Siempre serás mi pequeño amigo

Aquí os dejo mi primera incursión al mundo donde el telón sube, el foso espera en silencio y los cánticos de “mucha mierda” dan suerte. Desde los palcos espero disfrutéis de mi primera obra de teatro.

SIEMPRE SERÁS MI PEQUEÑO AMIGO

Creo que para esta obra necesitaremos constantemente una tela traslúcida con la cual mediante una luz se puedan proyectar sombras. La tela estará puesta en el fondo del escenario y allí pasarán sucesos… (no sé si me explico)

PRIMER ACTO

En el escenario un banco de un parque y un adulto, AGUSTÍN, sentado solo.

Agustín

Todo comenzó con Edgar y acabará con él. No recuerdo mucho de mi vida antes de Edgar… Bueno, a decir verdad recuerdo algunas cosas: el jardín cubierto de Gnomos de la señora Martínez y cómo se cabreaba cuando lo pisábamos a la vuelta de la escuela. Pero ese olor a hierba recién cortada volvía a los niños locos de remate, ese olor era diversión, béisbol, fútbol, incluso amor detrás de los setos. Recuerdo también las viejas películas del oeste que veía con mi madre en el cine de verano mientras comíamos kilos y kilos de pipas, adoraba esas sesiones dobles. Aún tengo el sabor del primer beso en mis labios, en los baños de la piscina municipal con la bella Susana, era la chica más guapa de la barriada y tuve una erección de caballo, lástima que solo teníamos catorce años y yo pensaba más en el fútbol que en las mujeres, si no podría haber sido una gran tarde aquella. Pero de todas las cosas la que con más claridad recuerdo es el miedo que le tenía a mi padre. Llegaba borracho a casa y después de pagarlo con mamá a base de chillidos venía a mi cuarto. Yo corría a esconderme debajo de la cama, con Edgar como único compañero. Mi pequeño peluche, mi protector, mi amigo. Él me protegía de papá hasta que un día papá desapareció de nuestras vidas. Edgar me decía que había sido gracias a él y yo nunca dudé de su palabra.

Mientras el hombre le cuenta al público todo esto, detrás del panel se deben ver sombras que por orden serán “la señora Martínez regañando”, “dos niños jugando al béisbol”, “un pistolero disparando y una persona muriendo”, “un beso de dos niños”, “ un padre con una botella en la mano irrumpiendo en un sito, el niño se agacha y se ve la silueta de un osito de peluche haciéndose cada vez más grande, no será difícil hacer con una luz, hasta alcanzar el tamaño humano”).

EDGAR (un actor disfrazado de oso de peluche) entra en escena y se sienta en el banco con AGUSTÍN.

Agustín

Hola Edgar, estaba pensando en voz alta de lo mucho que me ayudaste con lo de papá. Gracias a ti logramos salir adelante mamá y yo. Cierto, mamá nunca debe enterarse de que fuiste tú el que hizo desaparecer a papá, pero lo hiciste muy bien, Edgar. (Edgar lo manda a callar.) Vale, me callo. (calla y mira hacia otro lado) Aún recuerdo cuando te conocí, ¿te acuerdas, Edgar? (el oso asiente).

Ahora la idea es que nieve mientras pasa, que caiga del techo, en la escena necesitamos un árbol de navidad, se realizará desde delante a un lado del banco donde se sientan los protagonistas. La idea es que el decorado lo vayan poniendo gente que va vestida con unas mayas negras, es decir enteros de negro, más tarde explicará el porqué, hombres oscuros.

Agustín

Era Navidad, una de tantas otras, y para mí, Edgar, era igual de emocionante que todos los años. Papá y mamá aún eran felices y yo era aún más feliz. Tenía seis años, tal vez un poco mayor para un regalo como tú, pero bueno, las cosas inesperadas que van en sentido contrario al resto del mundo son las más brillantes, como tú.

ESCENA DENTRO DE LA ESCENA

La escena se ilumina con los focos y el resto de la escena anterior se queda a oscuras menos un gran foco que ilumina a Edgar y a Agustín. En la escena hay un árbol de navidad, y la nieve cae, dentro de escena un niño en el suelo (AGUSTÍN NIÑO) y una MADRE de pie.

Agustín niño

Mami, mami, ¿los reyes magos vendrán esta noche?

Madre

No, Agustín, los reyes magos aún están por el desierto con los camellos y me temo que tardarán un poco más.

