a morderla en aquellos lugares donde más deseaba.

El sonido fue degustado, el tacto fue mirado mientras la vista era escuchada, el gusto olido y el olfato fue tocado. Todo a través de lo que nos sobraba, nuestros huesos, nuestra piel, nuestra carne y nuestros músculos.

Llegábamos por fin a la puerta, todo sería efímero cuando la tocáramos, todo sobraría por fin. EL final estaba cerca cuando la vista se volvió del revés mientras la piel pugnaba por salir del cuerpo en fuertes contracciones. Se escapó el aire de una manera estridente y todo quedo lleno de un olor sutil mientras caíamos rendidos. Yo sobre ella y ella sobre mí, entrelazados, largo rato sin hablar, no hacía falta. Una sonrisa recorría nuestro ser. Ambos lo necesitábamos desde hacía largo tiempo y habíamos cumplido, habiéndonos demostrado la complicidad y la confianza que tuvimos.

Después de esto cada un siguió su camino con normalidad, cuando no pudiéramos engañarnos de nuevo volveríamos a la intimidad de un cuarto de baño o una cocina, tal vez incluso de un coche. Pero mientras tanto cada uno viviría el amor que no pudimos tener juntos y seríamos felices.

22-10-2011

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