¡Qué afortunado soy!

Hoy ha sido un día difícil, triste, pero necesario. Comenzó la mañana como cualquier otra, casi desnudo en la cama por el calor y con la manta alrededor de mi cuello cual soga que quiere ahogar al sueño para despertarme al nuevo día. No estoy pasando una buena época, bien sea por los exámenes, bien sea por como suceden las cosas que me rodean o tal vez porque a veces es necesario descender un poco para coger impulso y subir a la felicidad de nuevo.

Decidí pues salir con mi madre, abandonar las cuatro paredes que durante semanas y semanas me tienen enfrascado en los libros y en mi pensamiento. Como he dicho en otras ocasiones, no hay nada peor que pensar ante estas situaciones. El sol despuntaba en lo alto, hacía mucha calor, la playa invitaba en la lejanía, a aquellos amantes que despertaban sobre sus arenas, a un frío baño en sus olas. Paseamos por la Calle Real mientras los que se examinan estaban estudiando en las bibliotecas y los aularios. Llegamos a ver a una persona, para mi muy querida, y a la que hacia tiempo que no veía.

Mi padrino esperaba debajo de su casa, que por cierto no tiene ascensor, a que el fisioterapeuta le ayudara con los ejercicios matutinos en la pierna tras la operación de cadera que tuvo hace unos meses. Operación a la que fui junto a toda la familia y estuve con él el tiempo que pude. Tito, como yo lo llamo cariñosamente, aunque en realidad es el tío de mi madre, había avanzando un montón y ya andaba casi perfectamente solo. Lo acompañé a dar una vuelta, y estuvimos hablando. El tan amable como siempre. Vive con su hermana y su cuñado porque mi tata, mi madrina, ahora está en el cielo cuidando de todos nosotros. Tata sabes que te adoro. Hablamos de todo y de nada, el tiempo pasa por todos y tito está mayor y bastante solo. La vida hubo un tiempo en que lo trato como el señor de la corte pero no todo es alegría, y también sufrió su época de llantos. La vida es perra para todo y debemos resignarnos.

El hecho es que él, mi padrino, siempre hizo todo lo que estaba en su mano para hacerme feliz. De pequeñito cada vez que venía a casa me traía un jamón entero para mí. Muchos jamones comí yo gracias a él, siempre que se acababa el que tenia, traía otro. Así durante años y años. Me compraba los mejores regalos, me pagó viajes e incluso la comunión entera. Me quería con locura y mi tita también. Los dos eran para mí, personas muy especiales y lo son cada uno ahora en su sitio. Aun recuerdo que la primera poesía que hice en mi vida con pocos añitos fue para él.

El caso es que las circunstancias de la vida hacen que se pierda un poco el contacto. Mi abuela ya no vive donde antes, el ahora vive lejos, apenas sale. En fin caminos distintos. Reconozco que lo veo menos de lo que debería y no pude evitar llorar esta mañana cuando antes de macharme, me miró y me dijo con lagrimas en los ojos “Dani, no te olvides de mi” Ahora lo recuerdo y aún no puedo evitar manchar de llanto este escrito. Es imposible que no se te ablande el corazón con algo así. Por supuesto que no me olvidaré y dentro de nada volveré a dar un paseo contigo. A veces, nos centramos muchos en nuestros problemas y no pensamos en lo que tenemos alrededor y yo me creía el ser mas desgraciado del mundo y descubro que aun hay gente que desea mi compañía como si fuera maná caído del cielo. ¡Qué afortunado soy por tenerte!

Tito estarás en mis oraciones y no te preocupes tata que yo desde aquí te lo cuidaré lo mejor que pueda.

Te quiero.

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