Agustín niño

Vaya con los reyes, para el año que viene les compraré un coche para que vengan más rápido, ¿tú me ayudas?

Madre

Claro, Agustín, un coche con seis ruedas, así podrán venir corriendo a traerte tus regalos.

AGUSTÍN NIÑO ríe ilusionado. Madre e hijo se ponen a jugar juntos en el suelo con un par de coches, la escena se vuelve más oscura quedando solo el foco que ilumina a nuestros protagonistas en el banco y la luz del árbol de navidad.

Agustín

Recuerdo que vivíamos aún en la casa de Barcelona (Agustín se acerca al árbol de navidad mientras lo sigue Edgar, ambos iluminados por el foco), el árbol nos lo regaló la abuela poco antes de dejarnos para vivir aventuras allí en el cielo. (se acerca al árbol y lo toca)

Se ilumina a Agustín niño y a la madre, Agustín niño mira al árbol que está tocando su “yo” mayor.

Agustín niño

Mami, ¿qué le pasa al árbol? Se mueve…

Madre

No le pasa nada, Agustín, son los hombres oscuros.

Agustín niño

(asustado) ¿Qué son los hombres oscuros? ¿Son malos?

Madre

Oh, por supuesto que no, son los que hacen que el mundo se mueva, las hojas de los árboles las mueven ellos, hacen que el paisaje que vemos esté siempre en continuo cambio. Ellos empañan las ventanas cuando hace humedad y hacen que el sol salga todos los días, incluso ponen las calles por las mañanas para que cuando despiertes puedas andar de un lado a otro. Y lo más importante, despiertan a la ciudad para que empiece otro nuevo día.

Agustín niño

Las ciudades no duermen, mamá, y lo sabes, mi profe dice que duermen los seres vivos, sobre todos los osos que inviernan y sueñan cosas bonitas.

Madre

Hibernan, Agustín (ríe) y sí, todas las ciudades duermen, lo que ocurre es que son las últimas en irse a la cama y las primeras en levantarse gracias a los hombres oscuros.

Agustín niño

Mamá, yo cuando mayor no quiero ser ciudad, se madruga demasiado.

Madre

Me parece correcto, jovencito.

Se desiluminan un poco.

Agustín

Los hombres oscuros, Edgar, así es como mamá intentaba explicarme cómo funcionaba el mundo a través de pequeñas fantasías. Siempre llevaré conmigo el sonido de sus risas y los juegos que hacíamos, como contar nubes en primavera. (Edgar le pone una mano en el hombro) Pero bueno, silencio, ahí llega papá.

Se ilumina por completo la escena. PADRE entra en escena con un abrigo y un sombrero, lleva un paquete consigo.

Padre

Hola mami, hola pequeñazo, hace un frío que pela con esta nieve.

MADRE y AGUSTÍN NIÑO saludan, ella le da un beso a PADRE mientras el hijo corre a abrazarse de una pierna de PADRE.

Agustín niño

Papi papi, he estado jugando con mami y le vamos a comprar a los reyes magos un coche para que vengan antes el año que viene, y mamá me ha contado lo de los hombres oscuros que despiertan a Barcelona por la mañana y ponen las calles y…

Padre

Calma, calma, Agustín (riendo), eres un pequeñazo listo, ¿eh? Pues bien, muchacho, yendo por la calle me he encontrado a una personita que venía a casa a jugar contigo, tenía mucho frío y lo he traído aquí. Ten cuidado con él. (PADRE le da la caja a Agustín)

Agustín

Y ahí estabas tú, Edgar (mira al oso y este asiente)

Los chillidos del niño nos llevan a prestar atención a la escena.

Agustín niño

Ohh ohh ohhh, es un oso, un oso de los de verdad. ¿De verdad quería jugar conmigo papi? ¿De verdad? Seguro que invierna en estos días, ¿sabes que los osos duermen mucho papi?

Padre y madre ríen.

Padre

¿Cómo lo vas a llamar, Agustín?

Agustín empieza a pensar y mira a los padres con indecisión.

Agustín niño

¿Mami? (pidiéndole ayuda a la madre)

Agustín y Madre

(A la vez) Edgar, como J. Edgar Hoover, jefe del FBI.

Agustín niño

¿FBI?

Padre

El jefe de todos los policías.

Agustín niño

Bien bien bien, mi osito será el jefe de los policías y además será mi mejor amigo.

