CrepusCulo (Fan Fic)

Bueno amigos, aquí va una aportación de uno de los miembros menos participativos del blog.
Lo he escrito a petición popular y con un algo satírico y bastante satirón.
Véase que mi intención no es ofender a los fans (yo mismo me leí los libros antes de que se mencionase nada sobre hacer una película y me engancharon bastante). Es más bien una exageración de la ñoñería que tiene el libro y una crítica a la escasez de acción y escenas picantes que podría tener.

CREPUSCULO (FAN FIC)

—¿Quién será a estas horas? —se preguntó Jacob al sonar el timbre de casa. Al abrir la puerta se encontró con una esbelta y fornida figura con su torso marmóreo al descubierto—. ¡Edward! ¿Qué haces tú aquí tan tarde? ¿No deberías estar en casa haciendo ganchillo?

—Lo cierto es que acabo de terminarte un jersey que te estaba confeccionando para tu cumpleaños. ¡Feliz Cumpleaños! —dijo Edward con el paquete en una mano y un regalo en la otra. Al abrirlo, Jacob se encontró con un precioso jersey de lana tejido con mucho amor. Se podían ver las hebras de dulzura entremezcladas con la lana—. Yo me he hecho otro para que vayamos a juego —dijo con una irresistible sonrisa en los labios mientras mostraba el jersey que se había hecho a sí mismo.

—Muchas gracias, Edward, no sé cómo agradecértelo.

—Me basta con que me invites a salir un día. Una cena estaría bien —contestó con una pícara sonrisa.

—Está bien, pero ¿no se enfadará tu Bella novia? —a Jacob le extrañó un poco esta actitud ya que hasta hace apenas unos meses nunca se habían llevado muy bien.

—No te preocupes, sólo somos amigos, ¿no es así?

Jacob sonrió satisfecho y notó que cierto rubor se le subía a las mejillas

—Sí, así es. ¿Quieres pasar a tomar algo? —mientras hablaba no podía evitar desviar su mirada hacia su torso duro como el granito y blanco como la cal.

—Ahora tengo un poco de prisa, sólo vine a darte mi regalo antes de que se pasase el día de tu cumpleaños. Por cierto, gran fiesta la de esta tarde, aunque lo de hacerlo en la piscina… ya sabes los problemas que tengo con el sol.

—¡Oh! Sí, pero los chicos insistieron tanto que no me quedó más remedio que hacerlo así —de nuevo el rubor encendió sus bronceados pómulos.

—Bueno, espero que te haya gustado mi regalito y que esa cena no se quede en mera palabrería.

—Hasta luego, Edward.

Se despidieron fundidos en un abrazo. Jacob pudo notar el frío que desprendía el cuerpo de Edward en comparación con el suyo, que estaba más caliente de lo habitual. Era una tórrida noche de verano.

Tras cerrar la puerta, fue a la cocina a por algo de agua fría, bebiéndose más de media botella de un trago. Luego se fue a la ducha, estaba sudado y pegajoso.

Mientras frotaba su cincelado abdomen con la suave esponja, tuvo esa sensación de escalofrío en la nuca, como si alguien le estuviera observando. Se giro rápidamente y miró por la ventana del baño que daba al porche, pero no había más que un búho en la rama del álamo que había frente al garaje.

Salió de la ducha envuelto con una toalla en la cintura y se dirigió a su habitación. Ya era tarde y estaba algo cansado, mañana sería otro día.

Al despertarse, notó que una ligera brisa matutina recorría su cuerpo semidesnudo. Unos finos slips de hilo eran su única vestimenta.

Se levantó y se dispuso a desayunar. Cereales de chocolate y leche fría fue lo que decidió tomar. Luego se vistió y salió para el colegio.

—Adiós, papá —se despidió con un beso al aire de su padre, que se encontraba sentado en su silla en el patio delantero.

Cuando llegó al instituto vio a lo lejos a Edward con su Bella novia, agarrados de la cintura. Algo se removió en las entrañas de Jacob. No podía dejar de mirarlos.

Qué belleza. Pensó.

Las clases discurrieron como siempre.

En clase de geografía la señora Pohm puso un examen sorpresa con el que, seguramente, crujiría a más de la mitad de la clase. Jacob estaría entre ellos.

