Temo a las tormentas

Bueno alguien entró esta mañana en el foro buscando una historia de terror de terror de tormentas. O al menos esas fueron las palabras clave que puso en el buscador. Me veo en la obligación de cumplir con sus deseos y se otra vez escribe algo parecido en el buscador que pueda contentarse con esta pequeña historia que he escrito en el hueco de la tarde. Va por ustedes y disculpad las faltas de ortografia.

Temo a las tormentas

Otra vez de nuevo sonaba, otra vez podía escuchar el rebramar del viento colándose por todas las rendijas de puertas y ventanas para bailar por mi casa y llegar al salón. Me buscaba de nuevo. La tormenta de ahí fuera me buscaba. Había aguantando muchas desde aquel día pero sabía que este día debía llegar. Otra vez esta sucediendo tal y como aquella vez. Debo sobrevivir.

Los truenos me traían a la memoria recuerdos vagos de esa maldita noche. Los relámpagos brillaban dentro de mi cabeza dando luz a lo que allí paso. La lluvia me taladraba la sien para destruir el área de broca de mi cerebro y así dejarme en un estado de mutismo sepulcral. Intentaba entrar, ella lo sabia y lo estaba consiguiendo.

Cogí un madero más y lo eche al fuego para que la lumbre pudiera devorar con sus llamas aquel combustible y así el calor de la sala pudiera disipar los fantasmas que pululaban por mi pensamiento.

Quizás no fuera como aquella vez, quizás no había venido a buscarme. Habían pasado sesenta años desde aquella noche y no había pasado ni una sola tormenta de forma impasible. Cada día cuando las nubes se arremolinaban sobre el cielo comenzaba a temblar, siempre pensaba en ella en la tormenta primigenia pero después de esa noche todo volvía a la normalidad y el suelo de la tierra se secaba junto con mis temores.

Me senté de nuevo en mi sillón  y cogí un buen libro. Aquella casa era y había sido mi vida. Nací en la habitación del tercer piso de esta victoriana mansión, mi madre murió a la vez. Nunca la conocí viva. Más tarde pasé aquí mi infancia y ocurrió uno de los hechos que marcarían mi vida para siempre.

Lo recuerdo perfectamente, recuerdo aquella tarde. Mi padre volvía de la fábrica cansado. Aun siendo el dueño de esa empresa de zapatos trabajaba como el que más. Debía estar contento pues estaba investigando una patente nueva para el calzado pero llegó perturbado. Recuerdo que recibió a la servidumbre de la casa con un portazo. Haciendo esto llamó a todos nuestros criados y sirvientes y los convocó en el salón en una reunión a la que yo no pude asistir. Me quedé solo sentado sobre las escaleras jugando con mi pequeño peluche. Yo tenía diez años en ese momento y no sabía que me quedaría anclado en esa edad para siempre.

Comenzaron a escucharse gritos salir de aquella puerta y tras varios minutos de alboroto los goznes cedieron y todo el mundo salió en tropel de aquella casa. Todos se fueron y nos dejaron solos a mi padre y a mí.

-Hijo vete a tu cuarto y no salgas en toda la noche. Mañana hablaremos.

Esas palabras me hicieron obedecer y cogí mi pelota y me fui a mi habitación. Comenzaba a oscurecer. Yo sentado en el alfeizar de mi ventana del tercer piso veía como el sol se ocultaba tras el bosque. He de decir para más inri de esta historia que mi casa estaba situada a las afueras de la ciudad. Teníamos una extensión de varios kilómetros de zona privada. Mi familia por aquella época era muy rica y miraras donde miraras solo veías bosque.

Pasando así el tiempo me cansé de la pelota y desobedeciendo la orden de mi padre fui al cuarto de juegos a por otro instrumento para mi distracción.  Cruce el oscuro pasillo enmoquetado de tablas viejas que chirriaban y un poquito de miedo de saber que estábamos solos allí comenzó a subir por el hueco de mis zapatos hasta llegar a mi corazón infantil. Aligeré el paso, entré en el cuarto de juegos cerrando la puerta con llave y calmando así mi respiración acelerada.

Una vez allí me decidí por la raqueta que tenía una pelota atada con una cuerda. Comencé a jugar y la cuerda no era lo bastante elástica para mi actividad infantil y acabó rompiéndose. Dio contra el cristal de la ventana y rompió esta. Fui corriendo para ver donde había caído pensando en la bronca que me iba a echar mi padre en cuanto lo viera.