Padre

Déjalo descansar hijo, ¿quieres ir fuera a jugar con la nieve? Podemos hacer angelitos.

Madre

Pero tendrás que abrigarte, ya sabes, papá, que no me gusta que el niño coja un resfriado.

Padre y Agustín niño

Venga, mami, anda, anda.

Madre

Bueno, abrígalo e iros a jugar.

Padre y Agustín niño

(se chocan la mano y gritan) ¡Bienn!

La escena se queda solo con AGUSTÍN y EDGAR, los demás se van. AGUSTÍN NIÑO y PADRE se meten detrás del biombo blanco y comienzan a hacer las siluetas de que están jugando en la nieve. AGUSTÍN recoge el osito del suelo.

Agustín

Así eras tú, Edgar, cuando te conocí, antes de que hibernaras y te transformaras en alguien grande y fuerte. Creo que jamás podré agradecerte la compañía que me has dado durante todos estos años, jamás, quizás no valgan de mucho mis palabras, Edgar, quizás hablo por hablar, ya sé que me entiendes aun en el silencio, te alimentas de mis pensamientos y eres feliz y yo soy feliz contigo. Jamás me separaré de ti.

Mientras este monólogo ocurre los hombres oscuros entran en escena y se van llevando todos los trastos, así la escena se transforma en un parque de nuevo. AGUSTÍN acaba la escena dejando el osito en el suelo, abrazando al EDGAR grande y yéndose de su mano hacia el banco. Un hombre de negro viene y se lleva el oso.

CARMELA entra en escena.

Carmela

¡No se lo pierdan, esta noche baile flamenco, la academia de baile se exhibe en el parque! (dice esto mientras lleva mucho folletos y grita) ¡No se lo pierdan…!

CARMELA choca contra EDGAR que como se supone que es invisible no debe pasar nada, pero se tropieza, EDGAR cae al suelo y cae justo al lado de AGUSTÍN.

Carmela

Oh, vaya, caballero, lo siento, qué caída más tonta (todos los folletos esparcidos por el suelo)

EDGAR pide ayuda a AGUSTÍN para levantarse. AGUSTÍN lo olvida por el momento y se centra en la mujer.

Agustín

Tenga usted cuidado, ha debido ser que el suelo del parque está más removido por allá. (la ayuda a levantarse)

Carmela

Vaya, qué desastre, todos los folletos esparcidos por el suelo. En la academia me van a matar.

Agustín

Si eso le preocupa podemos recoger unos cuantos y el resto como quien no quiere la cosa los ocultamos por allí (le da una patada a algunos folletos para meterlos debajo del banco)

Carmela

Sí, claro, ¿y así como se entera la gente de que actuamos esta noche en el tablado del parque?

Agustín

Bueno, están muy sucios, podemos recoger los aprovechables y usted buscará a las personas que crea que de verdad irán a la actuación. ¿Sabes la de folletos que acaban en la basura, empapelando pescado frito o usado en las jaulas de los pájaros? Se sorprendería.

CARMELA lo mira un tanto ofendida

Agustín

Oh, perdón, señora, no quería ofenderla de veras, no estoy acostumbrado a estos encontronazos con mujeres tan…

Carmela

¿Tan qué?

Agustín

Haremos una cosa, si usted quiere reparta los folletos aprovechables y yo le prometo ir a ver la actuación esta misma noche, mis palmas sobresaldrán por el resto del público.

Carmela

Pues posiblemente, porque solo vendrá usted.

Agustín

Es usted una persona muy feliz si solo tiene que preocuparse por quién vendrá a una actuación. Me alegra saber que sus preocupaciones son así de simples. (recoge un papel del suelo) ¡Óiganme todos, esta noche la mejor actuación de todos los tiempos, no se la pierdan! ¡Caballeros, la mejor actuación!

Carmela

¿Qué se cree muy gracioso? Anda, váyase, por favor, ya ha hecho suficiente el ridículo.

Agustín

Lo siento, señora, no pretendía… (agacha la cabeza. EDGAR se levanta y empieza a tirar de él para que salga del escenario) Pero cumpliré mi promesa, señorita.

Carmela

Me llamo Carmela, y por favor, déjeme tranquila.

Agustín

Agustín (quitándose el sombrero). Veré esta noche como retumba su tablao (Edgar lo empieza a sacar del escenario, AGUSTÍN habla ya a gritos) ¡Mire al público, allí me verá! (sale de escena)

CARMELA se queda sola en escena recogiendo papeles del suelo. Tres BAILARINAS vienen a verla.