En clase de literatura el señor Quir casi se mata al encontrarse con el vacío al andar hacia atrás por la tarima que da a la pizarra. Casi lloran de la risa. Como represalia por las carcajadas, Quir mandó leer para la semana siguiente un libro que tenía unas 600 páginas con letra de biblia.

Así, entre deberes y risas, transcurrió el día.

Al salir de clase Edward se acercó a Jacob por detrás, con ánimos de darle un buen susto.

—¡¡¡Buh!!! —gritó el apuesto y pálido muchacho.

—¡AH! —Jacob se giró con los ojos desorbitados y la cara más pálida que de costumbre, pero no lo suficiente para compararse con el níveo tono de Edward—. ¡Casi me matas! —dijo con el corazón a mil.

—Estaba pensando que esta noche mi Bella novia cena con sus padres. Su madre acaba de llegar para unos días, así que quiere pasar algo de tiempo con ella.

—¿Entonces tienes la noche libre? —acertó a decir entre balbuceos. Una tímida sonrisa se cruzó por su rostro. Y ahí estaba la irresistible sonrisa de Edward como respuesta—. Entonces es buena noche para la cena que te prometí ayer ¿no?

—Justo eso estaba pensando, pero ¿por qué retrasarlo tanto?

—De acuerdo. Te veo esta noche, te recojo a las ocho en tu casa.

—Te estaré esperando.

A las ocho en punto, como un clavo, Jacob tocó el pito y llamó a la puerta de casa de los Enculen. Casi al instante salió Edward con una camisa de lino blanca y un pantalón fino, que dejaba poco a la imaginación al trasluz. Jacob se quedó asombrado por el tamaño de la sonrisa que había dibujado en su cara.

—¿Qué te pasa? Tienes cara rara —preguntó Edward con una traviesa sonrisilla. Jacob agachó la mirada.

—Bueno ¿nos vamos o qué?

Subieron a la moto del hercúleo joven y fueron al centro de la ciudad.

Entraron en un restaurante que estaba decorado con tapices color carmesí. Del techo colgaban grandes lámparas de araña que parecían estrellas flotando y que dotaban a la atmósfera de un extraño y mágico toque. Aquella noche prometía ser especial.

Al entrar en el restaurante se les acercó el camarero.

—Buenas noches.

—Buenas noches. Teníamos mesa reservada a nombre de Jacob Negro —dijo Edward. Jacob lo miró con cara de extrañeza, ya que había reservado mesa con su nombre.

—Veamos — dijo el chico, un joven de pelo moreno rizado y ojos grises, que ojeó una libreta que había sobre un atril—. Sí, aquí está. Jacob Negro. Acompáñenme.

Cuando llegaron a la mesa, Jacob se quedó prendado de la delicadeza con la que habían colocado unas lilas como centro de mesa. Estas estaban sobre un lujoso mantel azabache de terciopelo parcialmente cubierto por otro de tela blanca. Las copas brillaban con la cálida luz ambiental y la vajilla era casi tan blanca como los dientes de Edward.

Ahora que se habían sentado sus miradas se cruzaron. Jake constató que aquello era una cita cuando Ed, sin pretender disimular, le agarró una mano por encima de la mesa. Sus ojos tenían un extraño brillo que no había visto nunca antes. Era el brillo del deseo.

El corazón de Jake comenzó a latir al ritmo que bate las alas un colibrí y Edward debió notarlo. No había que mediar palabra. Ambos sabían lo que había surgido entre los dos y ambos sabían lo que querían y hasta dónde estaban dispuestos a llegar.

Comieron a toda prisa y no tardaron en salir de aquel lujoso restaurante. Nada más salir de él Edward se abalanzó sobre Jake y éste no hizo por detenerlo. Ambos se estrecharon en ardiente beso que pareció eterno. El calor comenzó a inundar el cuerpo de Jacob.

Corrieron hacia la moto y se dirigieron a casa de Jake. Su padre había salido a cenar con el agente Swin, un amigo de toda la vida, así que no tendrían problemas en hacer ruido.

Llegaron arrasando con todo. El teléfono cayó al suelo y quedo descolgado.

Una afortunada casualidad.Pensó Ed al percatarse de esto.

Siguieron con su apasionada subida por las escaleras hasta llegar al dormitorio.

