El Caminante III

Bueno aqui les dejo un poco mas de las oscuras aventuras de un humano en busca de su maligna mision.

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La vuelta al mundo mortal nunca era agradable, pero os ahorraré el vomitivo paso diciendo que aparecí cubierto en un fangoso líquido placentario y desnudo como en los albores de los tiempos habían estado los humanos. Es todo lo que debéis saber de mi reconversión a ser humano. Muchas formas tiene la oscuridad de hacer nacer en el mundo mortal a sus devotos, pero a cuál más ruin, maligna y visceral. Por eso esta vez no os contaré cómo ocurrió. Sólo esta vez.

Desperté pues así en una roca cubierta de algas. El sonido de un barco me sacó de mi ensimismamiento. Estaba en un puerto, un pequeño puerto a orillas de un río. Los barcos navegaban tranquilamente por la corriente y los había de muchos tamaños y colores. La parte del puerto donde me encontraba estaba cubierta de piedras como en la que yo estaba subido. Puesto que se veía mucha profundidad allí abajo y el calado de los barcos era bastante grande me zambullí en el agua. Así me pude quitar la sustancia correosa que bañaba mi cuerpo al llegar aquí.

Sí, definitivamente era un río dulzón. Salí del líquido elemento y me encontré a un indigente sentando en la orilla con una botella de whisky. Miraba al infinito el muy lelo. ¿Quién sabe por qué estaría allí? ¿Desgracias o adicción? La gente siempre ve la solución en un vaso de alcohol. Nunca entenderán por más que avance la ciencia que el aceltadehido es tóxico para el cuerpo y que el alcohol provoca la elevación de los niveles del mismo sobre el sujeto. Aunque puede ser que en el año en el que estoy todas estas cosas no se sepan. Debo informarme de la fecha.

Miro al hombre desde arriba y el agua chorreándome lo despierta al caer sobre su cara.

–Sí que debo de estar borracho –dice, mirándome.

Es lo último que sale de su boca, no le da tiempo a inmutarse con el rápido movimiento de mi muñeca. Mis dos dedos se extienden y haciendo de garfio sacan sus ojos de sus cuencas en milésimas de segundo. Abre la boca para gritar e introduzco mi puño restante por su garganta hasta atravesar su espina dorsal y salir por el otro lado. La sensación es como si estuvieras metiendo la mano en una corteza provista de savia y ésta a su vez provista de insectos moribundos. Me siento vivo de nuevo. Acto seguido me como aquellos ojos.

Al hacerlo todo lo que ha visto ese hombre pasa por mi cabeza a la velocidad del rayo. Listo, ya sé dónde estoy, un pequeño pueblo llamado Braunau a orillas del río Inn en Austria. Corre el año 1888, la oscuridad me ha mandando muy adelante en el tiempo. Nunca lo estuve tanto, no por ahora. Mis conocimientos aun así traspasan las barreras de lo mortal. Por eso soy quien soy y ellos son sólo humanos.

Así que aquí debía proteger al hijo de la Estigia forma. Aquí debía enseñar y educar al hijo de la oscuridad. Esta noche miraría las estrellas y su alineación. Debía encontrar a aquel niño y dependiendo de su posicionamiento en el cielo me indicarían el camino.

Cogí la ropa de aquel cadáver y me la puse. Mi pelo rubio y largo, aún mojado, me molestaba, así que con un trozo de tela me lo recogí. Me puse aquel abrigo y aquella ropa que me quedaba ancha y corta. Debía buscarme rápido otro atuendo.

Continuará…

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