Cuando perdí la virginidad

Pido perdón de antemano por lo que voy a escribir, por todo el colectivo que se sienta ofendido y espero que cuando me llevéis a la horca sea una soga de las buenas y no de aquellas que te dejan con dos cervicales rotas mientras te asfixias.

Lo que aquí voy a contar puede que ocurriera tal y como lo cuento, un poco variado, o que nunca pasara con lo cual no interfiero en ningún juramento y tampoco en ninguna ley. Para los que estén a mi lado que sepan que es totalmente cierto. Para los que me quieran colgar deben saber que todo es una vil mentira que mi mente fabricó una noche de borrachera.

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, o no.

Reordenando el caos de mi ordenador encontré esta pequeña joya del año pasado, espero la disfrutéis y penséis un poco en la sociedad.

Cuando perdí la virginidad

Comencemos por la consulta de citología en el centro de salud de mi ciudad.
Comencemos por decir que era una mañana fría y que venteaba bastante.
Comencemos por decir que eran mis prácticas de atención primaria y era mi segundo día.
Y repitamos que era en citología.
Y concretemos que yo soy un hombre del sexo masculino, no otra clase de hombre.
Pues bien, tenía asumido que en citología un hombre podía hacer más bien poco o tal vez ejercer de sujeta-puertas y quedarse esperando fuera de la sala de exploraciones.
Las citologías que vi ese día eran muestras de triple toma, para los que no entiendan saber que se sube a la señora o señorita en un potro, se la abre de piernas y se le introduce un instrumento en la vagina mediante el cual se puede ver el cuello del útero y de allí coger muestras para analizar.
Pues bien, debéis saber también que pese a sonar morboso no es agradable ver una vagina mayoritariamente enferma, exudando y de una forma tan brusca y que posiblemente ningún hombre siente placer al ver esto por muy hombre que seamos. Creo que queda bien aclarado lo de “este chavalito de prácticas viene aquí para verme el coño” que dirían las Maris. Saber que prefiero estar en mi casa en vez de respirando el hedor que sueltas por la vagina, créeme.

Pues bien, dicho esto, continuemos: entré en aquella consulta con la mentalidad de que esa hora y media que tenia allí la pasaría de “sujeta-puertas” y esperando fuera por supuesto.
Debo decir que estaba equivocado, pues la primera en entrar sería una señorita de 23-24 años a una exploración rutinaria la cual puede ver y aprender, pues ese es mi interés. La segunda una mujer de 40 años para otra exploración y la tercera de la misma edad y para otra exploración para algo relacionado con el tema de tener niños. Ya solo quedaba una y tenía ganas de acabar e irme a desayunar; pues hete aquí, o sorpresa o dolor, o campos de soledad mustios collados, que entra una mujer de 22 años bastante gruesa, nada agraciada y comenzamos a hacerle el test previo a la exploración. Gracias a él pude ver que perdió su virginidad a los 11 años de edad, que no tenía pareja estable y que compartía con su vagina alguna que otra enfermedad de transmisión sexual. Es decir, una mujer “guarilla”, pa qué vamos a engañarnos, que posiblemente y tal vez no me equivoque pero aun así me estoy aventurando, le dé igual ocho que ochenta y que se conozca la anatomía genital masculina mejor que yo que he estudiado anatomía en la carrera. A partir de ahora vamos a delegarle el nombre a señora W (warra). Posiblemente se conozca cada recoveco como la palma de mano.
Posteriormente le preguntó la enfermera que qué método anticonceptivo usaba.
“¿Qué?, yo nada de eso, ni condones ni nada, yo la marcha atrás de toda la vida”.
Evidentemente no me hacía ninguna gracia participar en la citología, pero estoy de prácticas y es mi trabajo así que entré y cuál es mi sorpresa cuando la señora W le dice a la enfermera que estaba conmigo:
“Mira ¿él se puede ir?, es que no quiero que me vea eso” a lo que la enfermera responde “Mira hija, dentro de dos meses él será enfermero y posiblemente te lo tenga que hacer”.
Acto seguido la señora W me mira y me dice “Mira te importa salirte es que no quiero que me veas”.
Normalmente no me hubiera ofendido porque es algo brusco que no todas las mujeres dejan ver pero dado el historial de nuestra paciente me sorprendió en demasía.

Así que mi mensaje va para la Señora W.
Señora W:
Ante todo gracias por evitarme tener que admirar su anatomía, muchas gracias de verdad. Sabe usted que me ahorra muchas pesadillas y falta de ganas de comer gracias a su oferta.
Pero deba saber que existen métodos más fiables que la marcha atrás, por ejemplo hacerlo de pie es muy efectivo y debajo del agua es la técnica más usada ahora para no estar embarazada. Dígale a su actual pareja, bueno a su amigo, bueno a sus amigos y compañeros de clase y a sus compañeros de trabajo con los que practique esos métodos que si luego sienten picores es totalmente normal ya que usted es un foco virulento. Que no pasa nada, que con agua y jabón lagarto se cura. Y si para la próxima consulta quiere acompañarla “El Robe”, “El Yerai” o “El Samu” que lo haga y se lo agradeceré ya que así tendré a alguien que me acompañe fuera. Ya que me ha dejado usted claro que fuera de horas de trabajo tiene pudor.
Por último y ya con esto acabo darle las gracias a la persona que la inició a los 11 años en estas artes ya que con ese cuerpazo y su estilo tiene loca a toda la comunidad. Y claro que sí, la comunidad de borrachos y canis de Cádiz y parte de la de Huelva le agradece su iniciación al sexo.
Muchas gracias y hasta la próxima citología.

Postdata: El título era meramente comercial y se refería a la señora W y no a mi persona. Espero pues suban las visitas
Daniel.R^^

12/03/ 2009

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