Bailarina1

Carmela, ¿qué estás haciendo?

Carmela

Que me he tropezado y un subnormal se ha puesto a ayudarme pero no hacía más que estorbar. Que si esta noche vendré a verte, que si tranquila que los que lo sepan apreciar vendrán a la actuación.

Bailarina2

Uu, ese iba a pico y pala contigo, ¿no?

Carmela

No creo, se le veía demasiado vanidoso como para eso, un listillo ¿sabes?

Bailarina1

¿Estaba bueno?

Bailarina3

Eso, eso, que yo una vez salí con uno que era un ególatra pero no veas cómo nos lo montábamos. (suspira)

Bailarina2

Si ya sabemos cómo son tus romances de dos días… Nos lo cuentas a diario.

Bailarina3

Estúpida, solo quería ayudar.

Carmela

Callaos. Era apuesto, vestía con sombrero algo antiguo diría yo, pero le daba un aire extraño, pero vamos que no, que es imbécil y punto.

Bailarina1

Bueno, señorita puritana, como usted diga. Ahora ¿con los panfletos qué?

Carmela

(recogiendo aún panfletos del suelo) Pues no sé, la mayoría están inservibles.

Bailarina3

No te preocupes Carmeluchi, en esta ciudad tuve un novio que tenía uno de esos camiones con altavoces arriba. Lo llamaré y nos montaremos en su coche para anunciar el espectáculo y después me montare en él.

Bailarina2

¿Siempre estás pensando en lo mismo?

Bailarina3

Acabo de solucionar el problema ¿no? Además hace tiempo que no estoy con un hombre.

Bailarina1

(a BAILARINA 2) Un día.

Carmela

Bueno chicas, pues si todo está solucionado metamos alguno debajo del banco y repartamos los que aún estén en condiciones. Vaya, como dijo aquel estúpido, no, si al final va a tener razón.

Las bailarinas ríen y se llevan a CARMELA de la escena mientras gritan:

Todas

¡Esta noche espectáculo, baile flamenco para todos!

Se oscurece el escenario y se ilumina el biombo, detrás de él EDGAR y AGUSTÍN.

Agustín

Sí, Edgar, es una estúpida, ya lo sé, no hace falta que lo repitas. “Tan qué”, me dice, tan qué… ¡Tan tonta! ¡Já! Se creería que le iba a decir guapa, lo que me faltaba. Ya, ya, Edgar, deja de insultar, no te sulfures. Y esta noche iremos. ¿Cómo que no iremos, Edgar? Vamos a ir y vamos a cumplir nuestra promesa de caballeros y le vamos a restregar lo buenos que somos y después pa casita. Sí Edgar, es la mejor solución. No, Edgar, no ir no es solución. Sí, no me fiaré de ella, tranquilo.

FIN DEL PRIMER ACTO

SEGUNDO ACTO

La escena empieza con Agustín y Edgar andando por el patio de butacas.

Agustín

Vamos, Edgar, corre, que nos lo perderemos.

Un foco los sigue. EDGAR mientras tanto pasando del asunto.

Agustín

(Llega a dos sillas libres) Vamos, Edgar, éstas son las nuestras.

Se sienta con el público de la obra y comienza la función. El foco se apaga. Ahora debería comenzar un baile flamenco con una pieza o bien original o bien a elección. La pieza se irá alternando entre las conversaciones de AGUSTÍN con EDGAR. Comienza el baile y entran las 4 bailarinas y se quedan paradas en sus posiciones.

Agustín

Mírala, ahí está, la verdad es que está buena la desconsiderada.

Carmela

(A BAILARINA3) No me puedo creer que haya venido.

Bailarina3

¿Quién es?

Carmela

Ese estúpido que está con un asiento libre al lado.

Bailarina3

Vaya, no está mal el chaval.

Bailarina1

Callaos, que empezamos.

Comienzan los movimientos del baile junto con la música, los zapateos y contoneos.

Agustín

(Gritando) ¡Hola, estoy aquí!

En el zapateado siguiente en el momento de cambiar de postura cuando todo está en silencio:

Bailarina2

Por favor, ese tío la está liando demasiado.

Bailarina3

Déjalo al pobre, quizás esté enamorado.

Cambio de postura, taconeo y otra vez silencio.

Bailarina1

Bueno, parece un tanto infantil.

Carmela

Por favor, ¿queréis bailar?, vamos.