Me asomé pues por la ventana y pude ver a mi padre allí agachado frente a la tumba de mi madre. Cuando me hice mayor me hice creer que estaba rezando para borrar el recuerdo real de lo que allí viví. Pero lo cierto es que mi padre cogió una gruesa pala y comenzó a cavar en la tumba de mamá.

Con cada palada las nubes se arremolinan en el cielo sobre nosotros. Con cada agujero nuevo la noche llegaba más rápidamente. Mi padre empezó a sudar mientras la tormenta se formaba encima de nuestra casa. Cuando por fin tocó la tumba con la pala un trueno hizo cimbrear todas las paredes de la mansión. Se acababa de formar la tormenta más grande que haya visto y el trueno fue el pistoletazo de salida para la lluvia. Comenzó entonces a caer un monzón interminable. La lluvia entraba a través del cristal roto de la ventana pero yo no podía parar de mirar a mi padre.

Lo vi así mientras se metía en la cenagosa fosa que mas parecía ahora un lodazal que un hueco abierto en el suelo. Sacó a pulso el ataúd donde estaba el cuerpo de mi madre y allí en medio de la tormenta y haciendo palanca con la pala sacó el blanquecino cuerpo de mamá. Cogió el cadáver entre sus manos ahora manchadas de tierra.  La tormenta había comenzado a crear corrientes de fango alrededor de la casa. Lo curioso era que mas allá del bosque no llovía. Parecía que todo se había concentrado en nuestra casa.

Un escalofrío recorrió mi pequeño cuerpo. El portazo sonó abajo, papá había llegado con mamó en brazos. Salí a las escaleras y pude ver como la llevaba al salón y cerraba las puertas. Yo corrí abajo y me puse a mirar por el ojal de la puerta. Vi como mi padre subía el cadáver de mamá encima de la mesa y el se desnudaba delante suya.

El recuerdo de aquel acto sexual me sacó de mi ensimismamiento. El leño se había consumido así que cogí el atizador para poder revivir las pocas brasas que quedaban. La tormenta seguía fuera rugiendo y los cristales de aquel cuarto comenzaban a ceder. Dentro de poco estaría aquí dentro y esta vez no me libraría.

Recuerdo como después de todo eso yo seguía mirando por el ojal de la puerta y mi padres le dijo al cadáver.

-Todo fue por culpa de ese niño, tú no deberías haber muerto. Tu deberías de estar viva y el tendría que haber ido al infierno. Eres una zorra, eres una puta…me dejaste solo en esta maldita casa con una fortuna que no sabia en que gastar y ahora estoy en la ruina. Ahora no tengo nada. Todos los niños al nacer deberían morir. Tú has muerto por su culpa. Yo te amaba.

Dicho esto mi padre cogió un cuchillo y se dispuso a salir del cuarto. Entonces corrí y me escondí en las escaleras. Desde allí podía verlo sin que el me viera.

-Hijo ven anda tengo una cosa que contarte

Yo tenía miedo pero era mi padre, no iba a hacerme daño.

-Hijo ven con papa un momento anda-

Mi padre subía las escaleras desnudo con el cuchillo en la mano. Era mi padre así que seguí sus órdenes.

-Lo siento papá de verdad, rompí el cristal sin querer perdóname pero no me hagas daño. No hagas mas daño a mamá tampoco papá.

-Tranquilo hijo mamá está descansando. Tú hiciste que descansara para siempre. Ahora solo quiero que descanses con ella pequeño.- mi padre se acercaba a mi lentamente, cuchillo en mano mientras decía estas palabras.

Fuera, la tormenta comenzaba a taladrar la casa. Estábamos en le primer piso y ya las paredes palpitaban por la fuera de la lluvia.

Mi padre alzó el cuchillo delante de mí y los cristales de todas las ventanas estallaron. El agua de lluvia comenzó a entrar en la casa.  Mi padre gritaba, ya que la  mayoría de los cristales se le habían clavado en el cuerpo. Aproveché yo ese momento para correr y me agarré a la enredadera de una de las ventanas para bajar y salir de aquella casa. Tenía mucho miedo y estaba llorando. Las lágrimas me hacían ver menos y la altura era considerable. Descendía poco a poco. Pero la lluvia hacía que resbalara. Ya cerca del suelo me resbalé y caí. Me estrellé en un terreno fangoso. Mi padre estaba bajando por el mismo sitio. Su cuerpo desnudo se tornaba rojo debido a las heridas. El bajó mucho más rápido que yo y comenzó a seguirme.