Una vez allí, el níveo amante arrojó al broncíneo sobre la cama con su inusitada fuerza, arrancándole la camisa en el acto y dejando al descubierto un pectoral esculpido en piedra ostionera. En respuesta, Jacob saltó a los brazos de la escultura griega que se hallaba frente a él. Se colgó a horcajadas rodeando con las piernas su cintura.

Los besos, lametones y mordiscos se sucedieron, saltando despojos de ropa por toda la habitación.

La lujuria los llevó hasta la cama donde, ya desnudos sus fornidos cuerpos, comenzaron a frotarse ansiosamente el uno contra el otro. El sudor comenzaba a aflorar por sus poros y se mezclaba con la saliva de los besos.

Edward se incorporó ligeramente y miró a Jacob a los ojos con gran deseo. De nuevo sobraban las palabras.

Jake se giró y agarrándose fuertemente a la cama y mordiendo de igual modo la almohada esperó la acometida de Ed.

Con delicadeza, el lechoso muchacho, introdujo su marmóreo miembro en la retaguardia del joven que, abrumado, yacía frente a él.

Pronto, el esfínter se relajó lo suficiente como para que Edward pudiera embestir fuertemente a Jake sin causarle dolor.

El deseo hizo que semejantes acometidas acabaran, entre aullidos y lametones, en una lluvia de crema de coco por todas partes. Luego se tumbaron exhaustos, sudorosos y húmedos. No obstante el descanso duró poco y volvieron de nuevo a cabalgar juntos sobre la grupa del deseo.

En esta ocasión la bronceada figura de Jacob era la que se erigía sobre la de Ed, provocando un tierno balanceo a golpe de cadera.

Se dejaron llevar por la pasión toda la noche una y otra, y otra, y otra vez. Se coronaron en tantas ocasiones que perdieron la cuenta. Luego se hicieron uno en un fuerte abrazo hasta quedar dormidos.

A la mañana siguiente, al despertar Jake, Edward ya no estaba allí y la ventana volvía a estar abierta.

Se levantó extrañado por la repentina y sigilosa marcha de su oscuro amante. Abrió el primer cajón del armario, cogió unos slips y cubrió con ellos sus fortalecidas y prietas nalgas y sus algo irritados genitales.

Al girarse, sus ojos enfocaron un objeto que no estaba la noche anterior en la habitación, algo que él no había colocado. No obstante reconoció el tono amarillento del papel en el que habían reparado sus ojos.

En el escritorio había una nota.

“Querido Jake.

Te has portado como una fiera esta noche. Has sido todo un hombrelobo y cuando te mires al espejo pensarás que yo he sido un vampiro (he contado como unas 15 marcas en tu cuello y otras tantas en otras zonas de tu cuerpo.).

Esta noche ha sido maravillosa pero no podrá repetirse porque estoy muy enamorado de mi Bella novia. No es mi intención herirte pero esto tiene que acabar.

Espero que podamos seguir siendo amigos.

Con cariño, Edward Enculen.”

Con lágrimas en los ojos, Jacob comenzó a gritar como una loca. Salió de casa a tropel y se marchó, sin saber hacia donde se dirigiría, para no volver nunca. Se había convertido en un lobo solitario.

Espero que hayais disfrutado del microrelato.

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8 pensamientos en “CrepusCulo (Fan Fic)

  1. Melwin Metal

    La parte que más me ha impactado desde luego ha sido la de:

    “En clase de geografía la señora Pohm puso un examen sorpresa con el que, seguramente, crujiría a más de la mitad de la clase. Jacob estaría entre ellos.”

    ¡Qué verdad más grande!

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  2. Rocío

    aes genialel comentario de la piedra ostionera jajajaja y lo de Enculen jajaja es genial el relato, spero quetenga una segunda parte donde podamos ver una pelea de reinonas entra bella y jake jaja

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  3. DarkChanT

    Ya decía que algo raro había en ese libro/película… x’D

    Si el pobre Drácula levantara la cabeza… se volvía a meter en el ataúd traumatizado… jejeje… Saludos!

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  4. Señor Goodkat

    Si el pobre Dracula levantara cabeza aparte de darse con la tapa, mataria a esa insulsa mujer por escribir lo que escribe y amaria a Jesus por hacer esta comedia^^ Gr4acias Manu^^

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  5. Jesús Autor de la entrada

    Y mataría aun más a la insulsa mujer que está adaptando los libros al cine… si el libro tiene poco de bueno, las películas no tienen nada XD

    ¡¡Gracias Manu!!

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