Se sigue con el baile.

Agustín

Edgar, ¿qué haces? (EDGAR se levanta para irse) ¿Cómo que te vas? (EDGAR se marcha indignado) Vaya mujer, encima que soy un caballero y asisto, Edgar se cabrea y se va porque le aburre, todo por su culpa.

Sigue el baile hasta el final. Cuando se acaba deben aplaudir la gente.

Agustín

Se va a enterar de lo que es bueno.

Y sube al escenario.

Bailarina2

Oye tú, ¿dónde crees que vas?

Agustín

Hola, buenas, me llamo Agustín, encantado, me gustaría hablar con Carmela.

Bailarina2

Bueno, lo mismo Carmela no tiene ganas de verle después de lo que le hizo con los panfletos.

Agustín

Perdone, si se cayó ella sola, yo nada más que quería ayudar.

Bailarina3

Déjalo pasar, anda. Tú tranquilo, muchacho, si Carmela no te hace caso toma mi número de teléfono y podemos charlar sobre ello.

Bailarina1

Vamos chicas, que tenemos que ir recogiendo entre bastidores.

Las bailarinas se van y se queda AGUSTÍN con CARMELA en el centro del escenario.

Carmela

Bien, has cumplido tu promesa, puedes irte.

Agustín

(Malhumorado) No venía a eso, venía a decirle que no debería haberla ayudado nunca, que gracias a este maldito día mi amigo se ha cabreado conmigo. Muchas gracias, señorita Carmela, muchas gracias por ridiculizarme y muchas gracias por todo. (se le cae el sombrero al irse pero se va)

Carmela

Espere… Lo siento.

Bailarina1

Vamos Carmela, hora de irnos.

Carmela

Creo que me voy a quedar aquí un rato más.

Bailarina1

¿Está bien, Carmela?

Carmela

Sí, sí, id preparando el coche.

Se va la bailarina y el escenario se oscurece, un foco ilumina a Carmela y hace un baile nuevo ella, y al poco tiempo aparece un hombre oscuro y se pone el sombrero que se le ha caído a Agustín. Esto simboliza la ausencia de éste. El baile debe ser como ella pidiendo perdón por haberse comportado mal. Mientras el baile sigue que todo el escenario se vaya cambiando por los hombres oscuros de fondo y ellos dos mientras bailan iluminados por un foco. Cuando el baile acabe el hombre oscuro deja el sombrero en el suelo, ella lo coge, lo mira y se lo lleva.

El escenario ya ha cambiado por completo, se ilumina y se ve el cuarto de una casa, una cama grande y una mesa. De fondo siempre el biombo traslúcido. Dentro, en la casa, EDGAR sentado en la mesa de espaldas a la puerta principal que estará en la izquierda mirando desde el público. AGUSTÍN abre la puerta y cuando va a dejar el sombrero en el perchero se da cuenta que no lo tiene.

Agustín

Vaya, se me debió de caer cuando estuve con Carmela. (se dirige hacia EDGAR) Edgar, le he cantando las cuarenta a esa bailarina. Edgar, no te enfades, de verdad, sabes que eres la persona más importante para mí, me ayudaste mucho con lo de papá. ¿Cómo? ¿Me estás reprochando que no hago nada por ti? Mi mundo gira en torno a ti, Edgar, nunca te estaré lo bastante agradecido, más bien parece una condena. Siempre voy con miedo, con miedo a que te enfades, con miedo a cómo te puedas tomar las cosas. Yo te quiero, Edgar, pero no me pidas que deje mi vida estancada por ti, mis sueños y mis ilusiones. Sabes que siempre soñé con tener a alguien con quien compartir mi lecho, y salir de este asqueroso piso donde vivimos. Ya sé que ella no me conviene, no lo decía por ella, lo digo por todos estos años. Ella, esa bailarina, es veneno y se lo he dejado bien clarito. Ya, lo sé, es una mala influencia y sé que te diste cuenta antes que yo. Por eso ese ha sido el último baile que ha hecho para mí. Lo siento, Edgar, si me he sulfurado, tal vez podamos seguir creciendo juntos tú y yo y salir de estos barrios y ser elegantes ricos y famosos, tal vez tú encuentres a una osita preciosa y yo a una mujer igual de bella y así ser felices los dos juntos.

Se dan un abrazo.

Agustín

Bueno, veremos qué hago de comer esta noche, tú supongo que nada, como siempre, pero a mí se me apetecen unos huevos revueltos.