Los dos corríamos por el fangoso suelo. Yo intentaba volver a la casa para poder cerrarla desde dentro y meterme en mi cuarto, allí estaría a salvo y mi padre me buscaba para hacerme daño.

Otro trueno rompió los cristales del salón. La tormenta se estaba abriendo hueco en la casa. Mis pensamientos se aparcaron a un lado. Tenia ya 70 años no podía ir por ahí andándome con niñerías. Debía salir de ese salón. Cogí el atizador y salí al pasillo. Todo estaba muy frió. Las ventanas estaban todas rotas. Al parecer mi castigo era inminente.

Corrí entonces por las frías escaleras tan rápido como mi edad me permitía y me encerré en mi alcoba. Cerré la puerta con pestillo. Era el único lugar de la casa que no tenía ventanas. La tormenta aquí no saciaría su sed de sangre. Me metí en mi cama y cerré el dosel.

Los recuerdos volvieron a mí. Mi padre a través del fango que le llegaba hasta la rodilla y yo huyendo hacia la casa manchado de ese cieno. Llegué por fin a la puerta y mi padre me cogió del pie justo antes de entrar. Había resbalado y estaba en el suelo. Luchando contra las corrientes de aquel fango. La lluvia corría por la cara de ambos y casi no podíamos ver nada.

-vas a morir enano. Vas a pagar por lo que le has hecho a mi vida.

Cuando ya estaba a punto de darme por vencido y sucumbir a mi padre la puerta de mi casa se abrió y de allí salio mi madre. Su cadáver desprendía una energía etérea que ponía la carne de gallina. Sus ojos sin vida se posaron en mi padre. Comenzó a caminar hacia el y cuando estuvo justo a su lado. Extendió una mano lo soltó de mi pie y se tiró encima suya para hundirlo en aquella mezcla. Lo único que pude ver a través de la espesa lluvia era como el cuerpo de mi padre se hundía en aquel cieno arrastrado por el cadáver de mi madre.

Ese fue el hecho que conmocionó mi vida, por lo menos el primero. Poco después de eso me enteré que uno de los criados de la casa le había copiado a mi padre la patente que estaba investigando y por eso su empresa fue a la quiebra. De aquí que despidiera a todo le mundo y se volviera loco. De ser uno de los hombres más influyentes pasó a ser escoria en un solo día. Tras la desaparición de mi padre viví con mis tíos. Cuando me hice mayor comencé a trabajar en una empresa de calzado como la que tenía el y cuando tuve dinero suficiente compré la antigua fábrica que estaba abandonada. La remodelé y saqué de ahí el negocio. Surgieron muchas nuevas patentes y me comenzó a llover el dinero. Compré de nuevo la mansión y me alojé allí..

Nunca me gustaron las noches de tormenta y siempre las pasaba refugiado en mi cuarto pero lo peor llegó cuando me casé. Mi mujer era preciosa y yo la quería con locura. Tuvo seis abortos. O eso fue lo que le hice creer a ella.

Esa noche a los diez años marcó mi vida, mi padre me odiaba por matar a mi madre. No podía permitir que eso pasara en mi familia. Así pues contraté a los mejores médicos, los cuales mataban al niño por medios que desconozco y mi mujer se veía obligada a abortar. Lo peor de todo fue que a los 6 abortos ya no tuvimos más descendencia. Mi mujer estaba tan triste que poco a poco su luz se fue apagando. Al final me quedé yo solo en aquella mansión cubierta de polvo y fuera cerca del bosque las 7 tumbas de mis seis niños y mi mujer.

Comprendí mi error poco después cuando las tumbas aparecían removidas y escuchaba llantos de niños por la casa en días de tormenta. Me había portado mal y la tormenta lo sabia, era cuestión de tiempo que llegara. Y ese día era hoy.

Sentado así en mi cama con dosel escuché unos pasos que se acercaban a mi alcoba. Andaban lentamente y con tacones, como los que tenía mi mujer. Ese ruido me era familiar porque ella tenía una manera especial de pisar. Siempre estuvo preciosa con esos tacones. Pero mi mujer llevaba 30 años muerta. Un rayo cayó sobre el la casa y la luz se fue en su totalidad.

