El tren de las 2.50 (quinta parte) (Las Desventuras de los Héroes Olvidados)

Con esta  quinta y última parte se termina el prólogo de lo que ha sido una historia de rol que aún no esta finalizada. Espero que os guste y dentro de poco subiré la siguiente parte.

5

—Os encanta, lo sé, no hay nada mejor en el mundo que lo que hacéis ahora mismo. Seguid bien el ritmo, que no se atrofien esos músculos, que vuestra labor continúe hasta que llegue mamá. Los niños sanos son el futuro del mundo, los osos son el pelaje del invierno, los cambiantes son el futuro de las estaciones. Qué sería del mundo sin cambiantes que me chuparan los pies…

A lo largo de la cama donde estaba tumbada, concretamente a mis pies, había tres personas chupándome todos y cada uno de los dedos de mi cenicienta piel. Sí, quizás me estaba aprovechando de la situación, pero si tienes hipnotizada a una banda de ladrones, qué mejor manera de esperar que haciendo lo que tú quieras.

—Los dos pequeñines míos, quedaos con mis pies; tú, la pelirroja, ven hacia mí, o sólo te crees que tengo pies en este cuerpo tan voluptuoso. Venga, usa la lengua donde sabes, que aún falta mucho para que llegue vuestra mamá.
—¿Ama? —me preguntó aquella desnuda mujer; sí, todos estaban desnudos, después de la transformación no tienen ropa y no les había dado tiempo a ponérselas antes de que los hopnotizaran.
—Tu ama soy yo, así que a comer —dicho esto me sumí en el éxtasis de la poea* que me estaban haciendo e hice un repaso mental de cómo llegué hasta aquí.

Hacía muchos años que malvivía fuera del mundo subterráneo ganándome la vida realizando trabajos de poco lustre: limpiaba la morralla, a veces en calidad de falsa bruja, a veces en calidad de meretriz y la gran mayoría metiendo entre rejas a gente que habían sido lo bastante listos como para evadirlas en el mejor de los casos sólo una vez.
Si algun rey, alcalde o lugareño estaba dispuesto a pagar se podía quitar de en medio a cualquier bicho viviente que le estorbase, no sé si cogéis por donde voy. Precisamente hoy me habían contratado para esto.

Salí del éxtasis en el que estaba sumida al escuchar la puerta abrirse. Mamá estaba en casa. Ordené a los tres cambiantes que estaban conmigo que se quedaran en la habitación.

—Vuestra ama debe salir un momento, y tú, pelirroja, vigila a estos dos que si no se pelean —dicho esto abrí la puerta en sujetador, sí, es lo único que llevaba puesto y es lo único que necesitaba además de mi espada, la cual llevaba siempre conmigo.

Bajé las escaleras cuidadosamente, espada en mano. El salón estaba solo con una mesa con tres cuencos de sopa. Dónde estará escondida la perra.

—¿Qué has hecho con ellos? —una voz salía de un sillón justo enfrente de la chimenea.
—Están arriba, son unos ositos muy fieles, ¿verdad?
—Son mis amigos —la voz se levantó y se acercó a mí.
—Vaya, eres más atractiva de lo que dicen, ricitos de oro.
—Rizos de oro para ti, drow.
—Como quieras, encanto, ¿me dejas que me vista antes de pelear o prefieres que te gane y luego me vista?

Dicho esto aquella mujer de dorados rizos, ojos azules y cara de chica de compañía se abalanzó sobre mí con dos kunais, que sacó de su cortito vestido rosa. No tuve tiempo de esquivarla y di con la nuca dentro del plato de sopa templada, el que estaba en el centro de la mesa de madera.
—Así es como tratas a las chicas en sujetador.
Cogiendo impulso con la mesa levanté las piernas y las abrí tanto que se quedó embobada por un segundo mirando ahí abajo. Justo el tiempo que necesitaba para propinarle sendas patadas en las manos y hacer saltar por los aires los dos kunais que se quedaron clavados en el techo. Acto seguido me abalancé a por ella. La agarré de la faldita corta que llevaba y de un giro se deshizo de ella, quedándome con la prenda en la mano y ella sin nada de cintura hacia abajo. Sonrió la muy perra, como si le gustase que la mirara. Con un estoque rápido le hice un arañazo en el muslo. La sangre comenzó a brotar en el momento en que ella se miró la herida, fue leve pero lo justo, salté hacia ella y la cogí por los pelos. Dirigí su cabeza hasta un cuenco de sopa que esta echando bastante humo. Le empujé la cabeza dentro, el ruido de la piel al quemarse y el olor a barbacoa me hizo pensar que la sopa estaba muy caliente. Ricitos de oro pataleaba y movía las manos intentando aferrarse a algo para poder salir de ese pozo de fuego en el que se estaba ahogando.