Llaman a la puerta. AGUSTÍN va a abrir y es CARMELA con su sombrero la que está al otro lado.

Carmela

Tenía tu dirección dentro.

Agustín

Muchas gracias, no tenía que haberse molestado, tengo muchos sombreros, me los compraba ma… mi familia. Si no le importa estoy haciendo cosas. (le va a cerrar la puerta en la cara)

Carmela

Agustín, lo siento. Nunca debí tratarte como lo hice, sé que solo querías ayudar, aunque fuera a tu forma.

Agustín

Eso te honra, ahora si no tienes nada más, adi…

Carmela

No cierres, Agustín, no quiero que esto acabe con un portazo. No, otro más no, yo sólo pequé de ignorante. No hay que juzgar a las personas sin conocerlas, lo sé.

Agustín

A decir verdad, todos nos comportamos como imbéciles alguna vez en la vida, y esta tarde lo fuimos ambos, tres pequeños imbéciles en un parque de ciudad.

Carmela

¿Tres?

Agustín

Tú, yo y el resto, supongo. Pasa si quieres, pero un rato solo, después te vas, quiero estar con un amigo.

Carmela

Muchas gracias. (ella pasa y se sienta en la mesa, junto a EDGAR) Bonito piso.

Agustín

En realidad es una mierda, pero un escritor como yo no gana para más.

Carmela

¿Escribes?

Agustín

Sí, junto con un muy buen amigo mío escribimos bastante. Yo siempre quise escribir para Hollywood o para los teatros de Broadway pero mi poco dominio del inglés junto con la fobia de mi amigo a viajar hacen que nos contentemos con escribir un pequeño relato de un oso gigante.

Carmela

¿Y si lo dejas y buscas fortuna tú solo? (EDGAR se levanta de la mesa indignado, AGUSTÍN va hacia él y le pone una mano en el hombro y lo sienta de nuevo)

Agustín

No podría, es como un hermano para mí. Hemos crecido juntos. A decir verdad, él ha crecido más que yo.

Carmela

(Ríe) Sí, un poco inmaduro sí que eres.

Agustín

Perdone usted, bailarina “déjeme tranquila yo puedo hacerlo sola”.

Carmela

¿Te puedo confesar algo?

Agustín

Dime.

Carmela

Al final hice caso de tus consejos con los panfletos.

Agustín

Pues fuiste muy inmadura (ríe). ¿Quieres algo de beber?

Carmela

¿Tienes vino?

Agustín

No, a Edgar no le gusta.

Carmela

Ese amigo tuyo no sabe lo que se pierde. El vino es como la vida, al principio es bastante raro, seco, pero poco a poco mientras se vuelve añejo y oloroso con ese sabor a barricas de cien años, una media limeta de vino puede ser el culmen de la felicidad.

Agustín

Yo lo veo distinto, la gente mayor no es feliz, simplemente muestran resignación hacia su etapa de la vida.

Carmela

Créeme, lo son, no por cumplir años, sino por cerrar etapas, por acabar proyectos y por empezar otros nuevos, por redescubrir el mundo cada día, y lo más importante, por caerse, por derrumbar sus sentimientos para volverlos a montar. Por madurar, por llenarse de amor.

Agustín

(Mientras le sirve un vaso de agua) El amor es complicado. Encontrar a una buena mujer es difícil hoy en día, yo llevo veinticinco años buscándola.

Carmela

Y otros veinticinco que te quedan si no sales de aquí, si no comienzas a vivir tu vida y no la de tu amigo.

Agustín

Yo no vivo su vida, simplemente vivimos la nuestra juntos.

Carmela

¿Te gustan las mujeres de verdad?

Agustín

Más que nada en el mundo, sus contoneos, desde el balcón las veo pasar con sus altos tacones, con sus largas sonrisas que hacen juegos con esas piernas estilizadas, ríen, juegan y cantan, miran ropa, compran comidas y son todas tan misteriosas e inteligentes.

Carmela

Eres una buena persona, Agustín, pero debes vivir tu vida. Podrías hacer feliz a muchas si eligieras vivir tu vida y salir de estas cuatro paredes para algo más que ir al parque.

EDGAR se levanta y señala con el dedo a la puerta para que ella se vaya.

Agustín

Carmela, creo que te deberías de…

Carmela

Vaya, qué tarde es, seguro que me están esperando mis amigas para salir a dar una vuelta.