La puerta de mi cuarto a pesar de los cerrojos que tenía puesto se abrió lentamente. Y un frió inquietante asoló mi alcoba. Yo estaba sentado de rodillas sobre mi cama. El dosel estaba echado completamente y esa presencia estaba ahí. Estaba mojada porque escuchaba las gotas de agua caer por el suelo. Sus tacones andaban en dirección a mi cama. Cada vez más cerca, tac-tac-tac. Cuando estaba junto a la tela del dosel esa cosa se paró. Escuchaba una respiración cercana a mí. La oscuridad me engullía y hacia un frió de espanto, casi antinatural. La respiración se alternaba con las rachas de viento que entraban del pasillo. Las gotas caían al suelo cerca de mi cama aquel ser estaba mojado.

Mis oídos se tornaron más receptivos y pude escuchar como el llanto de muchos niños se extendía por mi habitación. Eran ellos mis hijos muertos, a los que maté. Venían a vengarse de su padre. Una mano me tocó. Era pequeña y su caricia de ternura se volvió maléfica cuando me arañó.

Grite entonces y descorrí el dosel. Un relámpago iluminó la estancia y allí estaba el cuerpo de mi mujer, abotargado e hinchado. Las cavidades que tenía como escoriaciones a lo largo de la piel estaban cubiertas de cosas que se movían. Corrí entonces, debía escapar de aquel lugar. Bajé las infernales escaleras y abrí la puerta al exterior.

El paisaje era aterrador y lo recordaba con facilidad. La lluvia había convertido la tierra del suelo en un líquido fangoso. Había corrientes de ese rió que discurrían por todos lados. Al fondo podía ver el bosque, intacto sin ninguna tormenta esperándome. Debía alcanzarlo. Comencé a andar con la lluvia dándome en la cara. Mis pies se comenzaron a hundir hasta las rodillas pero yo no me cansaba de hacerlo. Recorrí el camino lentamente. Los rayos tomaban tierra cerca mía creando una corriente de chispas. Del fangoso elemento comenzaron a salir pequeñas criaturas a medio formar. Eran pequeños fetos de niños asesinados. Reían mientras me perseguían. Ya estaba cerca del final iba a conseguirlo. Los niños se me agarraban al pelo y a los hombros. Tiraban de mí hacia el fango. Me hundían. Tenía el pecho cubierto. La mitad de mi cuerpo era pasto de la tormenta. Seguía avanzado mientras ellos tiraban de mí. Me arañaban y me destrozaban la piel. Ansiaban que pagara por mis crímenes del pasado. La culpa nunca fue mía la tormenta vino a mi y me trastornó de tal manera que todo lo que hice fue por miedo.

Ya estaba a dos palmos. Me hundí hasta la nariz, debía sacar las manos. El viento rugía a mí alrededor y la lluvia me ahogaba. Me agarré a un tronco e hice toda la fuerza que pude. Conseguí así salir de ese fango y entrar en el bosque calido y seco.

Me volví hacia el terreno de tormenta, a solo un palmo de mí. Todo era caos los ríos de fango burbujeaban. Los niños justo delante de mí lloraban ahora en vez de reír. El viento mecía los árboles de mi finca. Y allí mi casa en medio de todo. Los tablones comenzaron a volar. La casa estaba siendo engullida por el cenagal. Poco a poco iba descendiendo. Se iba sumergiendo en aquella materia marrón.

Lo había conseguido. Escapé por fin de ella. Gracias, gracias a Dios. Juro no volver a hacer nada malo en lo que me queda de vida. Me sacudí un poco el fango que cubría mi cuerpo y me giré para caminar por el bosque.

Allí estaba ella. Mi mujer delante con su peste a cadáver. Sus fríos ojos me miraban. Me felicidad se torno en compresión. Nadie puede escapar de su destino.

Alargó el brazo y me empujó de nuevo al fango. Me resigné y caí. Así es como debía ser. Grite de ira mientras me hundía, llore mientras los niños volvían a reír y me comían poco a poco.

Todo empezó con una tormenta hace 60 años y con una tormenta debía acabar. Lo último que vi antes de ser engullido totalmente fue la lluvia caer sobre un terreno ahora maldito y como mi mujer sonreía desde lo más alto mientras mi vista se oscurecía por el fango.

Temo a las tormentas.

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2 pensamientos en “Temo a las tormentas

  1. Deh

    Está genial la historia, seguro que el que vino buscando una historia de miedo de tormentas queda más que satisfecho xD A ver si luego tengo un rato y te corrijo la ortografía y eso, aunque está bastante bien, la verdad.

    Responder
  2. Señor Goodkat Autor de la entrada

    Muchas gracias David, la historia se me ocurrio rapidamente como siempre me pasa pero la ortografia tuve que mirar el escrito lo menos 4 veces xD Me alegra que te guste ^^

    Responder

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