Historia de cangrejos de terror II

Bueno para los que le gustaron os dejo aqui la segunda parte de mi homenaje al cine de serie B y Z ochentero y sesentero.

Seguidad las andanzas del misterio de la isla de Itica. Parece ser que pasa algo extraño en el agua y la gente desaparece.

PINZAS, EL ATAQUE DE LOS CANGREJOS ASESINOS

2

Llevo ya cuatro horas de carreteras nacionales y perdidas de la mano de Dios. No voy a llegar a tiempo para abrir las playas este año. Es la primera vez que me toca avalar las playas de esta parte de California. Normalmente me toca la parte de Miami, así que el viaje se me ha hecho especialmente largo; llevo varios días viajando para llegar hasta aquí, pero el Instituto Nacional de Biología y Saneamiento (IBS) se ha empeñado en mandarme hasta este lugar. Al parecer el antiguo biólogo de esta zona se jubiló el año pasado y ahora reside en Itica. Que ya lo podría haber hecho él este año y mandarnos los resultados, pero la jubilación es la jubilación, así que llevo recorrida toda su zona. Ya sólo me queda la población de Itica, pero llego con una semana de antelación, así que estupendo, así podre hacer los estudios tranquilamente y avalar o no la apertura de las playas para este año.

La verdad es que el clima que hace por aquí es demasiado árido, parece todo desértico. La gente debería bañarse por el bien de su salud y de su sistema de compensación de la energía calorífica.

Pongo la radio y están retrasmitiendo el éxito del momento, Surfin’ USA. Qué gran canción, mira que lleva poco tiempo en antena, pero cuanto más la escucho, más ganas de playa me da.

Dios, del capó del coche comienza a salir humo y pierdo el control. Lo dirijo como puedo a la cuneta. Menos mal que la carretera está desierta.

Vaya faena, el coche no arranca y el motor parece que está muerto. Ya decía yo que era mucho viaje para un coche tan viejo como éste. Tendré que andar para buscar ayuda. Parece que a lo lejos hay una pequeña granja abandonada. No puedo más que caminar hasta ella. Por Dios, comienza a hacer bastante calor.

He tardado media hora, pero ya estoy delante de la granja. Parece abandonada, aunque el porche frontal está bastante limpio. Alguien debe de vivir ahí. Sin pensármelo dos veces llamo a la puerta. Una vez, dos veces, tres. Nada, nadie me abre. Intento buscar la puerta trasera. Recorro la ardua granja. Los animales en las cuadras pifian y rebuznan al oír mis pasos por el solitario corral. Llego al porche trasero: la puerta está abierta. Entro de inmediato en lo que parece la cocina. Está bastante limpia, pero hay una pila de platos sin fregar sobre el lavabo. Las moscas se amontonan sobre la comida fría y los restos de lo que antes fueron carnes y pescados.

–¿Hola? –nada–. Perdonen, acabo de entrar en su casa, el motor de mi coche ha explosionado y necesito un teléfono.

La casa parecía vacía, así que busqué el teléfono de la cocina y llamé al seguro del pueblo. Me dijeron que traerían el remolque y me llevarían al pueblo.

Salí de aquel lugar para dirigirme a mi coche, y entonces escuché un gran golpe. Como si alguien se hubiera caído al agua.

Me dirigí al sitio de donde provenía aquel ruido. Era detrás de la granja y detrás de los corrales y las cuadras: había un pequeño estanque de tal vez 100 metros por 50 metros de ancho. Estaba cubierto de hormigón por sus 4 lados para impedir que el terreno lo cegara. Parecía una piscina de agua verde, pero tenía arriba hojas y maleza. Era un estanque. De su lado más norte tenía una compuerta enrejada por donde se filtraba el agua que venía desde algún río. De su lado más sur ocurría lo mismo, pero la valla de ese lado estaba abierta al cauce del río y formaba un riachuelo de no tan pequeña envergadura que iba hacia el pueblo, supongo, ya que seguía el camino que yo debía coger. Lo más raro de todo es que sobre el agua había una reja de metal. Debería hablar con el alcalde del pueblo sobre esto. Esta agua no es potable y posiblemente esto sea una desaladora o algo por el estilo bastante rudimentaria. Sea lo que sea, esta agua se dirige al pueblo y puede causar una pequeña pandemia de gastroenteritis y no debo permitirlo.

Sin decir nada más volví hacia mi coche y esperé a la grúa escuchando otro éxito del momento: Johnny B. Goode.

Anuncios

3 pensamientos en “Historia de cangrejos de terror II

  1. Señor Goodkat Autor de la entrada

    Jajaja ya se te ve la foto vicente^^. Os gusta entonces? jajajaja inspirado en tiburon y piraña total jajaja xD Me llena de orgullo jaja

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s