Agustín

Sí, creo que deberías irte y así saldrás con ellas.

Carmela

Toma, la tarjeta de nuestro grupo de baile. Si algún otro día te quieres pasar sólo tienes que llamarme y te informaré.

Agustín

Adiós, Carmela.

Carmela

Adiós.

Se van a besar pero AGUSTÍN mira a EDGAR y se dan la mano. AGUSTÍN y EDGAR se van a dormir a la misma cama y se apagan todas las luces del teatro menos un foco que los ilumina. Ahora música pues vamos a presenciar una pesadilla.

La idea es que aquí él se vaya despertando atormentado por querer crecer, madurar, salir, etc., pero que no pueda por EDGAR. Debe sonar los truenos de una gran tormenta fuera y mientras él camina por su casa asustado le vayan poniendo obstáculos los hombres de negro. Es decir, que vayan transformando el escenario y él se vaya chocando con las cosas. Le pondrán una farola con la que se chocará, le pondrán todo lo necesario hasta que al final el escenario quede transformando en un muelle pesquero, pero claro, la única luz de la escena de pesadilla es la que lo sigue a él. Al final de la escena cuando todo está montado se ilumina una mesa con un teléfono, él lo coge y llama a CARMELA. En el biombo debe verse en una de las veces con los truenos la sombra de EDGAR en gigante. AGUSTÍN asustado por todos lados mientras le cambian el escenario en su propia cara. Toda la escena debe ir con música frenética para transmitir claustrofobia o lo que sea y se deben escuchas las frases cuando se choque con las cosas, frases que dirá él.

Frases: Dios, Edgar, ¿por qué no me dejas? No puedo crecer. Quiero cambiar. La vida continúa y no estoy allí. Suéltame de una vez, no seas como papá.

Agustín

(Con el teléfono en las manos) ¿Carmela? Me gustaría verte esta noche en el muelle.

Se iluminan las farolas y la escena entera, se ve el muelle donde está él solo y un hombre de negro se lleva la mesa con el teléfono. CARMELA sale en un extremo del escenario y EDGAR del otro. Se acercan a AGUSTÍN que está con las manos abiertas. Coge a cada uno de una mano.

Carmela

Agustín, ¿qué pasa?

Agustín

He estado pensando mucho esta noche, tanto que no podía dormir, y he tenido alguna que otra epifanía. Oh, qué modales los míos. Carmela, te presento a Edgar… (CARMELA se queda mirándolo con expresión de incertidumbre) Sé que es difícil, pero es mi amigo, él me ayudó a pasar los baches difíciles de la vida.

Carmela

¿Cómo es?

Agustín

Te gustará, es un gran oso de peluche de tu tamaño.

Carmela

Hola, Edgar, encantada de conocerte. (saca la mano y EDGAR la saluda)

Agustín

Sé que no puedes verle, nadie puede, por eso siempre fue especial para mí. Pero aunque las cosas no se vean, no significa que no existan. Tú cuando bailas desprendes un halo que solo algunos pueden ver, cuando besas hay otros y cuando lloras se torna de distinto color. Todos desprendemos algo, sentimientos, emociones. Cosas inalcanzables para otros que son necesarias para nosotros mismos. Edgar es la proyección de mi infancia, él me protege. Lleva haciéndolo desde que papá se fue. Sé, Edgar, que tú no lo hiciste desaparecer, solo intentabas contentarme diciéndome que no volvería, pero él se fue por su propio pie, nunca nos quiso demasiado, no para quedarse. Aun así te doy las gracias. Y tú, Carmela, que te puedo decir a ti, me has enseñado en muy poco tiempo demasiado del mundo. Que es cruel y despiadado, pero que aun así hay gente que merece la pena conocer. Vidas que merece la pena vivir y risas que claman por salir a flote. Eres mi madurez, mi sensatez, mis ganas de crecer. Creo que he aprendido a quererme a mí mismo gracias a ti. Además eres una mujer guapísima, nunca imaginé que tendría al lado aunque sea momentáneamente a una mujer como tú, por un segundo, por un instante compartiendo mis más ocultos secretos. Esa eres tú, y quiero que no sea momentáneo, quiero poder cazar tus miradas cuando bailes, poder sentir el aura que te rodea fundiéndose con la mía. Poder regalarte lo que más ajado tengo de no usar sentimientos que es mi corazón, envuelto en mi alma.

