Caminando por un sendero incierto

La vida pasa paso a paso, y tú simplemente la vives. Unas veces le tocas el culo distraídamente y otras le das la espalda cuando crees que todo anda mal. Pasan amigos, pasan familias, pasan camiones, pasan chicas y pasan amores. Sin embargo no te despeinas ante nada, siempre hacia delante, siempre duro y con la mente clara. Dices que no una y mil veces, sin pensar en las personas a las que niegas el que te conozcan de una manera más personal e íntima. Desbaratas amores con una sola palabra ya que todo está bien claro y no es lo que buscas. Lo primero tú, siempre tú, y sigues hacia delante.

Entonces algo pasa, algo que tratas de negar durante lo que te parecen eones. Lo entierras muy abajo y vuelve a flotar, a  lo que actúas decididamente y le das paladas y más paladas de arena pero, todo pasa y todo queda y cuando queda flota de nuevo. Alguien esta ahí llamando a la puerta una y otra vez, tu no le abres, no le abres bien por haber buscado la perfección, por haber buscado un cuerpo de Afrodita con una inteligencia digna de Atenea y nunca lo has encontrado pero llega ella, y bien, no es Afrodita ni Atenea pero tiene nombre propio y comparte tantas cosas con ellas que la hacen una nueva diosa en la que no puedes distinguir lo bonito de lo inteligente.

Lo vuelves a negar de nuevo, no me gusta su pelo quizás, o como se ríe, pero es inevitable, la puerta está esta vez encajada y solo cuando sueñas, un pequeño querubín, se sienta a tu vera y te susurra su nombre. Despiertas y lo ves todo claro como el agua. ¿Cómo habías podio estar tan ciego? Por fin comprendes de una vez por todas que, aquello que llevabas buscando tanto siglos, tantos segundos, llegó sin avisar y te conquistó de dentro hacia fuera. La forma pura, la perfecta manera de conquistar.

¿En común? Toda una vida de gestos, gustos, libertad, risas, pensamientos, aficiones, manías, fracasos, miedos. ¿Distinto? Solo el sexo, tu hombre, ella mujer.

Encuentras por fin a alguien donde verte reflejado, una persona con la que poder charlar horas y horas sobre nada y todo sin desfallecer en el intento. Alguien con quien callar, alguien a la que abrazar, alguien a la que mimar, alguien con la que dormir, alguien con la que leer, alguien con la que esa palabra, “alguien”, se torna nombre propio.

Haces lo posible y lo imposible, estas siempre, no desfalleces, escuchas, callas, opinas, peleas. ¿Quién no ha ayudado a ser feliz a esa persona, aunque no sea contigo? Todos lo hicimos y todos los haremos. El amor es altruista o debería serlo para ser verdadero. Ya te fustigarás en la cama ávido de dolor después de tirar piedras sobre tu propio corazón. Ya llevarás la carga hacia el monte del olvido tu solo y sin ayuda, por caminos largos intentando que así un No se transforme en un Sí.

Y es que la esperanza es algo que el ser humano lleva innato, nadie se rinde ante empresas imposibles, todos huimos hacia delante. Los años nos ponen en su sitio pero mientras tanto nos esforzamos por conseguir que esa persona te de el más calido de los besos robados que nunca imaginaste, conformándonos siempre con sonrisas y algún que otro abrazo. ¿Eso es egoísmo? Que venga Dios y lo vea.

¿Y si algún día cambia? ¿Y si se da cuenta de que seria feliz conmigo? ¿Y si me diera una oportunidad? ¿Y si le trajera los vientos del cielo? Absurdo, cuanto menos fuera de la lógica, muy dentro de los sentimientos por otra parte. Es cierto que el vínculo que crearon nuestros ancestros, para cuidarnos los unos a los otros, nos juega malas pasadas como el amor no correspondido. El altruismo de querer que el otro sea feliz mezclado con el egoísmo de que lo sea contigo. Ese vínculo debería desaparecer ya que todos sufrimos mal de amor en esta vida, un mal innecesario.

No queremos llegar al monte del olvido, nos negamos una y otra vez en silencio bajo lágrimas a olvidar a una alma gemela como aquella, prefieres esperar, prefieres seguir allí y rezar porque algo cambie. Que vuelvan las alegres mariposas a su corazón sus nidos a colgar y que te mire desde otra perspectiva. Que comprenda lo que tu ves tan claro, esa felicidad que os llevaría de la mano por la senda del amor. Buscas ayuda a tu alrededor gritando que alguien le abra los ojos a ella para que vea la verdad, cuando lo que hay que tratar es de abrírtelos a ti mismo. Quitarte esa marchita venda con olor a rosas que a todos nos encanta. ¿O quizás sea verdad y ella pueda ver lo que tu ves? ¿Podrías tener razón?

El tiempo es el único que lo sabe, y nos dará y nos quitara la razón según su inmensa sabiduría. Algunos nos equivocamos y debimos haber querido a los que rechazamos y otros nos equivocamos simplemente de persona. Mirad dentro en vuestro interior lo que sabéis que es verdad. Desenterrar el sentimiento, dad una oportunidad, besar a las pasiones con ganas e intentar sed felices. Porque lo que veis tan lejano a veces esta muy cerca y siempre lo estuvo y si no siempre podréis ir caminando hacia el olvido.

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