—Gracias a dios no te quiero muerta, hija de perra.

La saqué de ese sopa y la dirigí rápidamente hacia la otra. Su cara echó humo en el trascurso del camino, la verdad es que parecía una langosta del mar oscuro de Nut recién hervida. Le metí la cabeza sin piedad en la sopa que quedaba sin usar. Fría como el hielo, casi congelada. Tenía un mantón de nieve encima que tuve que romper, naturalmente con la cabeza de ricitos de oro, y allá que la metí. El sonido del placer, del contacto del frío con la cabeza hirviente de rizos de oro, sonó durante un momento.
Cuando vi que se le endurecían los pezones por debajo de la ropa le saqué la cara.

—¿Qué tal? ¿Más calmadita? —no podía responderme con la cara llena de escarcha—. Bueno, tendremos que ir fuera de una vez.

No me di cuenta de que la muy loba cogía los kunais de nuevo y me quitaba el sujetador rápidamente.

—¿Te creías que con tu sostén podías controlarlos eternamente, drow?
—Los cambiantes no deberían ser controlados por nadie, pero ya que lo haces tú con tu sujetador de control mental pensé en usar uno como el tuyo, claro que a mí me quedaba mucho mejor.
—Me encantará ver como te comen desnuda —se metió dos dedos en la boca y silbó—. ¡Niños, bajad a comer, la carne está poco hecha, como os gusta!
Del cuarto de arriba donde había dejado a los tres cambiantes comenzaron a escucharse unos ruidos bastante perturbadores. El ruido al destrozar una puerta se fue acercando hasta que los tres osos gigantes corrieron escaleras abajo hacia una hembra indefensa y desnuda como yo.

Transformados en osos gigantes parecían temibles, pero no para mí que había peleado con las bestias oscuras de las fosas de kulap y había defecado encima del engendro de las tinieblas de Rig. Aunque he de decir que cuanto más se acercaban más pavor me daban, pero muy levemente.

Analicé la situación: tenía una espada y nada más, literalmente. Bueno, y mi vista de elfo oscuro, pero suena redudante que lo diga yo. Así que cuando el primero se abalanzó salté encima de él, corrí por su lomo rápidamente y salté de nuevo hacia la mesa mientras esquivaba al segundo oso que por los aires y a dentelladas trataba de hacerme hamburguesa. Metí un pie en la sopa caliente y otro en la sopa fría y rápidamente las lancé a la cara de dos osos que comenzaron a rugir y a rascarse con las zarpas sus respectivos rostros. Sí, he de confesar que me dolían los pies infinito y más allá, pero no tenía más remedio. Me faltaba un oso, pero me dio igual, corrí hasta ricitos de oro y como buena pícara que soy le quité el sujetador solo con dos dedos, mientras ella intentaba darme una estocada.

—Hija de puta, ahora están sueltos —ricitos me chillaba desnuda como ella sola.

No le contesté, sencillamente eché a correr fuera de la casa lo más rápido que pude, ahora debía salvar la vida. Rizos de oro salió detrás mía corriendo y detrás de ella los tres osos nos perseguían. No tuvimos más remedio que meternos en el bosque.
Allí mientras corríamos nos íbamos dando estocadas la una a la otra, subiendo por los árboles, esquivando ramajos y ríos siempre con los osos gigantes persiguiéndonos. Entonces derribé a rizos de oro al suelo.

—Se acabó, si han de matarnos será aquí y ahora.

Los osos llegaron y comenzaron a cercarnos.

—Escuchadme bien, cambiantes, esta ladrona os ha esclavizado con un objeto mágico durante meses. Habéis cometido actos atroces gracias a ella. Cierto es que me aproveché de vosotros mientras esperabais, pero ¿qué me decís de saquear aldeas y devorar niños pequeños? No me deis las gracias, dádselas a ella. Conozco un castigo mejor que ser devorada y hecha caldo de sopa.

Fin del prólogo.

* N. del A.: Poea es un término usado por los habitantes de estos relatos para resumir una expresión que dice así “Otra que me come el cono”, disculpen pero no tengo ñ en el teclado.

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