Carmela

Agustín…

Agustín

Carmela, te quiero. No, no digas nada, sé que me precipito, sí, y si confías en mí comenzaremos a conocernos, no quiero que haya ataduras, no en el principio, se supone que debemos confiar, siempre serás libre de hacer lo que te plazca, pero solo te pido un grano de arena de la playa, una oportunidad para conocernos. He estado pensando y se acabó el escribir cuentos de ositos, voy a salir de aquí y voy a empezar a crear obras y necesito a alguien como tú a mi lado. Te quiero.

Carmela

No sé qué decir, yo…

Agustín

Solo abrázame, y gracias por darme el valor necesario.

Se abrazan.

Agustín

En cuanto a ti, Edgar, te adoro y te he idolatrado durante todos los días de mi existencia, pero sabes que las etapas empiezan, te envuelven para luego terminar, no quedando en el olvido jamás, pero sí pasando para dejar paso a las siguientes. Sabes que debemos crecer como personas para seguir escalando por el sendero de la felicidad y llegar a la plenitud. Tú fuiste y serás mi juventud, mi protección en aquellos días oscuros, mi mástil en aquellas aguas tormentosas llenas de sirenas. Pero ha llegado la calma. Lo sabes, Edgar, ¿si no por qué te chocaste con Carmela en el parque? Fuiste tú y sé que muy dentro de ti lo hiciste intencionadamente para que esto pasara. Aunque te duela el alma llena de algodón, sabías que esto debía pasar. Muchas gracias, Edgar, por darme el empujón que necesitaba. Amigo, te deseo lo mejor, espero que alegres la infancia de otros muchos niños y que viajes por los sueños de la gente hasta encontrar tu sitio. Sabes que a ti también te amé y te seguiré queriendo siempre. (se abrazan) Adiós, Edgar.

AGUSTÍN y CARMELA, cogidos de la mano, se ponen de espaldas al público mirando a la luna que se ve en el biombo. EDGAR camina hacia la luna, se oscurece todo. Se mete algo de música y se escucha la voz de EDGAR mientras cambian de escenario rápidamente. Lo único que ponen en el nuevo es una cama y todo lo demás vacío. Una cama sobre el biombo blanco.

Edgar

Siempre serás mi pequeño amigo.

Se ilumina la cama donde yacen CARMELA y AGUSTÍN, quedando todo lo demás oscuro. AGUSTÍN fija su vista en el público y se incorpora.

Agustín

Y así pasó la vida, me mudé, salí del pueblo donde me había criado siempre, me convertí en autor de las obras del grupo de baile de Carmela, me fue bien. Ella me ayudó mucho y además nos queríamos, nos queríamos siempre y sin condiciones. Destrozábamos nuestro corazón a besos para volverlo a componer a caricias todas las noches y juntos vivimos épocas de fortuna y gloria. Después llegaron los libros, las publicaciones, las actuaciones en Broadway y los guiones de cine. Sí, no me puedo quejar de mi vida, se lo debo todo a como la he vivido y a los que me han acompañado. Debes esmerarte mucho en vivir las etapas cuando son, en ser maduro solo lo necesario, infantil nada más que cuando te diviertas y responsable el resto del día. Edgar y Carmela me enseñaron, todo el mundo está dispuesto a enseñarte a vivir, te darán lecciones que nunca olvidarás. Yo no las olvidé nunca y de ellas nació mi suerte y mi amor por Carmela. Junto a ella he aprendido que el amor no levanta castillo pero sí ancla los cimientos. No la quiero para siempre pero sí por siempre, por siempre jamás.

(le da un beso mientras ella duerme) En cuanto a Edgar, ayudó a muchos más niños de todo el mundo a seguir adelante, y cuando se hizo mayor se casó con una osita de Yellowstone, un parque muy grande de muy lejos y vivieron felices el resto de sus días. Comprendí así las palabras de mi madre, la vida pasa deprisa, la vida se vive día a día, la vida pasa “como si miles de hombres oscuros la movieran” (se acuesta otra vez a dormir)

FIN.

Anuncios

2 pensamientos en “Siempre serás mi pequeño amigo

  1. Hermi

    Me ha gustado mucho, me encanta la mezcla de teatro, baile contemporaneo y música. La he visto entera en la cabeza. Espero que llegue pronto al teatro.

    Responder
  2. Señor Goodkat Autor de la entrada

    Muchas gracias, la verdad es que es mi primera incursión en este género pero no estaría mal verla representada ^^

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s